Heroínas de la retaguardia - Opinión

Heroínas de la retaguardia

Autor:

Juan Morales Agüero

Ahora que se acerca el 23 de agosto, aniversario 47 de la Federación de Mujeres Cubanas, me pregunto: ¿por qué apenas se habla de las amas de casa? Sin embargo, ¡cuánto merecen ellas que se les reconozca y estimule! Por razones de pragmatismo, el lente público apenas las tiene en cuenta en sus primeros planos. Rara vez se les reserva espacio en los agasajos y en las distinciones. Por su parte, el almanaque está todavía por ofrendar 24 horas en su honor.

Y es lamentable semejante anonimato. Porque, si de trajinar en grande se trata, ¿quién les saca ventaja a estas mujeres guardianas del orden y el equilibrio domésticos? Fidel, implícitamente, les dedicó a ellas un importante segmento de sus buenas nuevas televisivas cuando comenzó a cobrar cuerpo la idea de entregar ollas arroceras y otras mejorías para la familia cubana.

Conozco a muchas que bien podrían ser declaradas heroínas del trabajo o nominadas para la medalla de Hazaña Laboral. Sus jornadas comienzan con el alba y culminan con el ocaso. Planchan, lavan, van al punto de leche, cocinan, limpian la casa, friegan, barren el patio, atienden visitas, sacuden, acomodan, organizan, regatean en el mercado, cosen, contestan el teléfono...

Cuando van a la playa se encargan del fogón mientras los demás se divierten. Carecen de domingos libres, de sábados cortos, de vacaciones y de salarios. Pero —¡ay!— sus nombres jamás figuran en los murales de la emulación ni las eligen obreras destacadas. Sucede que una obsoleta interpretación de la realidad ha llevado a pensar que solo se labora cuando hacemos entrada en un centro laboral. Olvidamos que las amas de casa trabajan para que otros puedan trabajar. Sin ellas todo sería más difícil.

Estas mujeres solícitas y consagradas ofrecen constantemente muestras de su capacidad para innovar y ser originales. Lo mismo reparan la junta de una olla de presión que inventan una fórmula casera para acabar con las cucarachas. Saben también arreglárselas para que el detergente rinda una sesión de lavado más y para que el arbolito ornamental no se marchite en su tiesto con la sequía.

Y si de «inventar» en las cazuelas se trata... Bueno, ¡ahí sí que son unas artistas! ¿No han visto cómo adaptan una receta de cocina a las disponibilidades del momento?

Por mucho que se intente, no consigue uno explicarse cómo hacen tan buenas migas con el reloj para que sus constantes, múltiples y variadas tareas estén siempre en hora: el almuerzo de Fulano para las once, el uniforme de Mengana para la una, el equipaje de Zutano para las siete... Y hay más: cuando los que trabajan en la calle irrumpen en casa al mediodía o al atardecer, encuentran el piso reluciente, la mesa lista y las habitaciones ordenadas. Por tamaña laboriosidad es raro que reciba un reconfortante «¡caramba, mami, qué bien todo, te la comiste!» Pero eso no la desconsuela ni la minimiza. Mientras su gente lee una revista o echa una siestecita, ella no se concede un respiro y aprovecha para cogerle el falso a un pantalón o para lustrar los cristales de la vitrina.

Tener una en la retaguardia es un tesoro que algunos todavía no han valorado en toda su dimensión. Ella es capaz de echarse el hogar a cuestas para que su hijo marche lejos a estudiar. O de cuidar al nené toda la noche para que mamá y papá tiren una canita al aire en un centro nocturno. ¿Incentivos? Saberse útil, aunque no se lo reconozcan. Compartir la tacita de café con la vecina de al lado. Contribuir a la felicidad familiar con su presencia insustituible.

Las amas de casa merecen nuestro reconocimiento y nuestra reverencia. Quizá en algún momento se instituyan condecoraciones al mérito para prendérselas al delantal, que es la pieza emblemática de su indumentaria. ¿Y por qué no designar un día anual en su honor? ¿Por qué no consagrarles una jornada? Se llamaría precisamente así: Día del Ama de Casa. ¿Cuál día? Cualquiera. ¿Acaso ellas hacen distingos entre las 365 fechas del almanaque?

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.