Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Mucho corazón para tan poca fuerza

Autor:

Yahily Hernández Porto

Con apenas cuatro años, cuando una criatura atrapa el espacio a puro juego y travesuras, a Dayana Cardona González le diagnosticaron atrofia de la médula espinal progresiva tipo III, padecimiento conocido como Síndrome de Werdning Hoffman.

Se trata de una enfermedad degenerativa hereditaria, la cual causa la paulatina debilidad del sistema físico-motor y del sistema respiratorio.

Sentada casi las 24 horas del día en su silla de ruedas —junto a su máquina que le permite respirar—, se acicaló temprano el domingo último, para recibir en su casa, ubicada en calle 4ta. del reparto Buenos Aires, a los pioneros que le traían su boleta, desde el colegio electoral No. 5, de la circunscripción 146, de esta ciudad.

«Nada puede impedir mi voto por el Sí, pues en nuestra Constitución estoy representada y no solo como mujer, sino como una joven con limitaciones físico-motoras. Todos mis derechos están preservados en la Carta Magna», afirmó.

Y, a pesar de la escasa movilidad en sus dedos y manos, cogió el lápiz con la ayuda de la pionera Danieyis Rodríguez. Apenas con una X marcó en el recuadro. Razones le sobran a esta agramontina de pura cepa, para desafiar a su endeble fuerza muscular.

«Este Sí es por mi Patria, que nunca me dio la espalda. Yo nací el 26 de noviembre de 1990, cuando el período especial comenzaba. Aún recuerdo la caja de bombones que en una ocasión, me mandó como regalo el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, y el equipo respiratorio que me ha mantenido con vida hasta hoy», dice.

Su mamá tuvo que andar muy ágil desde las seis de la mañana del pasado domingo, por el empuje de su muchacha, periodista de profesión, quien labora en la página digital de Radio Cadena Agramonte. La observa con ternura desde bambalinas, mientras la muchacha habla. Pero cuando le dan la oportunidad, la madre se adueña de la conversación:

«Mientras tenga fuerzas, mi hija apoyará esta Revolución inmensa, y muy especialmente desde las redes sociales, donde se le ve sin descanso enfrentando a quienes tratan de desvirtuar la  esencia humanista y solidaria de nuestra obra colectiva.

«Te lo dice una madre que cuando más desolada estuvo, porque mi niña podía morir, hasta Fidel nos apoyó para que se salvara», subraya emocionada Marlene González Fernández frente a su esposo, Frank Alejandro Cardona Soberao.

Entre los más de siete millones de votos que reafirmaron tantos motivos para creer y desafiaron malos augurios, allí estaba la cruz trabajosa de una joven que, desde su inmovilidad, atrapa los espacios del mundo virtual, y también de la realidad.

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