Un acto y un discurso para complacer peticiones

El administrador del imperio apostó a retrotraer la política hacia Cuba a los tiempos de la confrontación y las agresiones, en un escenario de intolerancia y ante un público que se emocionaba con el Himno y la bandera de las barras y las estrellas

Autor:

Juana Carrasco Martín

El viernes 16 de junio de 2017 el presidente Donald Trump viajó a la ciudad de Miami para realizar un anuncio sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba, acontecimiento que se venía informando sin adelantar detalles y con mucha especulación en cuanto al contenido, pero que apuntaba a una reversión de la política de acercamiento formulada por su antecesor en la Casa Blanca, Barack Obama.

La indicación oficial llegó desde el secretario de Estado Rex Tillerson, quien en una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado anticipó el reforzamiento del bloqueo.

A la 1:19 p.m. comenzó el acto en el  teatro Manuel Artime (900 SW 1st. Street, en Miami), un nombre que no puede olvidar el pueblo cubano porque este connotado contrarrevolucionario fue el Jefe Civil de la Brigada 2506, el contingente mercenario que invadió Cuba en abril de 1961 por Playa Girón, donde dejó una estela de cubanos y cubanas civiles asesinados y de combatientes muertos en la artera agresión organizada por la Agencia Central de Inteligencia con vistas a derrocar a la Revolución Cubana.

Mientras en el teatro de la farsa, que complacía los deseos revanchistas de un grupo cada vez más pequeño e intolerante de la derecha de origen cubano estos coreaban ¡USA, USA, USA! y reverenciaba a la bandera de las barras y las estrellas, otros en la calle exteriorizaban su rechazo a la marcha atrás de Trump a los gritos de «¡Cuba sí, bloqueo no!» y «Este bloqueo acaba con el pueblo de Cuba, pero también con el de Miami». Mostraban la mayoritaria voluntad de la ciudadanía estadounidense y de los cubanos que viven en Estados Unidos de que avancen las relaciones entre Washington y La Habana y sea eliminado el bloqueo.

Uno de los elementos más recalcitrantes y que empujó para persuadir a la nueva administración estadounidense de una involución hacia la época de la Guerra Fría, el senador Marco Rubio —republicano por la Florida que ni nació ni nunca ha estado en Cuba y desconoce la vida de los cubanos, sus esfuerzos, trabajo y sacrificios para salvaguardar independencia y soberanía y contribuir al desarrollo del país—, fue el primer orador. Habló en inglés, como todos los que le siguieron.

Entre los más conspicuos que le acompañaban en el show en lenguaje anglosajón, estaban el representante Mario Díaz-Balart, el gobernador Rick Scott y el vicepresidente Mike Pence.

A la 1:30 p.m. el presidente Donald Trump comenzó a hablar y su discurso —torpe, burdo, caracterizado por constantes bravatas que nada apuntaban a la oratoria de un estadista, condición que no alcanza en lo absoluto, de difícil comprensión por incoherencias y repeticiones—, estuvo sustentado en mentiras, falsas acusaciones, irreverencias de muy mal gusto, amenazas, condicionamientos e imposiciones para argumentar la Directiva que firmó inmediatamente después de concluir su retórica de retroceso.

Reacciones a este mal paso se hicieron patentes de inmediato incluso desde su mismo partido. AP citaba al representante republicano Rick Crawford quien dijo que la medida restaura una política «fallida, obsoleta y aislacionista» hacia Cuba, mientras que el senador republicano John Boozman la consideró «un retroceso».

Trump dijo que cumplía su promesa, la que hizo con casi similar auditorio de mercenarios cuando hacía campaña electoral. A esos oídos le resultaron arrulladores sus términos y le respondieron con ¡Viva Trump!, quien decía tener las barajas en sus manos frente al «régimen cubano».

Por eso, apuntó que cancelaba el acuerdo unilateral del anterior presidente con Cuba. ¿Qué de cierto en esto? La directiva que titulo Fortaleciendo la Politica de Estados Unidos hacia Cuba debe ser analizada con detenimiento, y sus regulaciones iniciarán su puesta en práctica a partir de 30 días y quizá dure varios meses que de sus pasos.

Con ella, Trump quiere derrocar la Revolución e instaurar el capitalismo del que es representante, pero hasta ahora solo dos elementos han destacado en su marcha en reverso, no hay viajes individuales en el intercambio «pueblo a pueblo» académico, religioso, deportivo o cultural, y también endurece el bloqueo al comercio.

Pero no puede cambiar todo lo acordado con coherencia y lógica: continúan las relaciones diplomáticas y las embajadas, las rutas aéreas y los cruceros, los 22 memorandos y acuerdos que benefician el cuidado del medio ambiente, de la seguridad marítima y aérea, de la prevención de accidentes por derrames en los mares que compartimos, enfrentamiento a enfermedades, entre otros.

La diatriba se extendió y resultó más bufonesca cuando ese especial auditorio en Miami acompañó las notas disonantes del violín de un hijo de un esbirro batistiano de Santiago de Cuba, la heroica, que interpretaba el himno de las barras y las estrellas.

Más de lo mismo, pero reforzado

Según el resumen presentado por el sitio web de la Casa Blanca de la Directiva Presidencial titulada Fortaleciendo la Política de Estados Unidos hacia Cuba, todavía quedan cabos sueltos para conocer todo su alcance.

El documento —que consta de cinco secciones—, busca cuatro objetivos:

Primero, habla de incrementar el cumplimiento de la ley estadounidense, en particular las normas relativas al bloqueo y la prohibición del turismo hacia Cuba.

En el segundo objetivo reasume falacias y acusaciones sobre supuestos abusos a los derechos humanos que asegura esta nueva administración habían sido ignorados por Obama.

El tercero de los objetivos es obvio: promover los intereses de política exterior y de seguridad nacional de EE. UU., solo que rechazar los entendimientos logrados desde diciembre de 2014 aislarían otra vez a Estados Unidos del consenso internacional que ve como obsoleto e injusto el bloqueo.

Como cuarto propósito hablan de sentar las bases para empoderar al pueblo cubano para desarrollar mayor libertad política y económica, lo que los lleva a desconocer que el pueblo cubano se empoderó el 1ro. de enero de 1959 cuando comenzó a determinar su propio destino en verdadera independencia política y económica.

Lo principal de su esencia está contenido en la Sección 2 Política, en la cual promueve impedir la actividad económica de empresas e individuos estadounidenses que aseguran solo beneficia «al Gobierno o a sus agencias militares, de inteligencia y seguridad».

Incapaz de echar a un lado medidas tomadas por Obama, cuando afirman que incrementarán las restricciones a los viajes, el documento debe aclarar que los cubanoamericanos podrán seguir viajando para visitar a sus familiares y enviar remesas. No está Trump listo para buscarse más enemistades que las que ya le ofrecen resistencia entre la ciudadanía estadounidense que a diario dice No my President.

Como parte de esta política de apretar tuercas reitera que el bloqueo es ley, y subraya la oposición a los llamados de las Naciones unidas y otros foros internacionales a favor del levantamiento del mismo.

Traen también las exigencias, las advertencias, los condicionamientos para que la propiedad privada rija en las relaciones económicas.

El memorando instruye a los departamentos del Tesoro y Comercio a iniciar el proceso de emisión de las regulaciones en los próximos 30 días. Es claro en recordar que las operaciones del Gobierno de Estados Unidos en Cuba incluyen a la Base Naval en Guantánamo, un territorio que ocupan ilegalmente y a contrapelo de la decisión cubana de que es nuestro espacio soberano.

Y la injerencia y la subversión las señalan en el acápite B de la Implementación, en la que dicen «Apoyar los programas de construir la democracia en Cuba», donde por práctica ininterrumpida en más de 50 años de acoso incluyen la contratación y financiamiento de la contrarrevolución y la llamada oposición o disidencia.

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