Barrio Adentro, y una reforma de salud que no cuaja

En la aldea global se sabe muy bien que los ricos y poderosos se acumulan en el norte y hacia el sur quedamos los pobres de esta tierra; pero hay realidades que ponen al mundo de pie y exponen dónde está la verdadera riqueza y dónde habitan las mezquindades...

Autor:

Juana Carrasco Martín

GUÁRICO, Venezuela.—Los remito a dos trabajos periodísticos para una comparación necesaria. Uno fue publicado por el diario londinense The Independent sobre un acontecimiento inédito en Estados Unidos: la atención que el Servicio Nacional de Salud Británico ofreció durante una semana en Los Angeles Forum, en el distrito Inglewood, a muy escasos kilómetros de las luces rutilantes de Hollywood; el otro es un reportaje televisivo del equipo de producción de Patria Grande, de Venezuela. Ambos con el mismo tema: los servicios médicos gratuitos.

Por supuesto, también podemos llevarlos hasta lo que vimos, palpamos y escuchamos en el Centro de Diagnóstico Integral de este estado llanero de Guárico, donde médicos y especialistas cubanos de la salud de la Misión Barrio Adentro, junto a personal venezolano que incluye a estudiantes de Medicina en sus prácticas, previenen, cuidan, atienden los dolores del cuerpo y llenan de esperanza las almas.

«La brutal verdad sobre los cuidados de salud en Estados Unidos», se titulaba el reportaje del pasado 15 de agosto, que describió cómo miles de norteamericanos, enterados de que recibirían atención médica sin costo alguno, formaron una larga fila que serpenteaba alrededor de la arena que hasta ese momento solo había sido escenario de grandes conciertos y eventos deportivos. Muchos caminaron millas para tomarse la presión, algunos durmieron en sus carros para poder hacerse una mamografía, y otros llevaron a sus hijos para ser inmunizados contra enfermedades que pudieran costarles la vida.

El periodista británico sacó la cuenta a los precios de la medicina en Estados Unidos: en los dos primeros días, más de 1 500 hombres, mujeres y niños recibieron tratamiento por 503 000 dólares, 30 dentistas sacaron 471 piezas bucales, 320 personas recibieron espejuelos, se hicieron 80 mamografías, docenas acudieron a la acupuntura o vieron a especialistas en enfermedades renales. Cuando concluyó esa semana «mágica» se habían atendido casi 10 000 pacientes a un costo de dos millones de dólares.

En EE.UU. hay 50 millones de personas que carecen de seguro médico. Su presidente, Barack Obama, prometió darles alivio con una reforma del sistema de salud para que todos tuvieran derecho a la asistencia, pero el proyecto de ley está empantanado en el Congreso, donde muchos legisladores impiden su aprobación menospreciando a los desfavorecidos y en complicidad con los intereses de un negocio multimillonario que cabildea, reparte dinero, hace campañas publicitarias e impone influencias para decirle «no».

Amores de Barrio Adentro

Entretanto, por las pantallas de los televisores venezolanos pasó en estos días un reportaje sobre los consultorios médicos de la Misión Barrio Adentro en los cerros de Caracas, las zonas más humildes de esta capital, y los datos eran precisos: 200 000 vidas salvadas allí por una atención que crece por toda Venezuela, y se amplía en los Centros de Diagnóstico Integral (CDI), las policlínicas que proliferan en distritos y parroquias.

En el año 2000 había 20 médicos por cada mil habitantes; en 2008 se duplicaron o más: 59,3 médicos por esa proporción.

Este solo índice, mostrado a continuación por el trabajo periodístico, es demostrativo de que su título, «Amores de Barrio Adentro», está más que justificado: en 1998, cuando el presidente Hugo Chávez Frías abrió paso a la Revolución bolivariana, la mortalidad infantil era de 21,4 por mil nacidos vivos, en 2008 ya había bajado a 13,7 por mil, resultado tangible de una transformación raigal.

Si alguien quiere pensar que esto es pura «propaganda roja, rojita», que haga como Santo Tomás, que lo vea con sus propios ojos y meta las manos en la llaga. Compruébelo. Y eso hicimos, aun sin tener dudas. Guárico, el estado corazón del Llano venezolano, se nos abrió amoroso a la pesquisa.

Hay alegría en esa música llanera que galopa y escuchamos en la radio local: Canta Guárico, por la 91.3 de la FM, la que nos va acompañando en los vehículos 4x4 que conducen con destreza Christian y Enrique por la carretera estrecha, serpenteante bajo la tupida copa de un bosque tropical que apenas deja pasar los rayos de luz solar, y parece que nos abraza o roza los costados con su vegetación espesa, si vamos bordeando el río Guárico o el Tiznados, en áreas de lomerío; pero que deja espacio abierto a pastizales o cultivos, en el llano.

Así llegamos una tarde al CDI José Gregorio Hernández, donde nos recibe la doctora Daliana Saceiro, coordinadora en el municipio de Ortiz, donde laboran 68 colaboradores de todas las misiones.

Hoy indagamos por la Misión Barrio Adentro y la explicación llega rauda sobre los 42 médicos y especialistas de la salud que la integran aquí, en los seis consultorios —cuatro urbanos y dos rurales—, y en el CID, que ya vamos recorriendo: quirófano, que incluye la Operación Milagro que devuelve la vista y donde prestan servicio a todo el Guárico otros 15 cubanos; sala de rehabilitación, laboratorios, terapia...

Y esta presencia médica de la Isla hermana del Caribe es muy especial en esta ciudad de gente joven. Solo basta conocer la historia de Ortiz para comprenderlo: a inicios del siglo pasado era la capital de Guárico, pero sufrió una epidemia de paludismo que diezmó su población de forma tal que solo quedaron vivos 50 vecinos. Los cementerios no dieron abasto, las casas quedaron vacías, sus puertas, abiertas a una emigración obligada de los sobrevivientes hacia los poblados de Calabozo y Tiznados. El gran novelista venezolano Miguel Otero Silva escribió su Casas Muertas por este nefasto suceso. Luego, fueron llegando chinos, portugueses, yugoslavos, rusos y alemanes a este lugar, del que se dice que es «un pueblo de paso».

Hoy, hay otra esperanza en Ortiz. El CDI atiende a 19 972 habitantes de sus cuatro parroquias, y le apoyan la Alcaldía, las misiones bolivarianas, el Frente Francisco de Miranda y una población agradecida, que mira cómo también se forman sus propios médicos, los nacidos en esa tierra de mujeres y hombres nobles: 25 de los muchachos y muchachas del municipio se graduarán dentro de dos años...

«Qué sería de nosotros si los médicos cubanos no estuvieran aquí», nos dice desde su cama en terapia, la anciana que se recupera de un grave ataque de asma. Esta frase simple, de una mujer humilde, encierra todo el sentimiento de un pueblo donde crece la confianza.

Gilberto y Juan

La historia se repetiría al día siguiente en el mayor centro urbano del Guárico y su actual capital, San Juan de los Morros, donde una joven pinera de nacimiento y que hasta el 2007, en que arribó a Venezuela, trabajaba en un consultorio de la familia en el habanero poblado de Cojímar, la doctora Liusma Soto Pérez, fue nuestra anfitriona. Habíamos llegado al CDI Tulio Pineda, área de salud para 68 824 pacientes, que sirve como unidad docente a 72 jóvenes venezolanos.

Gilberto Peraza lleva sus 41 años en silla de ruedas producto de un accidente que le ha dañado la médula; sin embargo, no pierde las esperanzas y confía en el doctor cienfueguero Diego Blanco Manso y los otros fisioterapeutas cubanos que le atienden desde apenas hace un mes. Y no es remiso en dar criterios de alabanza sobre ellos: «Magnífico trato, amoroso, cariñoso, no tiene límite, muy bueno, muy bueno profesionalmente», recalca.

Y explica a los periodistas las bondades de las misiones que creara su presidente Hugo Chávez: «Antes no teníamos la Universidad a la puerta de la casa, iban solo los hijos de papá y de mamá; ahora tienes la oportunidad de estudiar, de ser mejor persona. Antes no podías ir a un hospital y ahora llegas a un CDI y te atienden, te dan consulta, no tienes ni que pagar los remedios. Los que dicen que la medicina cubana no sirve —aprieta la boca para no decir una palabrota que casi se le va y concluye— es porque están en contra de nuestra Revolución bolivariana».

Mientras, Juan Torrealba ayuda con un bastón a sus piernas de andar durante 77 años por esta vida. Además de llegarse al CDI para recibir—al igual que Gilberto, Segundo y Oscar, que en ese momento hacen ejercicios o reciben el masaje reconfortante—, su tratamiento en la sala de rehabilitación que lo «ha mejorado en un 85 por ciento», hoy tiene otro objetivo muy especial, ver a Katia, hacerle compañía, conversar un poco con ella. Ella escucha bajo un mosquitero protector en una de las camas de este Centro de Diagnóstico Integral, mientras se determina si algún Aedes aegypti hizo de las suyas.

Katia es la doctora de Juan; los médicos también se enferman, pero lo que sí goza de muy buena salud es esta amistad de mutua solidaridad entre el anciano guariqueño y la joven cubana. Los dejamos en su coloquio de ternura. Katia indaga por la salud de Juan y este le dice: «cuídese mucho y vuelva pronto al consultorio, la necesitamos».

Así marchan los amores de Barrio Adentro en Guárico, tierra de aguas y llaneros que ahora canta con razón.

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