China reduce su contaminación atmosférica

La contaminación atmosférica en China se ha reducido en los últimos seis meses, según un estudio de Greenpeace

Autor:

Juventud Rebelde

Un estudio de la organización ecologista revela que en los últimos seis meses han caído un 16 % las partículas PM2.5, las más pequeñas y peligrosas, porque con su diámetro 30 veces menor que el de un cabello humano son capaces de filtrarse en los pulmones y el riego sanguíneo.

En ese mismo periodo se ha reducido el dióxido de azufre, otro poderoso contaminante, en un 18 %, reportó RIA Novosty.

El estudio, realizado con los datos del Ministerio de Medioambiente de 189 ciudades chinas, señala a Pekín como la tercera urbe con mayor concentración de partículas PM2.5 y a Shanghái como la undécima.

Esas partículas de referencia se han reducido en la capital un 15,5 % en los seis primeros meses con respecto al mismo periodo del pasado año, aunque aún muestran una concentración de media de 77,8 microgramos por metro cuadrado, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un máximo de 10 microgramos.

El dióxido de azufre cayó en la capital un 42,6 %, según Greenpeace, especialmente por la reducción en el uso de carbón para generar energía.

El estudio certifica la mejora en la calidad del aire pequinés después de un proceso de degradación continuado tras los Juegos Olímpicos de 2008.

Solo 18 ciudades de las 189 examinadas han experimentado un empeoramiento de la contaminación, sostiene Greenpeace.

El estudio presenta limitaciones, como la falta de datos de otros contaminantes como el monóxido de carbono, el ozono o las partículas PM10, o la utilización de las mediciones de Gobiernos locales, no siempre fiables.

El Ministerio de Medioambiente emprendió en abril una campaña de inspección para eliminar los datos falsos y acusó a varios Gobiernos de modificar los suyos.

Tres décadas de crecimiento económico han sacado a decenas de millones de personas de la pobreza, pero también han arruinado el medioambiente nacional, lo que ha acabado provocando las quejas de la pujante clase media.

Pekín prometió hace años un patrón de desarrollo más respetuoso con el medioambiente y el primer ministro, Li Keqiang, declaró formalmente la guerra a la contaminación.

Los grandes esfuerzos de Pekín muestran aún resultados muy escasos por la tremenda dificultad de variar un modelo productivo volcado en el contaminante carbón y las necesidades de industrialización de las provincias más pobres.

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