Cuba encanece

Autor:

José Alejandro Rodríguez
De súbito, las estadísticas son doctorados capsulares. En segundos, y sin pudor alguno, te ilustran lo que argumentos y monsergas recurrentes no han podido hincar en el nervio de la curiosidad o del sentimiento.

Eso me sucedió con el candente tema del envejecimiento de la población cubana, tan sobado ya por especialistas, analistas y funcionarios. Que si la transición demográfica de Cuba, que si cada vez habrá más ancianos, que si el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos... hasta que en unos segundos, ante una tabla estadística del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, descubro uno de los más serios desafíos de la nación cubana en lo adelante.

Pues sí: en 1970 en Cuba existían 7,1 trabajadores en activo por cada pensionado. En 1980, ya esa relación era de 5 por uno. En 1990 de 4 por uno, y en el 2007 de 3,2 por uno. Como si fuera poco, la proyección estimada para el 2025 es de 2,3 por uno.

Llevado al ámbito hogareño, digamos que en la familia Cuba la caña se ha puesto a tres trozos, porque cada vez hay más veteranos que mantener, con menos contribuyentes en aquello de doblar el lomo. Y en esa casa de todos, por principio, no se va a abandonar a los viejitos. Entonces, ¿de dónde va a salir la plata?

Dejemos la interrogante abierta hasta el final, pero lo cierto es que nuestra amplia Seguridad Social tironea y tensa cada vez más a la economía nacional. En la familia Cuba los viejos le siguen arrebatando años a la Parca, a pesar de todos los insultos que cogen en las colas. Ya los de 60 años y más representan el 16,6 por ciento de la población, y en el 2050 llegarán a ser el 30 por ciento. Pero si quienes están en edad reproductiva lo piensan más para tener hijos, si acaso un hijo; ¿qué vamos a hacer? Habrá cada vez menos jóvenes con brazos fuertes en casa, que puedan sostener a toda la familia. El punto rojo, según las proyecciones, será el 2020, cuando podrían jubilarse más cubanos de los que arribarían a la edad laboral.

Dicen los entendidos que en solo 30 años, Cuba experimenta una transición demográfica que a las naciones ricas les ocupó casi dos siglos, y les permitió crear condiciones y paliativos, aparte de todos los cambalaches que han orquestado con los recursos humanos, como baratijas en bazar: los importan del Sur pobre cuando y para lo que les conviene, y ahora los seleccionan por pedigrí de calificación, para devolver a su antojo a los menos «cotizados», como mercancías desechables.

Aún así, los poderosos hace mucho tiempo se vieron precisados a alargar la edad de jubilación, para compensar el déficit de fuerza laboral activa que supone el creciente envejecimiento poblacional; eso que pretende Cuba hacer con pinzas, garantías y nuevas ventajas, de manera gradual y con amplio proceso de debate popular y consensos.

Pero ni así, el fardo que representará tanta población pensionada para escasos brazos vigorosos que la sustenten podrá resolverse si la familia Cuba no suda la camisa con resultados bienhechores. Solo el trabajo salvará esas asimetrías y desequilibrios. El trabajo riguroso y fértil que sea atractivo para el cubano por sus posibilidades como palanca del bienestar.

De no dinamizarse la aún insuficiente productividad del trabajo en Cuba, espoleada por profundas transformaciones en nuestra economía que acerquen los sistemas de pago a resultados plausibles y medibles, para dar más a quien trabaje más y mejor, no podremos encarar el desafiante envejecimiento de la población cubana. Hay que sostener las canas, y no hay tintes ni afeites que valgan.

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