Abogado del diablo

Autor:

Michel Contreras

Yo no soy técnico de béisbol. No lo soy, repito, y a estas alturas ya no pretendo serlo, porque hace rato me arrimé a otra profesión.

Sin embargo, el ejercicio del periodismo deportivo me ha ayudado a desarrollar un tanto el «ojo clínico», esa capacidad de ver el juego menos con la pasión que con el raciocinio.

O sea, que ya no sufro como antes con el fildeo fallido o el lanzamiento wild. Ahora —eso me reconforta— trato de hurgar fríamente en las razones del revés o la victoria. A fin de cuentas, para gustos se han hecho los que seguimos la pelota...

Y mire usted, el primer desafío semifinalista entre Villa Clara y Ciego de Ávila, me dio materia prima para refocilarme en las razones de esa controversial jugada que se dio en segunda base.

Ante todo, aclaro que detesto los llamados «outs de oficio», pero siento que para evadirlos es preciso que lo acontecido sea muy flagrante. Digamos, que el pie del inicialista abandone la almohadilla mucho antes del arribo de la bola al mascotín...

No fue eso lo que sucedió en el Sandino. Inclusive en la cámara lenta es difícil apreciar quién llegó antes a la intermedia (si el tiro de Borroto o los «pinchos» de Leonys). Así, la circunstancia de un encuentro reñido y de play off casi obligaba a decretar el out.

De haberlo hecho el árbitro Casañas, nada hubiera pasado, porque seguramente el mando naranja no protestaría un veredicto derivado del sentido común. Un veredicto que habría dejado en manos de los propios peloteros el resultado del partido (su partido) de pelota.

Ahora bien, la decisión arbitral tuvo sus catalizadores. Quiero decir, elementos que no la justifican plenamente, pero que sí la compulsaron.

En primer término, el corring supersónico de Leonys, que en una jugada donde otros se dedican apenas a trotar, optó por correr fuerte y deslizarse, aun cuando las chances de ser declarado safe fueran remotas.

He aquí un mérito innegable del centerfield villaclareño, y un premio a la filosofía de juego del equipo, implantada por Víctor Mesa y heredada por Eduardo Martín.

Segundo, estimo que Borroto enfrentó la jugada con pasividad, confiado en el force out de rutina, y no atendió a que se trataba de una conexión relativamente lenta y a que el corredor rumbo a segunda era de los más veloces de la Serie Nacional. Si él hubiera «atacado» la bola, no ya Leonys Martín, ni siquiera Usain Bolt habría sembrado dudas en segunda.

Finalmente, todavía no me explico cómo Mayito Vega, camarero eficaz donde los haya, encaró mal el tiro del parador en corto...

La jugada se presumía apretada; por ende, había que estirarse en pos de la pelota —al estilo de los inicialistas— y no esperar pacientemente por su arribo al guante. Sin embargo, ello le resultó imposible, porque Vega pisó la almohadilla con el pie equivocado (en su caso, el izquierdo).

De modo que un acierto del bando naranja y dos imperfecciones de la defensiva avileña, se conjugaron para que Casañas abriera la Caja de Pandora. Ante el peso de tantos factores, la sensatez levantó vuelo.

Acaso yo también habría cantado «quieto».

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