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Brasil: ajuste… a pulso

Michel Temer, quien acaba de decir que gobernará «mediante el diálogo», no escucha a los miles de brasileños que se pronuncian contra una enmienda constitucional que podría ser el mayor golpe a los derechos sociales

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Si alguien duda de la manera antidemocrática en que gobiernan algunos adalides de un concepto desvaído y deteriorado por su ejecutoria, que mire a Brasil.

Allí encontrará contradicciones tan escandalosas como la que se vive merced a las declaraciones y la actuación de Michel Temer, quien acaba de decir que gobernará «mediante el diálogo», pero no escucha a los miles de brasileños que se pronuncian contra una enmienda constitucional que, en opinión de algunos, será el mayor golpe a los derechos sociales recogidos en la Carta Magna de 1988.

Mientras, en otras naciones latinoamericanas, se han celebrado referendos populares para realizar cambios a la Constitución —algunos muy vituperados por la derecha, como los que han tenido por objeto que la ley de leyes acepte la posibilidad de la reelección— este proyecto de enmienda va a cambiar la Constitución brasileña solo con el voto del Congreso. Y, sin embargo, afectará directamente la vida de la gente.

Se trata de congelar ¡por 20 años! la inversión social. Para sanear las finanzas —afirma un Temer que declara tener su mayor apoyo en la empresa privada— no se le pondrá un centavo más a los gastos en educación, seguridad social, o salud. Esas partidas se moverán en el presupuesto según termine, el año anterior, la inflación. Es decir, que el ejecutivo brasileño ajustará las finanzas y equilibrará el déficit fiscal, directa y literalmente, afectando derechos elementales de la población.

Por eso han «saltado» los más diversos sectores, desde los sindicalistas pasando por los vinculados al arte y los estudiantes, quienes liderados por sus organizaciones a nivel nacional y local están librando batallas importantes para que se les escuche, mediante la toma de planteles.

El trámite aplicado por Temer, no obstante, sigue su curso. Hubo dos votaciones entre los diputados en octubre, donde los dos tercios necesarios dieron su favor gracias a la mayoría con que cuenta el Partido Movimiento Democrático de Brasil (traidor a Dilma, a Lula y al Partido de los Trabajadores, PT) y al apoyo del Social Demócrata (los dos principales aliados del actual ejecutivo), y ahora, otras dos votaciones en el Senado.

Nada, que como Temer no llegó por elecciones y su nombramiento después del golpe parlamentario contra Rousseff fue de ucase, puede que no sea muy dado al ejercicio ante las urnas.

Lo cierto es que el proyecto de enmienda constitucional (conocido primero por las siglas PEC 241 y ahora que va a la cámara alta, por PEC 55) tiene un corte antidemocrático y neoliberal tan marcado como los programas que depredaron a la región en los años de 1980. Pero nunca se habían impuesto de manera tan agresiva: ahora, incluso, se modifica la Constitución para poder implementar la medida, pasándole por encima al disgusto de amplios sectores de la ciudadanía.

Temer se ampara en que el gasto ha sido mucho e «insostenible» (como si no hubieran hecho falta los programas sociales que sacaron a tantos de la pobreza y del hambre en Brasil desde la llegada de Lula hasta ahora). Pero analistas económicos aseguran que solo logrará incrementar la desigualdad y que el peso del ajuste, como siempre en estos casos, caerá sobre los más vulnerables, aunque la responsabilidad sea de los excesivos gastos fiscales, la evasión de impuestos y la caída en la recaudación, así como del pago de la deuda… Nada que no hayamos visto hace algunas décadas.

Tratan de llevarnos a los latinoamericanos de retorno hacia el lugar de donde venimos. Y no debía haber derecho a una segunda vuelta.

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