Guerra avisada a veces mata soldados

Autor:

Roberto Díaz Martorell

«No hay crimen sin castigo» es un viejo proverbio que debería ser la frase de cabecera de quienes en la Isla de la Juventud no respetan las leyes y asumen como suyos los recursos que el Estado destina para el desarrollo sostenible del territorio.

Digo esto porque durante el primer semestre del 2010 se registraron 30 delitos económicos, 11 más que en similar período del 2009, con una afectación superior a los 67 000 pesos, según revela un informe de la Asamblea Municipal del Poder Popular. Y aunque se conoce a los inculpados, se aplicaron medidas disciplinarias y en algunos casos se recuperaron los recursos, el daño no se revierte.

El 40 por ciento de los implicados en dichas ilegalidades esperan el resultado de las investigaciones policiales, y al 60 por ciento restante ya se le aplicó medidas disciplinarias.

¿Cómo explicarnos la comisión de estos delitos en sectores tan sensibles para el pueblo como la Industria Alimentaria y Comercio y Gastronomía?

A mi juicio, estos individuos solo aprovechan las condiciones propiciadas por la falta de fiscalización, la indisciplina laboral, el deficiente control interno y el incumplimiento de las funciones administrativas encaminadas a evitar que hechos como estos ocurran.

¿Cómo se le pone el cascabel al gato? La nueva dirección del sector, dicho sea de paso, ya está «dando agua al dominó» y se reordena y fortalece con personas que tienen conocimientos, capacidad y compromiso, con la mira puesta en preservar los recursos del Estado y brindar un servicio de calidad al pueblo.

De igual modo, es relevante que algunas acciones para fortalecer la contabilidad y el control interno en las diferentes empresas y organismos del territorio, implementadas desde finales del 2009, permitirán a las autoridades locales detectar la mayoría de los hechos de corrupción y delitos, generados a partir del incumplimiento de regulaciones para sanear la economía.

Tales medidas revelan que entre las violaciones más frecuentes figuran la apropiación indebida de efectivo, y de recursos para dedicarlos a la venta ilícita a precios elevados, una de las mil maneras de aprovecharse de las necesidades del prójimo, especialmente cuando este no encuentra ciertos productos en la red minorista.

¿De qué depende conjurar estos desfalcos? En la medida en que se aprovechen al máximo los planes de control como herramientas de trabajo y se apliquen adecuados métodos de dirección empresarial, los resultados serán positivos.

De lo contrario seguirán «cayendo en el jamo» aquellos que sientan la «necesidad» de resolver sus problemas a costa de los recursos estatales; y aunque la guerra está avisada, «matar soldados» después de delinquir no debe ser el estilo ni el método. Se impone la prevención.

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