Rotos por el odio

Las imágenes de lo ocurrido en la Universidad Central de Venezuela son tan crudas y estremecedoras que provocan la pregunta: ¿hasta qué punto pueden llegar los seres humanos cuando le inyectan odio día a día?

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS, Venezuela.— Las imágenes fueron tan crudas y estremecedoras que todavía revolotean en la conciencia y provocan la pregunta: ¿hasta qué punto pueden llegar los seres humanos cuando le inyectan odio día a día?

William Muñoz, estudiante de Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV), sobrevivió milagrosamente y narró parte de la historia: el jueves 3 de abril más de 40 encapuchados lo golpearon hasta romperle las costillas, fracturarle triplemente el tabique y partirle la cabeza. Tuvo que ser operado.

«Me querían matar, intentaron echarme gasolina para quemarme, me dieron golpes y con tubos en la cara. Algunos estudiantes, dos o tres de ellos, me intentaron defender pero los demás, con máscaras de Anonymous, me seguían golpeando», relató.

Y agregó que, como si fuera poco, a la ambulancia de bomberos que fue a rescatarlo para trasladarlo a un centro médico «le echaron gasolina para rociarla y quemarnos dentro. Algunos eran estudiantes de la escuela de Estudios Políticos de la Universidad Central».

El «delito» de Muñoz es estar en contra de las llamadas guarimbas y apoyar el proceso bolivariano, un pecado demasiado mayúsculo para unos jóvenes opositores tan «tolerantes».

Pero la historia de él, relatada en la televisión estatal, es solo un fragmento del episodio que se vivió ese día en la UCV. Un grupo mayor de encapuchados asedió durante tres horas y media a 16 alumnos que estaban en la Escuela de Trabajo Social, perteneciente al alto centro de estudios.

Los de caras ocultas capturaron rehenes, ofendieron, lanzaron piedras y bombas molotov, quemaron. Sus gritos revelaban todo: «Vamos a quemar a los chavistas. No los vamos a dejar vivir, a ninguno». Si no lo hicieron fue por la contención de la Guardia Nacional.

Muñoz, desafortunadamente, no pudo resguardarse y quedó indefenso, sufriendo los golpes de una represión brutal en grado superlativo.

Alejandro Padrón, estudiante de Sociología, contó en tiempo real en la red social Twitter, mientras vivía los acontecimientos refugiado de los atacantes: «Secuestraron y atacaron con cabillas y golpes a dos camaradas en el Arco de la Puerta Tamanaco. No lograron entrar a resguardarse. Hay mujeres en su mayoría en la Escuela de Trabajo Social en el grupo que quedamos encerrados! ¡Son asmáticas! ¡Lanzan bombas adentro!».

Ya el presidente, Nicolás Maduro, ordenó una investigación exhaustiva sobre los sucesos, como también lo hizo la Fiscalía.

Pero olfateo, como miles, que esta historia y las averiguaciones posteriores no serán publicadas en CNN, en ABC, en El Nacional... en los grandes medios. Sospecho que los «analistas» se concentrarán en valorar las consecuencias de la «dictadura» impuesta en Venezuela después de 19 elecciones desde 1998, en emitir versiones de otros testigos de los acontecimientos y hasta en entrevistar a los que se encapucharon sin decir que andaban con las máscaras.

El temor mayor es que acontecimientos similares sigan pasando en este país y un grupo pequeño pero extremadamente poderoso los sigan justificando y hasta glorificando. Lo peor estriba en que sigan sucediendo estas cosas sin que algunos tomen conciencia de que han sido envenenados, contaminados, presos, menguados y rotos por el odio.

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