La maestra universal y cuatro misioneros

Un encuentro muy especial resultó el Primer Congreso de Alfabetización y Educación Primaria Misión Robinson, celebrado en Venezuela. Fue un Congreso con amor y abnegación a lomo de lápices y libretas, mostrando que no hay fronteras entre los pueblos cuando levanta el Alba...

Autor:

Juana Carrasco Martín

MARACAY, Venezuela.— Cuando Joglis Parra subió al escenario de la Cinemateca de Aragua no necesitaba presentación, un aplauso vigoroso le otorgaba el cariño y el reconocimiento de quienes se consideran ya sus maestros y condiscípulos, aunque no fueran los de su propia aula.

Lo habían conocido a través de un documental que exponía su experiencia en las grandes pantallas del Coliseo El Limón, donde unos pocos miles asistían al acto de graduación de sexto grado y de alfabetización, representando a los 82 787 venezolanos que alcanzaban esos niveles, en la cuarta hornada desde que la enseñanza se hiciera para todos.

Sin embargo, el joven ya había pasado esas etapas de la Misión Robinson, pues su incorporación se inició en el primigenio 2003 y ya tiene vencido el bachillerato de la Misión Ribas y transita a la aldea universitaria de la Misión Sucre.

Nada extraordinario para un hombre de 27 años, pensarán quienes no conocen las circunstancias en que se desenvuelve: tiene totalmente paralizados sus brazos, por tanto, aprendió a escribir, continúa los estudios, y trabaja, enfrentando y resolviendo los detalles de su vida cotidiana, utilizando sus pies.

El aragüeño de voluntad de acero cantaba con una potente y bonita voz para los participantes del Primer Congreso de Alfabetización y Educación Primaria Misión Robinson, y volvía conmovernos al interpretar una obra de su inspiración, La maestra universal, coreada con entusiasmo por un auditorio que admitía como criterio y sentimiento propio el título otorgado por Joglis a Cuba: la maestra universal, la que reparte a sus hijos, maestros-misioneros, como los llamara José Martí, para multiplicar un pan imprescindible a la dignidad humana.

Nos lo había dicho el día del acto de graduación, y lo repetía ahora: «Fidel pateó el balón y entre todos hemos hecho el gol, es el mejor pase del mundo...».

Este mensaje de agradecimiento y amor, lo transmite tres veces a la semana en una emisora aragüeña, en su noticiero sobre las Misiones Educativas. Joglis Parra es así un misionero para siempre.

Y es que estos se han hecho plurinacionales. Al quehacer cubano le salieron seguidores en Venezuela: los brigadistas internacionales acudieron a Bolivia, andan ya por Nicaragua, y se disponen a partir incluso a tierras africanas. Así lo anunció la profesora Ana Suárez.

Una mujer y una fundación

Modesta, sincera, sencilla y jovial es esta socióloga con más de 30 años en el ejercicio del magisterio, iniciado en una escuelita primaria de Maca, parroquia de Petare, en uno de los cerros humildes y de trabajo que circundan a Caracas. Ana Suárez tiene como tarea ser la presidenta de la Fundación Samuel Robinson.

«Iniciamos con nuestro propio hacer y hasta 2003 apenas habíamos alfabetizado a 51 000 compatriotas. Cuando nuestro Comandante Chávez le dijo al Comandante Fidel “necesito un método”, y llegó Yo, sí puedo: logramos un millón en seis meses».

La matemática es exacta: hoy son 1 678 671 los patriotas que con su esfuerzo declararon a Venezuela Territorio Libre de Analfabetismo y no son pocos los que transitan hacia el sexto grado. Para 2012, quieren completar esa meta del Milenio de la ONU, y seguir escalando peldaños de conocimientos. Ahora, satisfecha de los resultados de un Congreso que tendrá segunda versión de aquí a dos años, la profesora Ana hilvana la historia:

«Esta colaboración entre Cuba y Venezuela no solo nos mandó el método, sino también ese recurso humano que está por toda nuestra patria, por todos nuestros rincones, y que agradecemos con el corazón. Con ese conocimiento que adquirimos con la cooperación cubana, un grupo de jóvenes, fundamentalmente del Frente Francisco de Miranda, nos fuimos para el pueblo de Bolivia en el 2006. En 2008, cuando Bolivia también se declaró libre de analfabetismo, regresamos diciéndole al pueblo de Venezuela “Misión cumplida”».

El sueño de un boliviano

«Desde el 20 de diciembre de 2008, Bolivia ha sido declarada Territorio Libre de Analfabetismo, como tercer país en Latinoamérica después de Cuba y Venezuela. Esto, por la voluntad política del gobierno de Evo Morales —un presidente salido de las entrañas del pueblo—, y además, con la cooperación permanente de los pueblos de Cuba y de Venezuela».

Con el hablar pausado, pero no exento de la pasión que caracteriza a ese pueblo andino, Benito Ayma Rojas, director general de Post-Alfabetización del Ministerio de Educación de Bolivia, explica el proceso de masificar, democratizar y convertir verdaderamente en un derecho humano la escolarización en su país.

Pastor de llamas en su infancia, nacido en un punto recóndito de la geografía boliviana, Untabi, sabe muy bien cuánto los hombres y mujeres de su pueblo añoran hacer realidad lo que para él también parecía inalcanzable.

El Benito niño, ansioso de saber algo más que leer y escribir su nombre y las pocas letras de un tercer grado, buscó afanoso ese tesoro, y no vaciló en recorrer a diario 110 kilómetros en bicicleta hasta la escuela más cercana.

«Hoy, gracias a un gobierno del pueblo —nos dice con orgullo nada disimulado—, hemos instalado 30 000 puntos de alfabetización que cubren los nueve departamentos, las 112 provincias, los 327 municipios de mi país. La educación más bien nos está buscando en nuestras comunidades, en nuestros ranchos, en los últimos rincones». Y se siente honrado de que el presidente Evo le encargara la tarea...

Su relato no puede obviar a «los 18 compañeros de la asesoría venezolana, los brigadistas internacionales que bajo la dirección de Lilia Oropesa, desarrollaron un trabajo dinámico. Valoramos su trabajo, al igual que el de nuestros 130 hermanos cubanos que nos han acompañado durante casi 34 meses de la campaña de alfabetización, y gracias a la cual más de 800 000 de mis compatriotas aprendieron a leer y a escribir.

«Más del 70 por ciento eran mujeres —aclara—, demostrando que nuestras compañeras eran todavía más excluidas en mi país, donde la educación solo había llegado a la cúpula privilegiada, a las grandes ciudades».

Benito conoce por su nombre a cada uno de los brigadistas internacionales. Reconoce y saluda con alegría a los que están ahora en Aragua, acompañándolo en las mesas de trabajo del Primer Congreso de Alfabetización y Enseñanza Primaria Misión Robinson; también indaga por dónde andan algunos de los asesores cubanos, y los sabe por Nicaragua o Haití, donde se alfabetiza en creole, tal y como en Bolivia se hizo también en aymara, quechua, guaraní, hasta llegar a cinco de las 36 culturas que dan vida a la nueva nación plural que ha despertado.

Benito Aymara Rojas es uno de los felices encargados en dar los campanazos en esa historia sin retorno...

De la madre universal

Ana Suárez recordó cuando Fidel dijo que Cuba no tenía petróleo, ni oro, ni hierro para exportar, pero tenía como recurso más rico su capital humano, «y eso es cierto y anda por todo el mundo y quiero hacer ese reconocimiento. Gracias Mercedes (Mercedes Escuredo, coordinadora nacional de la asesoría cubana en las Misiones Educativas en Venezuela); gracias, Viceministro por el apoyo. Esto es el ALBA».

Rolando Forneiro, viceministro cubano de Educación, comparte su aseveración y estas jornadas «desde la emocionante graduación, los debates y ponencias de calidad, y esta jornada final cargada también de emociones».

De él, un mensaje que es de cada uno de los 441 colaboradores cubanos en las Misiones Robinson, Ribas y Sucre:

«Qué ha hecho Cuba, solo cumplir con un elemental deber de solidaridad e internacionalismo, educados como estamos en la máxima martiana de “Ser cultos para ser libres”, y en la de Fidel “No hay Revolución sin educación”. La experiencia nos ha aportado un método, y simplemente hemos compartido esa experiencia.

Pero Cuba piensa en los 774 millones de analfabetos repartidos en el planeta, para los que bastaría con cuatro días de gastos militares, dedicados a la erradicación de la ignorancia. Mientras llega el reino de la razón, la Isla hace su parte de construcción de un mundo mejor: trabaja en 28 países.

«Juntos podemos», enfatizó el Viceministro cubano. «Meteremos el gol de la maestra universal», diría Joglis Parra.

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