Brasil: ¿cuña o punta de lanza?

Los nuevos pasos del electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apunta cada vez más al Norte de Donald Trump

 

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Aunque el electo Jair Bolsonaro afirma que todo lo que hace y hará es por «el bien de Brasil», los apurados pasos que preceden a su investidura se ven menos relacionados con la vida interna que con la proyección hacia afuera aunque, a la postre, repercutirán inevitable —y lamentablemente— dentro.

Mientras sigue designando militares o exuniformados para integrar su gabinete —ya suman seis en unas 19 carteras— nuevos pasos en política exterior vuelven a apuntar al Norte en una actitud que, a la distancia, resulta difícil establecer si obedece a una neta «puesta a la orden» de Donald Trump, ya que tanto lo admira; o a una identificación con las poses del republicano que Bolsonaro traía antes de hacerse del poder.

Los más recalcitrantes dentro del equipo de la Casa Blanca aprovechan y «maquinan» su agenda injerencista con el brasileño, quien les servirá como cuña… o tal vez como punta de lanza.

En tal dirección navegó el encuentro que sostuvo Bolsonaro, los últimos días de noviembre, con el consejero de Seguridad Nacional de EE. UU., John Bolton, primero entre un funcionario yanqui de esa «altura» y un mandatario brasileño en largo tiempo, y durante el cual compartieron intereses e «inquietudes».

Tal cual se esperaba, Venezuela y Cuba ocuparon espacio importante del diálogo, en el cual se volvió a evidenciar el desvelo que provocan a Bolton los modos soberanos de hacer de ambas naciones (él incluye además a Nicaragua), y a las que el futuro Gobierno de Bolsonaro quisiera congelar capitales, según ha dicho su hijo Eduardo, electo apenas diputado, pero quien ha desplegado una labor de lobby en EE. UU. que le condujo hasta los anticubanos y reaccionarios más erupcionados y retrógrados. Desde un terrorista como Orlando Gutiérrez, sin olvidar al titular de la OEA, Luis Almagro.

En el encuentro de su casa en Río, Bolsonaro padre recibió, además, la invitación a la Casa Blanca que le envió Trump, aunque este no confirmó si estará en su toma de posesión del 1ro. de enero, como el mandatario brasileño ansía.

Pero ya ha dado otras muestras Jair Bolsonaro de apego al quehacer de Trump, jalonado por sus hijos Eduardo y Flavio… Sobre todo, el primero. Ha dicho, por ejemplo, que también él asumirá la escandalosa decisión estadounidense de trasladar su Embajada de Tel Aviv a Jesuralén; y tiene sobre el tablero la posible salida de Brasil del Acuerdo de París sobre el clima porque, como Trump, cree que lo del cambio climático es pura propaganda de izquierda.

El electo parece haber hallado el partner ideal para ese modo de hacer. Ernesto Araujo, quien se desempeñaba hasta ahora como directivo de la sección de EE. UU., Canadá y Asuntos Interamericanos en la Cancillería brasileña y ha sido señalado como nuevo Ministro, es también ferviente admirador de Trump, con quien parece compartir similar espíritu de intolerancia y rabia anticomunista.

Un artículo publicado bajo su firma en 2017 muestra a Araujo —como lo identificó El País— con el mismo discurso usado en EE. UU. por lo que periódico llama la alt-right  (la ultraderecha), y contra lo que allí denominan «el marxismo cultural» en alusión a una ideología que, según dicen, no ha mostrado logros económicos y se materializa en la proyección de la intelectualidad de izquierda.

Sin embargo, esta alineación a ultranza podría ser nocivo para Brasil y seguir polarizando, como lo han hecho notar expertos que sopesan la gruesa presencia comercial de China en ese país (entre 2003 y 2017 invirtió 54 000 millones de dólares y en 2017 fue el destino del 22 por ciento de las exportaciones brasileñas): un espacio que no podría ser llenado por EE. UU., a pesar de que algunos abogan por eliminar de sus transacciones al gigante asiático.

Se dice que aquel nacionalismo rancio provoca disonancias dentro del nuevo staff brasileño y hubo «recogidas de pita» frente a China.

Pero se supone que serían peores las asperezas latentes entre el dictado de Araujo y el liberalismo propugnado por Pablo Guedes: el Chicago boy encargado del Ministerio de Economía.

Pese a todo, el futuro Gobierno de Jair Bolsonaro pone en marcha la vieja política exterior estadounidense con una reunión que, dicen algunos, organizó su hijo Eduardo, y que tendrá lugar el próximo sábado nada menos que en Foz de Iguasú, un punto de la llamada Triple Frontera donde se tocan los confines de Brasil con los de Argentina y Paraguay: sitio estratégico en torno al cual se ha revelado el interés estadounidense de instalar una base militar.

Se llamará Cumbre Conservadora de las Américas y se ha dicho que están invitados el presidente colombiano Iván Duque, su mentor y exmandatario Álvaro Uribe; el terrorista Gutiérrez y otros que se anuncian como académicos de Chile, Paraguay, Venezuela y cubanos «exiliados» en EE. UU., así como Olavo de Carvalho, periodista y ensayista radicado en Virginia al que medios de Brasil presentan como gurú de Bolsonaro y quien, incluso, le habría recomendado algunas de las nominaciones al gabinete. Se dice que habría sido Carvalho quien le insufló su redomado anticomunismo.

Tal vez haya que considerar la cita de Iguazú como uno de los primeros «aportes» del Brasil de Bolsonaro… a Washington.

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