Miami, por segunda vez

Autor:

Dr. Rodolfo Dávalos

De nuevo en Miami, ocho años después de haber sido sancionados injustamente, tres de los Cinco (Tony, Ramón y Fernando) fueron sometidos a un nuevo acto judicial. Otra vez fueron llevados a las celdas del Centro Federal de Detenciones de Miami. Otra vez la Sala de Justicia de la Corte Federal del Distrito Sur de la Florida, en la cual durante meses fueron juzgados ante un jurado lleno de prejuicios, y donde tal parecía que fiscales y jueza competían reñidamente por ser los más destacados en una larga cadena de errores, que llevaría al ilegal veredicto de culpabilidad en junio de 2001, y continuaría con las injustas y excesivas sentencias dictadas en diciembre de ese propio año. Más tarde, en espiral, se sucedieron distorsiones, mala fe, errores y apatía hasta pretender cerrar el caso para Gerardo y René, y devolver el expediente a Miami, por segunda vez, para imponer nuevas sentencias a Antonio, Ramón y Fernando. Otra vez Caroline Heck Miller y Joan Lenard. ¿Acaso Atlanta no dejó claro su tortuosa actuación?

Primero fue Tony, el 13 de octubre. De nuevo la hidalguía y la serenidad de un caballero que levanta la frente con la bondad de siempre. No importa que esté delante de aquella que pretendió hundirlo en la prisión de por vida. No importa que esté también la Fiscal que lo acusó de espía y ahora diga que jamás manejó secreto alguno, ni hizo daño a la seguridad nacional de Estados Unidos. En la Sala, frente a la Jueza, hay un recluso ejemplar de once años sin un reporte de indisciplina. Está el poeta, el artista, el pintor. El Maestro que ha impartido clases de ajedrez y de pintura, el Profesor de Inglés y Matemática. Llega con ilegal cadena perpetua más diez años, se va con 21 años y diez meses de cárcel. Para algunos ha sido una victoria. Para la justicia norteamericana es una mancha, un baldón más que la hará avergonzarse algún día ante el mundo.

Después fue Ramón, indoblegable, al que fueron a pedirle que se rinda, que traicione a su nación y sus ideales, y la traición se la deja a los cobardes. Era el 8 de diciembre (la «Purísima Concepción»). Temprano en la mañana a la iglesia fueron los fieles a rendir honor y culto, fueron los jóvenes y adultos con sus ramos de claveles. Pero no hubo un milagro para aquel bonachón, ni siquiera justicia. Tal vez la virgen no supo que allí mismo en el downtown, a pocos metros de la iglesia, en la Corte, se volvía a cometer el mismo crimen. Ni terrorista, ni espía, no se le ocupó un arma, ni un documento secreto, pero recibe una injusta sanción. También llegó con ilegal cadena perpetua (más 18 años) y se fue con 30 años «en el lomo». ¡Qué paradoja!, también cerca de la Corte y de la Iglesia el asesino terrorista anda suelto.

Por último fue Fernando. Viene de once años de presidio, pero va acompañado de la dignidad aprendida de su pueblo y de su historia. Su vista es el mismo día de la celebración religiosa, en la cual se hacen actos de caridad. Fue una burla, como darle solo una migaja de pan al hambriento o una simple gota de agua a quien muere de sed. Viene con injusta sentencia de 19 años; se va con 17 años y ocho meses. La Jueza, «generosa», le ha rebajado la condena en un año y cuatro meses a quien no cometió delito alguno.

No es fácil sacar un balance de las nuevas vistas de sentencia y su resultado. Los tres héroes debían haber sido puestos en libertad, como también Gerardo y René, pues no han cometido delito alguno. Es más que conocida y probada la causa de la presencia de los Cinco en Estados Unidos: la defensa de su Patria y de su pueblo contra los actos criminales provenientes del sur de la Florida, realizados por terroristas financiados por la extrema derecha cubanoamericana, con la anuencia y el beneplácito del Gobierno de Estados Unidos. Lo que en Derecho Penal se llama «Estado de Necesidad», circunstancia eximente de la responsabilidad criminal, que justifica el acto supuestamente injusto y legitima la acción.

Si se quería hacer verdadera justicia para sustituir y enmendar las injustas y excesivas condenas anteriores, los tres héroes no debieron recibir años y meses de prisión, sino que bastaba con concederles, apenas llegar a Miami, unos pocos minutos para cambiarse de ropa y regresar a su Patria (como bien dijera en Holguín hace unos días el Presidente del Parlamento cubano).

No obstante, jurídicamente hablando, el resultado de las vistas de sentencia es positivo, no solo porque no hay ya penas de cadena perpetua para Antonio y Ramón, sino por el hecho de que el Gobierno de Estados Unidos haya debido admitir públicamente que no hubo daño alguno a la seguridad nacional, y que la existencia de un fuerte movimiento internacional en apoyo a la inmediata liberación de los Cinco afecta la imagen del sistema judicial de Estados Unidos ante la comunidad internacional. Debió tragar en seco la Sra. Miller cuando textualmente dijo que era necesario «calmar las aguas en litigio que se arremolinan alrededor de este caso»… Y es que esas aguas son una ola de solidaridad, que lleva en alto la verdad hasta que se conozca por todo el mundo, y entre en la Casa Blanca con estruendo arrollador.

¿Y por qué no estaba Gerardo? Si las condenas de cadena perpetua a Tony y Ramón fueron anuladas por injustas y excesivas, ¿por qué no las de Gerardo? Si no hubo Secretos de Estado, ni daño a la Seguridad Nacional, ¿por qué se mantuvo la condena de cadena perpetua a Gerardo por ese supuesto delito?

¿Y acaso es justa la sentencia impuesta a René?, que no fue siquiera acusado de los delitos más graves que, aunque no fueron probados, le fueron imputados a sus hermanos de causa. Que no cometió delito alguno. Que solo fue y es un antiterrorista, razón por la cual la Jueza emitió en su caso una sanción adicional inverosímil: le prohibió acercarse a los terroristas una vez cumplida su condena.

Todo ello está por resolver aún. El resultado de las vistas para las nuevas sentencias podrá ser positivo en comparación con la situación anterior, pues refleja el esfuerzo denodado del equipo de la defensa y el empuje de los movimientos de solidaridad, pero en modo alguno es el fin de la lucha, ni siquiera es un alto en el camino. No hay tiempo que perder. En esta lucha nadie tiene derecho al descanso. No hay trabajos pequeños; todos somos necesarios. Los abogados estudiarán las vías legales que permitan retomar el caso. Los hombres y mujeres dignos del mundo levantarán sus voces y unirán sus acciones para reclamar la libertad inmediata de los Cinco. Los 345 Comité de Solidaridad en 109 países se multiplicarán. Llegará hasta la Casa Blanca el reclamo de justicia. Esta es una batalla que ha de ganar la solidaridad de los hombres con las causas justas.

Que se preocupen los funcionarios, jueces y fiscales del Imperio, porque cada día se habrá de conocer la verdad acerca de la actuación en este caso de su maltrecho sistema judicial, francamente en decadencia. Que quede claro que este ha sido siempre y sigue siendo —a pesar del cambio de administración norteamericana— un proceso político, que la injusticia solo tiene una explicación: este es el Juicio de los Cinco. Y en los Cinco se ha juzgado y castigado a Cuba revolucionaria y a su pueblo, por el crimen de ser dignos.

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