Juanes, Olgas, Migueles, Silvios…

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Una Oda a la Alegría del siglo XXI. Así se recordará a Paz sin Fronteras en la Plaza este 20 de septiembre de 2009, transpirando los excesos del calentamiento global y  derrochando amor hacia todos los confines.

Para llegar hasta hoy, Juanes y seguidores vencieron tormentas, conjuraron rayos y  centellas del odio. Derribaron muros de intolerancia y burlaron los corredores del rencor. Aquí, de blanco, disparan misiles de ternura con la precisión sentimental de la música.

Más que concierto o pasarela de la fama, Paz sin Fronteras es esta tarde el nervio del mundo, el latido de esos fulanos que mueven la vida y engrosan las estadísticas: los Juanes, las Olgas, los Migueles… Equis terrícolas estén donde estén, clamando por puentes en vez de alambradas.

Desde La Habana, la canción puede desbloquear oídos sordos con las armonías del entendimiento. Quizá llegue a ser el bálsamo para tantos tímpanos saturados con ráfagas. Quizá un sueño de Humanidad, sin aduanas, pueda desprenderse del concierto y volar por sobre la Tierra, como un levántate y anda para la bondad.

El cubano está alegre y hoy canta hasta el delirio en la fiesta de la paz. El cubano, ese Juan Pérez tan noble y universal, tan sin fronteras que no sean las del amor sin tarifas ni condiciones, hoy acompaña a los dignos cantores en una coral planetaria, que seguirá resonando en todos los rincones del dolor y la injusticia. A fin de cuentas, comulgando con Juanes, si hay que morirse, que sea de amor.

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