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EE.UU.-Libia: acercamiento con olor a petróleo

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Juventud Rebelde
Otro periplo diplomático de Washington por África. Bush lo hizo en febrero pasado, ofreciendo millonarias sumas de dólares para la lucha contra el SIDA, la malaria, y por «el buen gobierno», y escondiendo bajo la manga su apetencia por el petróleo del continente. Ahora Condoleezza Rice, su Secretaria de Estado, visita Libia, y el móvil sigue siendo el mismo. ¡Todo sea por el hidrocarburo! Aunque para ello tenga que sacar de su lista de terroristas a una nación que nunca lo fue, y colocarla en la de los amigos.

La visita de la funcionaria norteamericana, con una ambiciosa agenda que incluyó un encuentro con el mandatario libio Muammar Al-Gaddafi, fue vendida como uno de los mayores sucesos diplomáticos de la Casa Blanca luego de varias décadas de tensiones entre ambas naciones. ¡Y no es para menos!

Con este periplo, Rice se convirtió en la primera secretaria de Estado en visitar Libia desde que en 1953 lo hiciera John Foster Dulles. También, desde 1957, cuando el vicepresidente norteamericano Richard Nixon viajó a la nación maghrebí, ningún otro personaje de alto nivel de la Casa Blanca había puesto los pies allí.

Por mucho tiempo Washington consideró a Libia y a su líder como enemigos y terroristas, y por tanto fueron punto de mira de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante el período de guerra fría. En 1986 el presidente Reagan lanzó una agresión militar contra Libia, en la que murieron decenas de personas, entre ellas una de las hijas de Al-Gaddafi.

Ahora, luego de que la Casa Blanca ha procurado un cambio en su política exterior hacia África, debido a su creciente apetencia por el petróleo y a las grandes reservas del crudo en el continente, Rice ha afirmado que «los enemigos no son permanentes», que EE.UU. y Libia «están preparados para un buen comienzo», y hasta habló de la posibilidad de que un embajador norteamericano vaya a Trípoli «lo antes posible».

Por su parte, Libia no desearía mantener un modus vivendi hostil con la potencia hegemónica, y por consiguiente, ha acogido con buenos ánimos el cambio de la política exterior de la Casa Blanca hacia su gobierno, aunque con sus reservas y sin ataduras ni doblegamientos, como expresara Gaddafi.

De esta manera, más que una amistad con Washington, Trípoli busca salir cada vez más del aislamiento internacional que le impuso EE.UU. al impulsar las sanciones de Naciones Unidas por poseer un programa nuclear.

Por otra parte, la instauración del comando de operaciones militares del Pentágono en África (AFRICOM), no podía estar ausente en la visita diplomática, como ya se ha vuelto costumbre cada vez que alguien de Washington, incluyendo el propio Bush, pone los pies en ese continente. Ha sido una constante de esta administración seducir a los jefes de gobierno africanos de las falsas bondades que en materia de seguridad y cooperación puede ofrecerle AFRICOM a la región, la cual dice Bush, es refugio de terroristas.

Rice y Al-Gaddafi en Trípoli. Foto: AP Durante el encuentro de Rice con Al-Gaddafi —en el complejo de edificios Bab al Azizia, donde se encuentra el inmueble del mandatario bombardeado por EE.UU. en 1986— el líder africano dejó bien clara su oposición a la presencia militar norteamericana en la región, que le asegure a Washington el control de las riquezas locales, utilizando como pretexto su falsa guerra contra el terrorismo internacional. Esa misma guerra que, aunque el enemigo construido no era llamado terrorismo, pero buscaba el mismo fin: la hegemonía norteamericana sobre la región, llevó a EE.UU. a bombardear el recinto del mandatario africano y arrancarle la vida a una de sus hijas.

Libia se sumó a otras voces que en África rechazan la agresiva política exterior de EE.UU. al continente: «Semejante presencia sería considerada por los africanos como una colonización». La razón del líder libio, trascendida por EFE, enfrió la pose diplomática de Rice, representante de una administración interesada en las reservas petrolíferas de Libia, la novena más grande a nivel mundial, con unos 39 000 millones de barriles y muchas plataformas vírgenes.

Buen trabajo de proselitismo le toca a Bush y sus secuaces: «Seremos capaces de despejar esos malentendidos», dijo Rice luego de disparar mentiras como: «AFRICOM es para ayudar a los africanos en la pacificación y a contrarrestar el terrorismo».

El petróleo libio es el que hace apostar a las transnacionales norteamericanas y su gobierno por una mayor reconciliación con el país africano. Muchos negocios y una gran área de influencia había estado perdiendo el petroimperialismo norteamericano, mientras los socios europeos (Italia y Francia) ganaban cada vez mayor espacio durante los años de aislacionismo impuesto por Washington. Una vez que Libia renunció a su programa nuclear en 2003 y que las sanciones fueron levantadas un año después, transnacionales como la Occidental Petroleum Corp., Amerada Hess Corp y Chevron Texaco pudieron poner sus manos en el petróleo libio.

El año 2004 marcó el inicio de un acercamiento político que alcanza su clímax con la visita de Condoleeza Rice la semana pasada, y muy grande es la lista de empresas que quieren tener participación en la explotación del crudo.

En estos momentos solo dos carnadas harían morder el anzuelo a Washington: el petróleo libio y la instauración de AFRICOM. Por el momento, a las puertas de la fecha dada por el Departamento de Defensa para que el comando entre en funcionamiento en la región —el 1ro. de octubre de 2008—, Libia reafirmó su no. Sin embargo, expresó su disposición de abrir sus reservas del crudo a la inversión de los monopolios norteamericanos.

Luego, Rice siguió hacia Túnez, Argelia y Marruecos y en ninguna de estas escalas faltaron las alusiones de la secretaria de Estado al tema de la lucha contra el terrorismo y la creación de AFRICOM.

Este es, sin dudas, un acercamiento con olor a petróleo. Y Al-Gaddafi lo sabe.

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