El lanzallamas

Autor:

Luis Sexto

Cierta crítica de hoy, particularmente en la blogosfera, aturde, porque se caracteriza por la estridencia, que en términos estilísticos se refiere a la brusquedad de las palabras y al tremendismo del tono.

Sin apretar las analogías, parece que aún perdura la tradición decimonónica del énfasis vargasvilesco, calificativo que sirve para nombrar la retórica del denuesto, uno de cuyos exponentes fue el colombiano José María Vargas Vila. ¿Qué comparación propondríamos para definir esta crítica? Tal vez sea un lanzallamas que calcina aquello mismo que procura mejorar.

Esa crítica huele a bilis, porque se escribe o se habla como en un movimiento gástrico. Admito que la estridencia  —esto es, el insulto y la intransigencia— tiene un atractivo. Los lectores, oyentes o televidentes, en medio de una circunstancia social que no se explican, probablemente se compensen cuando lean, oigan o vean que cuanto sufren recibe los efectos restallantes del tambor de la ira. Ah, qué alivio.

Vistas así las cosas, habría que preguntar para qué otra función sirve el insulto y la negatividad. ¿Acaso ayuda a comprender la realidad o, en cambio, colabora a que se deteriore más? Poco útil resultaría un análisis que no tenga en cuenta los diversos factores que determinan un problema, o que niegue pontificalmente competencia «a otros» para resolverlo. Concluyendo, además de atizar el encono y prodigar el desahogo por ósmosis, ¿qué beneficio produciría una crítica contra la rigidez, articulada severa y enconadamente? La disyuntiva, a mi parecer, se reduciría por consiguiente a una opción: crítica equilibrada o crítica colérica; sugerente o estridente.

Quizá sea atinado empezar aceptando que lo que distingue u opone entre sí a la estridencia y a la sugerencia no es la forma. Porque la forma es el contenido, y este, la forma, por obra de una mediación dialéctica muy conocida. Y crítica estridente y crítica sugerente se diferencian, incluso se oponen, por las intenciones con que ambas se cristalizan. Como vimos, la estridencia escancia el furor, la petulancia y hasta el oportunismo político. Tiende a rebajar, desacreditar. La sugerencia, en cambio, analiza a la redonda; juzga lo que ve junto con lo que permanece en sombras; comenta mediante argumentos y propone sin disponer.

Según opiniones como la de la periodista mexicana Alma Guillermoprieto, la crítica estridente ha legado el ruido y el escándalo. Y la crítica sugerente, digo yo, el equilibrio, la visión multilateral y la capacidad de evidenciar… Desde luego, lo dicho es solo una sugerencia.

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