Chávez y las encuestas, cada día más saludables

Últimos sondeos indican que casi el 70 por ciento de los venezolanos califica de «muy bueno» el desempeño de Chávez, y alrededor del 60 por ciento de sus connacionales le darían su voto para un nuevo sexenio presidencial

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— Excelentes noticias para unos —las mayorías—; malas para otros —la derecha local e internacional—: las encuestas siguen mostrando la buena vibra del presidente Hugo Chávez Frías entre sus connacionales.

GIS-XXI, una de las casas locales dedicadas al negocio de los sondeos, informó que el 66 por ciento de los venezolanos califica de «muy bueno» el desempeño ejecutivo del líder revolucionario en el último año.

Las estadísticas de la empresa también indican que si la elección se realizara por estos días, el 57 por ciento de los votantes optaría por el actual Jefe de Estado —más o menos dos o tres puntos de error.

Apenas el 21 por ciento lo haría a favor del candidato de la ultraderecha, Henrique Capriles Radonski.

El 1ro. de junio, cuando empezó el procedimiento burocrático para el «fichaje» de quienes disputarán la contienda por el sillón presidencial —proceso que concluye el próximo lunes 11 de junio—, además de los dos principales contendientes, otros cinco ciudadanos decidieron lanzarse al ruedo.

Este último grupo conforma un quinteto de figuras más o menos conocidas. Habrá que esperar si cubren todos los trámites dictados por el Consejo Nacional Electoral para tener vía libre en la contienda. Empero, ninguno puntea en los sondeos.

Números, números son

Las estadísticas están más que claras. Pero no son brújula que embruja —al menos para Chávez. Son verdades que prevalen. Indican que el chavismo se fortalece, tanto a nivel regional como entre los más diferentes estratos sociales.

Y por los mismos estudios de GIS-XXI, anda la mayoría de la competencia, como es el caso de la encuestadora IVAD.

Según esta, la intención de votos a favor del presidente está casi en 55 por ciento. Mientras, el delfín de la oligarquía apenas rebasa el 26 por ciento —más menos los márgenes de error que siempre contienen estos estudios sociales.

Esta casa de sondeos también reveló que «la confianza hacia el jefe de Estado se ubicó en 64,5 por ciento», y la «valoración positiva de su gestión, en 75,7 por ciento».

Más aún: el apoyo a su reelección llega a «60,3 por ciento».

Verdades, brújula son

Las encuestas van. Vienen. Gozo para unos; iracundia para pocos. Chávez de seguro le hace sus guiños. Y arma más de una broma. Mas al menos públicamente no demuestra entusiasmo.

Los sondeos tienen un riesgo: el triunfalismo. El mismo Chávez reiteradamente lo alerta. Y su equipo de campaña —evidentemente ordenado por él— remacha sobre el mismo dicho.

Y no es porque ahora los bolivarianos empiecen a darse escofina en el ombligo. Ni siquiera porque mengüe la militancia. Las elecciones presidenciales del 7 de octubre en Venezuela son estructurales. Rebasan el marco simple del «juego democrático burgués». No obstante, hay un peligro, en mi criterio: la abstención —«a juego ganado, no se va al estadio, se disfruta desde el televisor»—, pudieran decir algunos.

El abstencionismo ha provocado aquí más de un retraso y alguna que otra pérdida no necesaria. Creo que eso es lo que más preocupa a Chávez. Y lo ha dicho más de una vez: «Ese día no se elige un nombre; se decide un modelo».

El líder revolucionario no se anda con medias tintas. Es lo acostumbrado en él. Y siempre busca virar el muñeco: poner la cabeza sobre los pies.

El 7 de octubre se elige: o la vuelta al capitalismo sumiso y salvaje —que en nuestras tierras es neocoloniaje. O los pueblos se enrumban por un nuevo modelo.

No importa cómo este se llame. Socialismo del siglo XXI, dicen unos. Socialismo bolivariano, digo yo.

Testimonio de fe

Desde que llegó de Cuba, tras un tratamiento de radioterapia, se le ve poco públicamente. Mucho se especula sobre su enfermedad. Y poco se sabe. Y así ha de ser.

La enfermedad de un hombre nunca debe ser espectáculo público. No importa la jerarquía que ostente.

Mas en los últimos días se le ha visto como lo que es. Tipo heroico. En alguna hora de esta semana, o al inicio de la otra (siempre antes del lunes 11 de junio, cierre del plazo de postulación para las presidenciales), el mandatario ha de presentarse ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) para hacer firme su candidatura para las elecciones del 7 de octubre.

Al parecer, Chávez ha dedicado las últimas jornadas a lo que en mi criterio será la plataforma programática de la Revolución Bolivariana en el próximo sexenio: el Programa de gobierno 2013–2019, y mucho más allá.

El día en que presente su postulación, el líder revolucionario dejará en el CNE este documento.

Para el transeúnte cotidiano, será el plan de gobierno de nuevo mandato; para periodistas dados a la necrofilia: el tes-tamento político de Hugo Chávez. Para los revolucionarios del mundo, un documento al que deberemos dedicar horas de estudio.

Este lunes, Chávez indicaba que el «primer objetivo del programa de gobierno —“que debe ser alcanzado antes de ser puesto en marcha”— se trata de la toma del poder, asegurar la victoria del 7 de octubre». El segundo, «neutralizar las acciones subversivas del adversario» tras la revolución.

Uno y otro son acápites tácticos. Al final de todo, y me apropio libremente de las palabras del estadista: el programa de gobierno 2013-2019 se inscribe dentro de una visión de futuro. «Este es un gran proyecto histórico que llegó para quedarse y nosotros nos encargaremos de que así sea», dijo.

Siempre, plural y singular.

Y, al parecer, Chávez y las encuestas cada día se empeñan en mostrarse más saludables.

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