Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Migración: los motivos del Sur

El domingo 14 de julio, la administración de Donald Trump inició redadas de indocumentados en al menos diez grandes ciudades, en las cuales busca detener y deportar a por lo menos 2 000 familias

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El hecho de que sumaran más de 2 300 los hijos de indocumentados separados de sus padres cuando una jueza de EE. UU. ordenó, hace una semana, su reunificación, exhibe el desespero de los hombres y mujeres que abandonan sus países rumbo al Norte, incluso a riesgo de la integridad de su prole.

La imagen de la pequeña Valeria de cara a la arena, enfundada en el mismo pulóver que su padre y ahogada en el Río Bravo como él, ha sido la foto más dolorosa de los migrantes irregulares divulgada los últimos días.

Sin embargo, el tránsito no se detiene y prosiguen viaje los miles de padres salvadoreños como la familia de Valeria, o guatemaltecos u hondureños, que llevan a sus niños en una travesía encarecida por los coyotes, pero más llevadera desde que los centroamericanos viajan en caravanas.   

Un razonamiento que vale la pena escuchar es el que dio en torno al asunto la directora general de la Unicef, Henrietta Fore, en entrevista concedida a AFP.

«Los migrantes no se van porque quieren sino porque están obligados a hacerlo debido a la situación económica o a la violencia que reina en sus países», estimó.

También ocurre desde África a Europa. Es un fenómeno añejo provocado por una asimetría global. Centroamérica es la zona que más personas en camino hacia Estados Unidos está aportando en nuestro hemisferio, luego de una «baja» de migrantes mexicanos que coincide con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al Gobierno de ese país, y sus medidas encaminadas a mitigar la enorme deuda social.

Al Norte, la administración de Donald Trump endurece la política migratoria de cara a su pretendida reelección en 2020 y pone en práctica su máxima de «tolerancia cero», de modo de arreciar a última hora con una de sus principales promesas de campaña hace tres años, con la que llegó a la Casa Blanca.

La política estadounidense hacia los indocumentados ha variado poco, ciertamente, después que el encierro de los menores migrantes en jaulas le costara a Trump no pocas críticas, y a pesar de las demandas de jueces y gobernadores de 18 Estados de la Unión que consideran su actitud violatoria de los derechos humanos.

Los padres siguen siendo apartados de sus hijos y estos recluidos en centros de detención donde se ha reportado que les falta hasta el agua, y se escuchan llantos como el del bebé al que se le oía clamar insistentemente, entre un sollozo y otro, en un video divulgado en Twitter: «¡Papá, papá…!»

Pero el lamento conmovedor de un niño no basta para disuadir ni a unos ni a otros: Trump sigue en sus 13 y, en todo caso, ha dejado parte de la carga a México para que detenga a los que viajan de sur a norte, a cambio de no subir los aranceles a sus productos; y a los que llegan a su frontera, ya vemos cómo los trata. Por la otra punta, los que se arriesgan lo siguen haciendo aunque saben qué les espera del otro lado de la barda… si la alcanzan.

Estudiosos citados recientemente por BBC opinan que el endurecimiento de las posturas de Trump provocará aún más víctimas en la travesía, porque está obligando a los migrantes a buscar caminos más peligrosos.

Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU., en 2018 se reportó el fallecimiento de al menos  283 indocumentados a lo largo de la frontera. Pero organizaciones no gubernamentales opinan que sumaron muchos más. Y al finalizar este año, las cifras pueden ser más altas.

Las causas del problema no han sido abordadas en público únicamente por la titular de Unicef. Hace unos días, el nuevo presidente salvadoreño, Nayib Bukele, hizo una declaración inesperada: «La gente no huye de sus hogares porque quiere, la gente huye de sus hogares porque siente que tiene que hacerlo. ¿Por qué? Porque no tienen trabajo, porque están amenazados por las pandillas, porque no tienen cosas básicas como agua, educación, salud».

Una idea cabal del asunto fue la que expresó desde hace más de un año López Obrador, quien desde antes de llegar a la presidencia había previsto un plan de ayuda económica a los países centroamericanos, en la conciencia, como tantos, de que la migración desesperada se origina en la pobreza.

Requería su plan el concurso de EE. UU., pero su Presidente ya sabemos que no oye. No obstante, el programa de AMLO ha comenzado a implementarse con El Salvador.

Más allá de los compromisos asumidos con Washington en la materia, México pone en práctica otras iniciativas, cuidando siempre el respeto a la integridad de los indocumentados que frena y atiende en su camino al norte.

Un comunicado de la Secretaría mexicana de Relaciones Exteriores dio a conocer esta semana la puesta en práctica, en coordinación con la Organización Internacional de las Migraciones de Naciones Unidas, de un programa temporal de retorno voluntario para migrantes, en el norte del país.

El propósito, dice el texto, es «atender las necesidades de los migrantes que, de forma libre y autónoma, buscan regresar a sus países de origen» garantizándoles, en coordinación con otras instancias, «un retorno seguro y ordenado».

«De las 69 personas que retornaron vía terrestre desde Ciudad Juárez el día de hoy —la nota está fechada el 2 de julio—, 40 son de nacionalidad hondureña, 22 de nacionalidad guatemalteca y siete de nacionalidad salvadoreña. Cabe mencionar que 66 de ellos pertenecen al  grupo de personas retornadas por Estados Unidos a  territorio mexicano por el puerto internacional de Ciudad  Juárez, tras haber solicitado asilo en ese país».

Pero ello no resolverá el asunto. Honduras vive en la inestabilidad política y social desde el golpe de Estado, en 2008, contra Manuel Zelaya, quien no pudo llegar a solventar décadas de marginación y dependencia. Algo parecido ocurre en Guatemala y en El Salvador, tampoco los gobiernos del FMLN (que recién sale del poder) pudieron resolver todo de la ancestral dependencia económica de Centroamérica; ni borrar las secuelas del intervencionismo de Estados Unidos, que sembró la violencia paramilitar durante la guerra civil, convertida ahora en violencia delincuencial.

Y el fenómeno no frenará si estos asuntos no se resuelven.

Expertos como Ulises Noyola, colaborador del Centro de Investigación sobre la Globalización, estiman que, de este modo, el problema no será solucionado por ahora. «La crisis migratoria no será abordada con una estrategia a largo plazo; de tal suerte, la crisis migratoria será perpetuada en Centroamérica».

«Tenía más miedo a quedarme»

Yazmin ante el Congreso. Foto: Reuters

Unos cuantos días después de que la muerte de la pequeña Valeria encendiera las luces de alarma sobre los dolores de la migración, y de reiteradas denuncias de malos tratos a quienes logran llegar, la comparecencia de una joven madre guatemalteca ante el Congreso de Estados Unidos ofreció nuevas evidencias de los abusos y la falta de condiciones para los indocumentados en los centros de detención, pero también de la necesidad de enfocar el asunto en su raíz, esa que Donald Trump también se niega a tocar.

La guatemalteca Yazmin Juárez perdió a su pequeña Mariee, quien aún no había cumplido los dos años, por el indebido trato en el sitio adonde fueron llevadas por las autoridades del Servicio estadounidense de Aduana e Inmigración después que las detuvieron.

«Primero era toser y estornudar, mucha secreción por la nariz», después pasó a «fiebre muy alta, diarrea, vómitos y tuvo una pérdida importante de peso», contó la mamá ante una subcomisión de la Cámara de Representantes reportada por el diario ABC. También narró que amenazaron con quitársela.

«Pasamos toda una madrugada durmiendo en el suelo, en el piso de concreto (cemento), donde solo nos daban unas cobijas (mantas), como les llaman ellos, que eran color gris (...), para mí no es eso. La comida no era la adecuada para un niño, no tienen nada de nutrientes que pueda con la salud de los niños, no tienen la higiene adecuada para un niño», denunció.

La pequeña murió luego de ser liberada. Ya estaba muy enferma. La madre explicó a los congresistas los motivos para someter a Mariee a tanto infortunio. «El viaje fue peligroso, pero tenía más miedo de lo que nos podría pasar si nos quedábamos. Así que vinimos a Estados Unidos donde esperaba construir una vida mejor y más segura para nosotros. Desafortunadamente, eso no ocurrió».

Las redadas de Trump siembran el terror

Junto a las redadas contra inmigrantes iniciadas el domingo por la administración de Donald Trump, el Gobierno emitió una nueva norma, publicada en el Registro Federal este lunes 15 de julio, para impedir que los migrantes que pasen por otros país antes de llegar a EE. UU. puedan obtener asilo. La medida entrará en vigor este martes y también se aplica a los niños que han cruzado la frontera solos, reportó RT.

Sin embargo, existen algunas excepciones, ya que los migrantes podrán seguir solicitando asilo si han sido objeto de tráfico de personas, si el país que atravesó no firmó uno de los principales tratados internacionales que rigen la gestión de los refugiados (aunque la mayoría de los Estados occidentales los han firmado) o si un solicitante de asilo buscó protección en otro país, pero este les fue negado.

Los tribunales de inmigración están atrasados en más de 800 000 solicitudes de asilo, lo cual implica que muchas de las peticiones de asilo realizadas por migrantes centroamericanos en los últimos meses van a ser resueltas dentro de varios años.

La nueva norma se publicó apenas un día después de que se iniciara el operativo de redadas masivas contra unos 2 000 migrantes en situación irregular, ordenado por Trump, las cuales siembran el temor entre las personas sin documentos, fundamentalmente en nueve de las principales ciudades estadounidenses: Atlanta, Baltimore, Chicago, Denver, Houston, Los Ángeles, Miami, Nueva York y San Francisco, dijo El País. Solo se suspendió en Nueva Orleans ante la llegada del huracán Barry. La mayoría son ciudades santuarios —en ellas, la policía local no colabora en controles migratorios ni pregunta por su situación— y algunos ayuntamientos ya han prometido, de hecho, ayudar para que las detenciones no tengan éxito.

«No abra la puerta, que nadie de la casa hable, sepa que los agentes no tienen derecho a entrar», son algunos de los consejos que empezaron a correr por las redes sociales sobre cómo reaccionar si la policía migratoria (ICE, por sus siglas en inglés)  intenta detenerlos, advirtiendo a los más de un millón que tienen orden de deportación, pero se han quedado en territorio estadounidense.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.