Hacer de cada hombre una antorcha

Autor:

Carlos Rodríguez Almaguer

Mi porvenir es como la luz del carbón blanco: que se quema él para iluminar alrededor. José Martí. Carta a Doña Leonor Pérez

Cuando este 27 de enero una marea de fuego vuelva a bajar por la Escalinata de la Universidad de La Habana, y recorrer la calle San Lázaro hasta llegar a la Fragua Martiana, la juventud cubana estará recordando al mundo, como lo hizo hace 59 años, que en la pelea humana entre la virtud y el vicio, el desinterés y la codicia, y el amor contra el odio, «el que pudo ser antorcha y desciende a ser mandíbula, deserta».

Esas antorchas, como aquellas de 1953, constituirán el símbolo de las virtudes que iluminan el alma de un pueblo que ha sabido siempre vencer oscuridades: las de la colonia mezquina y ultrajante, las de la neocolonia indigna y bochornosa, y las de la ignorancia intencionada en que lo tuvieron sumido por más de cuatro siglos.

En tiempos que se advierten, sin duda, definitivos, no caben ni la indolencia criminal ni el triunfalismo suicida. La dignidad y el decoro de un pueblo no son sino la suma de la dignidad y el decoro de todos sus hijos, y la falta de ellos en algunos, obliga a mayor suma en los otros. Eso enseñó el Apóstol, aquel en cuyo honor se encendieron las primeras antorchas en el año de su Centenario, meses antes de que un grupo de jóvenes fueran a luchar y a morir, como magnífico desagravio ante las tinieblas que oscurecían el cielo de la patria, para demostrar que su memoria no se perdería para siempre porque su pueblo era digno y fiel a su recuerdo.

Frente a las campañas difamatorias que los enemigos de nuestra libertad lanzan una tras otra, solo cabe en los pechos honrados cerrar filas para impedirle el paso al gigante de las siete leguas, que siempre nos ha querido poner la bota encima. La estela de luz que dejarán las llamas del decoro cubano este 27 de enero trazará el camino de las celebraciones internacionales por el aniversario 160 del natalicio de José Martí, el 28 de enero de 2013, y será el preludio luminoso de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, que abrirá sus trabajos en la mañana de este 28 de enero, en homenaje al «hombre más puro de la raza», aquel que, al ver las potencialidades del hombre disminuirse entre la indiferencia y el abandono, nos dijo con dolor que «la mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra, comieron y bebieron pero no supieron de sí, y todavía son los hombres máquinas de comer y relicarios de preocupaciones, y es preciso hacer de cada hombre una antorcha».

Andar, dar luz de sí, brillar por la virtud: he ahí el deber ineludible de cada ser humano para disipar las brumas de estos tiempos, oscuros todavía a pesar del saber acumulado.

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