Trasplantes excluyentes

Autor:

Julio César Hernández Perera

Los lectores especializados, mayoritariamente profesionales de la salud vinculados a la actividad de trasplante de órganos y tejidos, mostrarán sorpresa ante el diseño de la revista médica American Journal of Transplantation (Revista Americana de Trasplante) correspondiente al mes de febrero de 2012.

En la portada, las usuales imágenes de vivos colores han sido reemplazadas por una figura cuadriforme que rompe la rutina: dividida justo a la mitad, muestra la contraposición de dos gamas: el negro y el blanco. Así se anuncia el tema central: «Diferencia de oportunidades para el trasplante en norteamericanos de uno u otro color».

No frecuentes en este tipo de publicaciones, varios trabajos abordan una problemática común: ¿Por qué en los Estados Unidos los enfermos de piel negra se trasplantan menos de riñón que los que tienen la piel blanca?

En el año 1972 se promulgó en ese país una ley que otorga a los pacientes con enfermedad renal terminal el derecho a la cobertura de asistencia médica, tanto en la diálisis como en el trasplante. Sin embargo, se advierten desde hace varias décadas —por parte de sectores médicos preocupados—, manifiestas desigualdades entre personas de piel blanca y las de piel negra.

Este contraste contempla todas las etapas que median en los trasplantes de riñón: la remisión oportuna a los centros especializados, la evaluación como candidato a trasplante, la puesta en la lista de espera mientras aguardan por un órgano, y el acto mismo del trasplante.

Uno de los artículos de la revista, realizado a partir de la experiencia en un importante centro hospitalario en el sudeste de los Estados Unidos (hospital universitario Emory), incluyó en su estudio a 2 291 pacientes con enfermedad renal terminal. Aunque la mayoría eran de piel negra (64,9 por ciento), en este grupo afloraron grandes desventajas:

Cerca de la mitad no fueron evaluados como potenciales candidatos a trasplante y con ello se esfumaban, desde el principio, las posibilidades de recibir ese tratamiento. Mientras, en el caso de los blancos, los desafortunados no llegaban al 40 por ciento.

De los negros estudiados como candidatos, el 60 por ciento fue puesto en lista de espera para trasplante. Los blancos, sin embargo, volvieron a tener mejor suerte: representaron el 71 por ciento.

Y en el acto final más importante, el del trasplante, solo el 19 por ciento de los negros resultó el grupo beneficiado. Es una cifra muy inferior si se compara con el 69 por ciento correspondiente a los de piel blanca.

Ante tal disparidad, se advirtió una conclusión numérica: «Los pacientes negros tienen menos posibilidades de ser trasplatados de riñón, en comparación con los blancos». Es decir: la brecha, según los análisis bioestadísticos, es del 59 por ciento.

Los autores del artículo no fueron capaces de explicar totalmente las razones de tales diferencias. Pero no hay que escarbar mucho para entender las motivos. El sistema social imperialista no asegura la equidad del acceso pleno a la salud y la educación. A eso, sumemos la herencia de discriminación, aún no resuelta, que ha sufrido esa nación amasada con el desprecio, por parte del blanco conquistador, hacia indios, negros u otros que no tuvieran su mismo color de la piel, su misma cultura rapaz.

Hacia el interior de la sociedad norteña, los negros representan las capas más necesitadas. Del total de enfermos mencionados en el estudio que sirvió de punto de partida para esta reflexión, la tercera parte vivía en condiciones de extrema pobreza; y de ellos, casi el 80 por ciento eran negros.

No sabemos si fue obra del azar o un gesto lleno de intención. La revista médica apareció en febrero, cuando se celebra en los países de América del Norte el Mes de la historia de los negros. La evocación remite, inevitablemente, a una verdad: el «sueño americano» persevera como anhelo intangible para quienes llegaron desde África amontonados y amarrados como bestias. La sombra de ese abuso acecha con todos sus dolores. Y los números concernientes al trasplante renal son apenas parte diminuta de esa historia real.

* Doctor en Ciencias Médicas, especialista de Segundo grado en Medicina Interna, Profesor Titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana e investigador auxiliar.

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