¿Es presidencialista el sistema político norteamericano?

Autor:

Lázaro Fariñas

El sistema político norteamericano es sumamente interesante en muchos aspectos. Es un régimen presidencialista en el cual hay una división de poderes claramente definidos. Existe un Congreso impopular que es el que hace las leyes, un Tribunal Supremo de Justicia que es el que interpreta la constitucionalidad de las mismas, y un Presidente ejecutivo quien es el responsable de implantarlas o, lo que es igual, existe el poder legislativo, el judicial y el poder ejecutivo.

Así de simple se define el sistema político norteamericano. Como se sabe, existen dos partidos políticos mayoritarios que se reparten el poder cada cuatro años. Son dos partidos que bien se pueden considerar dos alas del mismo partido. Por lo tanto, casi se puede afirmar que Estados Unidos está regido por un sistema unipartidista, donde no existe la opción, ni la intención, de hacerle cambios profundos a las estructuras del régimen imperante. Por mal que vayan las cosas, por injusto que pueda ser el sistema, no existe un político en este país a quien se le ocurra semejante idea.

¿Cómo puede llamarse presidencialista un régimen en el cual el primer mandatario no tiene ni los poderes para nombrar a sus ministros sin el consentimiento de los legisladores? ¿Cómo se puede llamar así, si el mismo Presidente no es elegido por las personas que votaron por él, sino indirectamente por desconocidos compromisarios?

Es decir, que se da el caso de que el Presidente nomine a alguien para ser ministro y este no pueda ejercer porque los adversarios del Presidente le nieguen el nombramiento. Sencillamente, si los congresistas quieren hacerle daño al Presidente, porque es de la otra facción del partido, no le aprueban a la persona escogida para que lo ayude en el Gobierno. Es indiscutible que los presidentes en los Estados Unidos poseen bastantes poderes, pero el legislativo tiene muchas formas para limitar los mismos. Cuando la Casa Blanca y el Capitolio no pertenecen a la misma facción, el Gobierno puede llegar hasta a paralizarse.

En estos momentos, por ejemplo, nos estamos acercando a un precipicio fiscal, que es como lo han llegado a denominar. Resulta que el Gobierno, en época de George Bush, hizo una rebaja de impuestos para todos los contribuyentes, sin que importara si estos pertenecían a la clase media, baja o alta. Esa rebaja de impuestos se termina el 31 de diciembre de este año y el Presidente afirma que está dispuesto y con la pluma en la mano para extenderla, pero solo si se hace la excepción de la clase más privilegiada de la nación, o sea, aquellos que ganen más de

250 000 dólares al año. Es decir, que no aceptaría una rebaja de impuestos para los millonarios, solo para la clase media y baja.

Pues bien, la Cámara de Representantes, dominada por los adversarios del Presidente, se niega a llegar a un acuerdo con la Casa Blanca para resolver el abismo económico que se acerca. Si no llegan a un acuerdo antes del fin de año, los miembros de la clase media verían un sustancial y desastroso aumento de los impuestos que deberán pagar, lo que bien pudiera llevar a la endeble economía norteamericana a una recesión, que en estos momentos sería catastrófica. No creo que el agua llegue al río; estoy convencido de que, antes de la fecha conocida, ambas facciones llegarán a algún tipo de acuerdo que resuelva la situación e impida que se convierta en debacle. El partido no va a permitir que las aguas se salgan de su cauce.

Por otra parte, es muy posible que el presidente nomine a Susan Rice, la actual embajadora ante las Naciones Unidas, para el cargo de Secretaria de Estado. La señora Rice, que no tiene ningún tipo de parentesco con Condoleezza Rice, es una mujer sumamente calificada para ocupar el cargo. Pero los congresistas republicanos le han enfocado los cañones aun antes de que el Presidente la haya nominado.

La campaña en contra de su nominación la empezó el senador John McCain, el mismo que perdió las elecciones en el 2008 contra el presidente Obama. El senador afirma que la señora Rice desinformó al pueblo norteamericano sobre los sucesos de Bengasi, donde el Embajador norteamericano en Libia perdió la vida. Rice se defiende afirmando que ella solo declaró lo que las agencias de inteligencia le habían informado. Si el Presidente decide nominar a la Rice, otra vez se verá enfrentado con el poder legislativo.

En ambos casos, se ven claramente las limitaciones que tienen los presidentes de Estados Unidos para tomar decisiones importantes; eso sin contar con la enorme independencia que tienen los diferentes estados de la Unión. Indiscutiblemente, tienen poder, pero no el mismo que tendrían en un verdadero sistema presidencialista.

*Periodista cubano radicado en Miami

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