Cooperativismo: la alianza esperada

Autor:

Angie Fernández Lorenzo*

La actualización del modelo económico y social del país ha sido reconocida como la principal vía para el reforzamiento de la construcción del socialismo en Cuba, entendiendo la necesidad de dinamizar el desempeño de los actores económicos en un contexto de crisis internacional, tanto de la empresa estatal como del resto de las formas de propiedad que coexistirán, especialmente la cooperativa.

El cooperativismo a nivel mundial se ha erigido como un movimiento socioeconómico centrado en el desarrollo del hombre y la comunidad, a partir de la asociación de personas con necesidades y aspiraciones comunes que desean satisfacerlas mediante la realización de actividades económicas relacionadas con la producción y/o el consumo. La aceptación del rol que ha de jugar el cooperativismo en esta nueva etapa en Cuba, extendiéndose hacia otros sectores económicos más allá del agropecuario, es un reconocimiento a las potencialidades de la empresa cooperativa, sin dejar de advertir la necesidad de perfeccionar los métodos de gestión que hasta el momento se han empleado, dirigidos a garantizar la correspondencia con el ideal cooperativo que acumula años de experiencia a escala internacional y los principios de desarrollo del modelo socialista cubano.

Es precisamente el aprovechamiento de las capacidades internas de la cooperativa —que provienen de la esencia de dicho movimiento socioeconómico, por demás apegado a nuestros principios sociales y colectivos, más que cualquier otra de las formas de gestión a implantarse en el perfeccionamiento del modelo—, uno de los principales retos a enfrentar.

Téngase en cuenta que las insuficiencias en el proceso de gestión empresarial constituye uno de los  elementos que más influye en los fracasos dentro del movimiento cooperativo a nivel internacional, al existir cooperativas que optan por un desmedido afán de ganancia, obviando sus principios, valores, base estatutaria y reglamentaria, y especialmente, su carácter dual: económico y social; condenando al fracaso el modelo de gestión, y con ello el ideal por el que surgieron.

A ello se une la influencia que ejercen como parte del entorno cooperativo, las relaciones con el Estado,  reconocidas como una de las principales debilidades del cooperativismo a nivel internacional y que en nuestro caso tendrá que desarraigarse de viejos patrones paternalistas, a tono con la necesidad de respetar la autonomía de estas organizaciones y la creación de una estructura institucional adecuada que armonice sus intereses con los de la nación, en lo que se deberá avanzar como parte de la implementación de la nueva política económica.

Se trata, en resumen, de respetar y aprovechar al máximo las particularidades en la gestión de estas organizaciones, con capacidad para obtener un alto desempeño económico y social, a partir de la implementación coherente de sus principios y sistemas de valores (democracia, igualdad social, equidad, solidaridad, transparencia, responsabilidad social, otros)  en el modelo de gestión, con un entorno regulatorio que lo facilite.

Se abre pues, como parte de la actualización del modelo, una nueva posibilidad a la introducción de formas de gestión colectivas basadas en formas de propiedad, que aunque ya reconocidas en la Constitución de la República, deberán ser explotadas con tenacidad y sabiduría.

*Doctora en Ciencias Económicas y profesora auxiliar de la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca. Investigadora del Centro de Estudios sobre Desarrollo Cooperativo y Comunitario.

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