27 °C Aquella mañana, durante el pase de visita médico, Maritza, una genetista de Güira de Melena recientemente trasplantada de hígado, mostraba gran locuacidad. El diálogo paciente-doctor versaba sobre cuántas personas desconocidas concurrieron en su operación, y en especial la obra altruista de los donantes —anónimos— de órganos y tejidos.
Aunque sabía que no fue necesario transfundirle mucho más de dos bolsas de sangre durante la compleja intervención, Maritza se asombró al conocer que para ello se requiere contar con importantes cantidades de hemoderivados (glóbulos, plasma y plaquetas). Y para alcanzar esos volúmenes, se estima un promedio de más de 30 donantes. Treinta personas desconocidas que la ayudaron a evadir la muerte prematura.
Este es uno de los numerosos ejemplos que pudieran tomarse de la vida diaria. Sin embargo, como sucede con cualquier avance de la Medicina moderna, siempre acecha una pérfida corriente mercantilista en este mundo. Y aunque parezca inverosímil, hay quienes llegan a objetar la noble razón de donar.
La sangre es un recurso muy especial, insustituible por el momento. Sin ella nadie puede vivir. Las transfusiones son tratamientos ineludibles para algunas condiciones médicas graves. Entonces, ¿quién se cree con la autoridad divina de ponerle el precio? ¿Sobre qué parámetros?
La primera experiencia de donación de sangre se la debemos al londinense Percy Lane Oliver quien, en 1921, era secretario de una División de la Cruz Roja Británica cuando recibió una llamada urgente requiriendo el vital líquido. Corrió junto a dos compañeros hacia el hospital. Uno de ellos poseía el grupo compatible, y el enfermo sobrevivió.
Después de aquella urgencia, Oliver concibió crear una entidad pública de donantes voluntarios previamente seleccionados. Semejante servicio salvó centenares de vidas, pues hasta entonces los médicos dependían de una insegura presencia de donantes.
Sin embargo, la experiencia se transmitió de manera tergiversada hacia otras latitudes. Con natural inspiración lucrativa, los estadounidenses crearon en 1937 su primer banco de sangre. No vieron nada injusto en cambiar sangre por dinero, y aplicaron un frío profesionalismo al reclutamiento de proveedores: pagaban de 35 a 50 dólares por cada entrega.
Pero los que vendían la sangre eran los más necesitados, máxime cuando en ese país sobrevino la depresión económica. Esas personas con frecuencia eran portadoras de sífilis y otras enfermedades.
A la par, emergieron verdaderas «industrias vampiras». En su afán por obtener ese recurso, tales compañías fundaron factorías de plasma en barrios pobres de los Estados Unidos. Más tarde, buscando nuevas fuentes de materia prima, importaron plasma desde países del Tercer Mundo, en especial de América Central.
Era atroz: la sangre retribuida pasaba a ser propiedad privada de la entidad extractora, la cual podía emplear ese recurso a su antojo. No pocas veces se violaban principios éticos esenciales, al no garantizarse la seguridad del receptor.
Pronto se conoció que esta sangre era más insegura: se conoce que el hallazgo del virus de las hepatitis y del sida, es ocho a diez veces más frecuente entre quienes venden su sangre que entre los que la donan generosamente.
En Cuba la donación de sangre es voluntaria y no remunerada. Gracias a esa política innegociable se pueden garantizar demandas de hemoderivados para apoyar colosales proyectos de salud como la atención y tratamiento de pacientes con cáncer, y realizar intervenciones quirúrgicas complejas como las cardiovasculares y los trasplantes.
Maritza nunca sabrá de quién es la sangre que corrió por sus venas para salvarla. Pero no deja de impactarle el que tanta generosidad se transfunda en sus arterias, y provoque hasta lágrimas de gratitud, como sentida reverencia ante la bondad de sus semejantes.
Colega Julio César Hernández Perera ¿Cómo sigue el Calixto García? Me decía un Prof. De la Sala San Martin que hasta encima de las piedras se impartía docencia y guardo muchas agradables anécdotas de ese, mi querido hospital. La donación de sangre es la única cosa en el mundo que su comercialización lleva implícito grandes riesgos como los señalados en el artículo. También lleva implícita la superación constante de quienes hacen esta tarea para que cada día tenga una carga mayor de nobleza y se sumen más voluntarios con buena salud y disposición altruista.
La solidaridad humana es una de la bondades mas lindas y el donando de sangre ayuda a salvar vidas, dios recompensara a tan noble labor y la satisfacción interna que queda de haber podido ayudar a salvar una vida.
A su real artículo,doctor Julio Cesar,sobre los vampiros que de la sangre hacen un negocio multimillonario, al igual que en toda la industria médica fuera de Cuba,le agregaria que por aca lo mejor es hacer lo que tengo planificado hace años y hasta ahora,gracias a Dios,me ha ido funcionando: VOY A MORIR SANO.Saludos: Modesto Reyes Canto.
La donación de sangre es uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecer. No entendí a cabalidad su importancia hasta que visité un banco de sangre, donde puede constatar sus múltiples beneficios, que de alguna manera inciden en cada persona en algún momento de la vida, ya sea a través de medicamentos, vacunas, tranfusiones, albúmina o intervenciones quirúrgicas. Creo que el pinchazo no es nada si se compara con el gran bienestar que brinda a otras personas.
Julio: Te felicito por este artículo, es importante resaltar el altruismo de nuestro pueblo y la importancia que tiene entre las donaciones de órganos, las de sangre. Aunque parezca simple para algunas personas, permite salvar miles de vidas y estamos muy necesitados de ella, en el caso de los trasplantes la donación de otro órgano como el hígado puede perderse si no hay sangre suficiente, un abrazo grande para Maritza, saludos, Marcia
Lo verdaderamente escalofriante es la posibilidad de trasmisión de esas enfermedades al no tomarse las debidas precauciones.
Dr. Julio te felicito por este articulo,por lo bien enfocado y redactado que esta,es importante resaltar el altruismo de nuestro pueblo y llamar a la reflexión,de aquellos que aún venden su sangre al diablo.
Este trabajo puede catalogarse como "MUY ESPECIAL". Es primera vez que oigo algo nuevo relativo a este tema. Siempre lo mismo como esquemas sin explicar las razones como se menciona por el Dr. Julio César. Muchas veces en la prensa se escribe cosas que no convencen. Este artículo convence y mucho agradecemos cosas como estas, donde se motiva en este caso a donar sangre y no queda como un slogan frío. Sinceramente me gustó mucho por lo que felicito al autor y al periódico. Este no es mi sentir, es el de un grupo de amigos que lo leímos varias veces en el formato escrito.