Una abogada tras la tumba de Cleopatra

Durante su visita a Cuba, la única investigadora latinoamericana con un proyecto de excavación en tierras egipcias contó a JR las peripecias de su aventura en la búsqueda de la enigmática reina del Nilo y su amante romano, Marco Antonio

Autores:

Patricia Cáceres
Randy García

Es joven, mujer, latinoamericana y sin formación académica en el mundo de la arqueología. Pero aun así la audacia de la dominicana Kathleen Martínez Berry podría conducir a uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XXI: la tumba de la reina egipcia Cleopatra VII.

Quienes tuvimos el privilegio de conocer recientemente en Cuba a la única investigadora de un país subdesarrollado con un proyecto de excavación en tierras egipcias, quedamos sorprendidos ante la idea de que la cámara que guarda los restos de la antológica seductora de hombres y el político romano Marco Antonio, permanece escondida en un lugar diferente al que muchos piensan.

La teoría se sustenta en más de seis años dedicados con todo el esfuerzo —y hasta con sus recursos financieros— a descubrir este pasaje que esclarecería las interrogantes sobre la muerte, en el año 30 antes de nuestra era, de estos dos personajes tan controversiales de la historia antigua.

El interés de Kathleen por el Antiguo Egipto surgió en el colegio, durante las clases de historia en su ciudad natal, Santo Domingo. Pero no fue hasta cumplir 15 años que prometió a un grupo de intelectuales, reunido en la casa de su padre, reivindicar la imagen de Cleopatra, a quien los presentes estaban retratando como una mujer «lujuriosa» y «banal».

Graduada de Derecho de la Universidad Católica de Santo Domingo, arqueóloga por afición, la joven comenzó a sentir la necesidad de investigar a este enigmático personaje. «Fue entonces que aparecieron muchas dudas y empecé a sentir una gran fascinación», confesó Kathleen, quien estuvo más de 15 años estudiando la vida de la última reina de la dinastía Ptolemaica.

¿Intuición femenina?

Según la versión más extendida, Cleopatra se quitó la vida al hacerse picar por una cobra egipcia (áspid), pero antes de morir designó el lugar en que sería enterrada junto a su amante, Marco Antonio, que ya se había suicidado tras ser derrotado por Octavio en su lucha por dominar el Imperio Romano.

«Un buen día entendí que había hecho el descubrimiento del posible lugar que ella escogió para ser sepultada junto a su amor», relató.

Entonces Kathleen tomó un avión rumbo a Egipto, para visitar las ruinas de varios templos y la biblioteca de Alejandría, y así confirmar su hipótesis.

La tumba de Cleopatra, así como la de Alejandro Magno y la de importantes faraones del antiguo Egipto, ha sido buscada durante siglos. Sin embargo, Kathleen sugiere que la indagación se ha realizado en los sitios equivocados.

«Mi idea se basa en el hecho de que la muerte de Cleopatra, usando una cobra egipcia, no fue un suceso aislado, producto de la desesperación, como se pensaba, sino el inicio de un acto religioso consumado con mucha espiritualidad, que tenía que ser completado con ella enterrada en un templo… ¿pero cuál?».

En 2004 la investigadora latinoamericana ya había visitado disímiles opciones. «Marqué unos 20 lugares que la reina del Nilo pudo haber escogido; sin embargo, una vez que llegué a las colinas de Abusir, en el templo Taposiris Magna, donde no queda prácticamente ninguna edificación en pie —solamente las murallas y los pilares—, pude constatar que existían todas las condiciones para que fuera ese el sitio indicado».

Al decir de la estudiosa, el Taposiris Magna era el templo más sagrado en su tiempo y fue construido por la dinastía griega de los Ptolomeo, que gobernó Egipto tras la muerte de Alejandro Magno.

Este se halla en el límite de Alejandría, lo suficientemente lejos como para que los romanos, que ya estaban en ese momento tomando control de la ciudad, no pudiesen saber lo que estaba ocurriendo en sus adentros, precisó.

Segura de lo que tenía entre sus manos, Kathleen se embarcó en lo que podría ser una misión imposible: presentar un proyecto de excavación al Doctor Zahi Hawass, director del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.

Contra molinos de viento

Fue así que en 2005 la joven presentó el proyecto al Gobierno egipcio, sustentado por la Universidad Católica de Santo Domingo.

«En ese momento parecía que no estaban creadas las condiciones para que las autoridades egipcias me dieran el permiso, puesto que soy abogada y no arqueóloga. Además, nunca se había otorgado una licencia a un latino para excavar en su territorio, menos a una mujer», refirió Martínez.

Sin embargo, resulta curioso que los dos grandes hallazgos arqueológicos de la historia los hicieron dos personas cuya profesión no era precisamente de esta especialidad, subrayó.

«Una de estas era Heinrich Schliemann, un simple mercader de antigüedades que desde niño soñó con Troya, y confiaba en lo que narraba La Ilíada. Después de varios años de excavación en las costas turcas, en 1870 descubrió la nombrada ciudad, sin dudas uno de los proyectos arqueológicos más significativos.

«Por otra parte, el hallazgo más importante realizado en Egipto, la tumba de Tutankamon, lo hizo Howard Carter, un dibujante que sustituyó a su padre, por problemas de salud, como aprendiz de William Matthew Flinders Petrie, el más famoso de los expertos ingleses de este campo.

«Si estas personas lo lograron, no había razón para que yo no pudiera intentarlo. Así que le presenté mi teoría al Doctor Hawass y este accedió a mostrarla al Consejo Superior Egipcio de Antigüedades», confesó.

Entonces le concedieron una licencia de solo dos meses para demostrar que tenía razón, un tiempo que en arqueología resulta prácticamente insignificante.

Si la teoría era correcta —explicó Kathleen—, en el templo debían encontrarse túneles, pasadizos y cámaras subterráneas que condujeran a la tumba perdida de Cleopatra y Marco Antonio.

Sin embargo, en aquel momento el Doctor Hawass insistió en que la idea carecía de fundamento, ya que era conocido que los pasadizos y túneles en los templos egipcios se construían por fuera, y no bajo tierra.

Más cerca de la reina del Nilo

El sitio seleccionado para iniciar la búsqueda de la tumba de Cleopatra y Marco Antonio había sido excavado previamente en 1805 por una expedición de Napoleón Bonaparte.

Si bien nunca se supo exactamente el motivo, la información recopilada en aquel entonces fue de gran utilidad para Kathleen y su equipo.

«Gracias a los datos recopilados supimos que existió una carretera que conducía desde la zona oeste de Alejandría al templo y que bordeaba toda la costa. Este era un importante indicio de que en su momento el mausoleo era uno de los más significativos de la zona.

«En cambio, algunos historiadores y arqueólogos indicaban que ese lugar no llegó a terminarse y que nunca funcionó. Si la teoría de ellos era correcta, entonces yo estaba equivocada», afirmó Martínez.

Durante semanas no apareció ninguna evidencia concluyente. Pero la mañana anterior a la fecha límite de la licencia, con las esperanzas por el piso, el equipo se topó con un hueco que conducía hacia dos cámaras subterráneas.

«Hasta ese momento no se sabía que los templos dentro de sus murallas podían tener esa estructura, con cámaras fúnebres subterráneas. El hallazgo permitió que el Gobierno egipcio nos extendiera el permiso por dos meses más», relató.

El hueco, que era redondo y conducía a dos cámaras en disposición norte-sur, cubiertas de escombros, posiblemente había sido abierto durante el período bizantino.

«No encontramos ningún objeto, reliquia o evidencia, pero el descubrimiento por sí solo cambió la manera en que se concebía la arquitectura de los templos», destacó.

Decidida a no detenerse en su empeño, Kathleen solicitó más tiempo al Gobierno egipcio para demostrar arqueológicamente que el Taposiris Magna estaba dedicado a la diosa Isis, que se construyó al inicio de la dinastía Ptolemaica y que fue de gran relevancia en el período de los faraones griegos.

«De ser así mi teoría se fortalecería, pues lo único que se sabe de Cleopatra es que yace en un templo de la diosa Isis, a quien representaba en la Tierra. Ella habría utilizado este lugar para ser enterrada junto con su amante romano, y así apoderarse de la leyenda de los dioses Isis y Osiris (hermanos y esposos) y convertirla en la de Marco Antonio y ella».

No obstante, la comunidad científica, específicamente en Europa, parecía no estar de acuerdo con Kathleen y no aceptaba que ese hallazgo se correspondiese con el de un templo de Isis.

Unos meses después, a unas pulgadas de la excavación que realizaran arqueólogos húngaros durante siete años, el equipo hizo el hallazgo más importante que podría hacer una expedición de este tipo: encontraron la placa de la fundación del templo.

«Esa placa estaba escrita en jeroglíficos y en idioma griego, y decía que el templo había sido construido por Ptolomeo IV, y que estaba dedicado precisamente a la oración de los dioses Osiris e Isis.

«Inmediatamente demostramos que este era un sitio que sí funcionó y que era importante para la adoración de la diosa. Con ello la teoría se fortaleció y aumentaron las posibilidades de que fuese correcta», puntualizó.

Luego de varios meses de excavación apareció una entrada original, a 25 metros de profundidad. «Esta daba paso a un complejo de túneles de unos 25 kilómetros, que todavía hoy estamos limpiando, pues nosotros solo podemos abarcar en cada temporada (cuatro meses) de 20 a 25 metros».

Según la especialista, diariamente en el lugar que ella indicó en su teoría, se hacen hallazgos de importantes piezas. Se han encontrado monedas con símbolos de los Ptolomeo, como el halcón; objetos con la imagen de Alejandro Magno y Ptolomeo IV, alfileres y anillos utilizados por las sacerdotisas de Isis, cerámicas del período bizantino, estatuas de Afrodita, instrucciones en jeroglíficos, lámparas, así como medallas de sacerdotes.

En el Taposiris Magna también se han descubierto estatuas faraónicas, todas sin cabeza, que hoy son parte de una exhibición itinerante de la National Geographic por los cinco museos más importantes de Estados Unidos. «Pensamos que en la próxima temporada, cuando excavemos en la puerta sur del templo, podemos encontrar las cabezas», aseguró.

En el sitio, además, fueron descubiertos los sepulcros de personalidades de la época, monedas de bronce con las efigies de Cleopatra y Alejandro Magno y una máscara funeraria con rasgos faciales similares a los que se conocen del general romano.

Aparecieron cámaras subterráneas, algunas ubicadas solamente a un metro por debajo del suelo, que nunca habían sido vistas y que en aquella etapa de la historia de la humanidad funcionaban como almacenes para la elaboración de vino.

En una de esas cámaras —narró la investigadora— se encontraba el cuerpo de una mujer que al parecer murió dando a luz. En su mano derecha sostiene un busto de Alejandro Magno, y tiene un talismán en forma de serpiente en el tobillo derecho. Las circunstancias y detalles de su muerte todavía se están analizando.

«Estoy convencida de que limpiando esos túneles vamos a llegar a la tumba de Cleopatra. Aunque sabemos que nos tomará mucho tiempo, por la compleja arquitectura laberíntica y longitud de las cámaras.

«Además debemos cambiar el personal cada dos horas, por la falta de oxígeno, y lidiar con animales que representan un peligro para nosotros, como serpientes venenosas, alacranes y roedores», explicó.

Simultáneamente con las excavaciones bajo tierra, el equipo liderado por Kathleen ha continuado el trabajo en la superficie, analizando las estructuras que una vez compusieron el templo Taposiris Magna.

En los alrededores del mausoleo han descubierto uno de los cementerios más grandes conocidos hasta ahora en Egipto. «Para los arqueólogos indica la presencia cercana de una tumba real», afirmó Martínez.

«Estamos limpiando el lugar y el trabajo es enorme. Una sola de esas tumbas nos consume una temporada completa. Hemos estimado que completar este cementerio puede tomarnos unos 20 o 25 años de trabajo.

«Incluso trabajando continuamente, sin detenernos hasta el final de nuestros días, no vamos a poder ver todos los hallazgos. Pero mi prioridad en las próximas temporadas sigue siendo localizar la tumba de Cleopatra y Marco Antonio.

«Ya hemos demostrado científicamente que el templo funcionó. Sabemos que lo construyó Ptolomeo IV, y que fue uno de los más importantes para la adoración de la diosa Isis…».

Lo que vendrá después solo el tiempo lo dirá, cautivado por esta suerte de magia que, a pesar de los siglos, sigue preservando en secreto la tumba de Cleopatra, de una mujer enigmática y seductora que marcó un hito en la historia de la humanidad.

En tierra cubana

La destacada arqueóloga y egiptóloga dominicana visitó el Instituto Cubano de Antropología, del 11 al 14 del mes de octubre, luego de la invitación de su director, Jesús Rafael Robaina Jaramillo, y de varios meses de coordinación.

En su visita a la capital cubana —un privilegio para los profesionales vinculados al patrimonio arqueológico y su conservación— Martínez ofreció un ciclo de conferencias titulado Tras las huellas de Cleopatra VII en las Colinas de Abusir, relacionadas con las campañas que por más de seis años se ejecutan en las arenas egipcias, y los resultados más recientes.

La visita incluyó un recorrido por lugares de interés histórico y cultural de La Habana, como el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, institución dedicada a las investigaciones arqueológicas en el Centro Histórico de La Habana Vieja.

Otros destinos fueron el Museo de la Revolución y el Memorial del yate Granma, así como Finca Vigía, casa y retiro del afamado escritor estadounidense Ernest Hemingway.

«Me invitan constantemente a muchas conferencias y yo en verdad no tengo el tiempo. Sin embargo, Cuba y República Dominicana son islas hermanas», comentó Kathleen.

«Uno de mis proyectos es crear una escuela utilizando los yacimientos donde estamos investigando para formar arqueólogos de Latinoamérica que continúen el trabajo. Por eso, cuando se trata de alguna invitación de América Latina, le doy prioridad en mi agenda, porque pienso que todos los países de la región pueden hacer su aporte a la arqueología», agregó.

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