Cuando el dinero fluye libre de Washington a Siria

El Grupo de Apoyo a Siria ya puede «legalmente» recaudar dinero de quien sea, y pasarlo directamente a la insurgencia armada del país árabe

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

Llamaron «rara» a la licencia que la Oficina de Control de Acciones Extranjeras (OFAC), del Departamento del Tesoro estadounidense, acaba de darle a la que presentan como una organización nonprofit, es decir no gananciosa: el Grupo de Apoyo a Siria, que ya puede «legalmente» recaudar dinero de quien sea, y pasarlo directamente a la insurgencia armada del país árabe.

Se trata de incrementar la presión armada sobre una nación sometida a una guerra sangrienta desde hace 17 meses, con el objetivo de doblegarla derrocando a su presidente Bashar al-Assad, a quien quieren reemplazar a toda costa.

Son tan cínicos que para la guerra mediática afirman que hasta ahora la asistencia estadounidense se había limitado a programas «humanitarios y educacionales». A no ser que por educacionales entiendan la instrucción y preparación de las bandas, en cuyas filas tienen desde hace rato a los hombres de la CIA, y a mercenarios organizados y entrenados por los guerreros en la sombra.

Así que nada de «rara» tiene la medida que acelerará las acciones en la hasta ahora infructuosa operación de intervención y despojo. Están desesperados porque la firmeza del enfrentamiento militar sirio no ha permitido el avance y toma de Damasco, primero, y tampoco hay éxito por el momento en Alepo.

Y aunque siguen afirmando de dientes para afuera que no quieren una intervención militar directa en Siria —lo que nos les convendría cuando todavía arrastran Iraq y Afganistán, más otras guerras no reconocidas en la región africana—, no hay nada nuevo en esa tubería de plata que de seguro se abrirá para el Syrian Support Group, por lo cual ya está celebrando Brian Sayers, un norteamericano que fue oficial político de la OTAN y actúa en Washington como lobbysta de esa organización sombrilla para financiar la guerra.

En mayo, el diario The Washington Post publicaba que los rebeldes «habían comenzado a recibir significativamente más y mejores armas en las semanas recientes, un esfuerzo pagado por las naciones del Golfo Pérsico y coordinado en parte por Estados Unidos».

Y para garantizar que los grupos terroristas sirios en la frontera con Turquía, que operan desde bien temprano en 2011, recibieran la logística bélica, los maestros de la guerra sucia y el espionaje, es decir la CIA, garantizaba que les llegara el armamento, lo que era ratificado en junio por un trabajo publicado en The New York Times.

«Las armas, incluidos fusiles automáticos, granadas de propulsión, municiones y algunas armas antitanque, están siendo canalizadas mayormente a través de la frontera turca mediante una oscura red de intermediarios que incluyen la Hermandad Musulmana Siria y es pagada por Turquía, Arabia Saudita y Qatar», decía la periodista Karen Young en el diario.

Sobre este tema, el portal web antiwar.com citaba a Joshua Landis, director del Centro de Estudios del Medio Oriente de la Universidad de Oklahoma, un experto sobre Siria, al decir de la publicación digital, quien había escrito en Foreign Policy: «Seamos claros: Washington está impulsando un cambio de régimen en Siria mediante una guerra civil. Estados Unidos, Europa y los estados del Golfo quieren un cambio de régimen, de forma que están hambreando al régimen de Damasco y alimentando a la oposición».

Ese es el interés de los poderosos de este mundo, que tienen además un objetivo más preciso estratégicamente hablando: sacar a Siria del camino hacia Teherán, punto focal en su mirilla.

Sépase que del 1ro. al 3 de junio de este 2012, el poderoso y omnipresente Grupo Bilderberg se reunió en Chantilly, Virginia, y junto con los más poderosos banqueros, corporaciones y políticos —como Goldman Sachs, Deutsche Bank, Citigroup, Shell, BP, Siemens, Dow Chemical, Kissinger, Rockeller y senadores estadounidenses y políticos de Holanda y Austria, entre otros— estaba Bassma Kodami, miembro del buró ejecutivo y jefe de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional Sirio, el grupo que encabeza la oposición contra Bashar al-Assad.

Así que no será poco el dinero que ahora puede ser canalizado «legalmente» por obra y gracia del presidente Barack Obama, al levantar un veto que tampoco tenía mucho efecto práctico en la realidad.

El escenario sirio se sigue armando con prontitud; la CIA tiene mucho más por hacer y Estados Unidos, con esta liberación de donantes, busca compartir los gastos, habida cuenta de que cada tres meses se gasta en Afganistán 12 000 millones de dólares y para Iraq —en 2010— destinaba 5 500 millones cada mes.

Obama sirve la mesa para que entre todos paguen el cubierto y la comida les llegue a los grupos que considera más aptos para la sucesión.

 

 

 

 

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