El gran apagón virtual

El próximo julio miles de usuarios de Internet podrían quedarse sin ese servicio por una decisión de las autoridades judiciales de Estados Unidos

Autor:

Amaury E. del Valle

Aunque algunos creen que la alarma es exagerada y posiblemente se trata de una estrategia para ganar publicidad, lo cierto es que miles de computadoras en el mundo podrían quedarse sin conexión a Internet el próximo 9 de julio.

Esa ha sido la fecha tope que dio el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI) para «apagar» aquellos equipos que hayan sido infestados por el programa maligno DNSChanger, un troyano que afecta a sistemas operativos Windows, Mac OS y Linux.

Este virus es capaz de modificar en los equipos infectados la configuración DNS —Domain Name Service (Servicio de Nombre de Dominio, traducido del inglés), con el fin de que utilicen servidores ilegítimos, controlados por los atacantes, y así tener acceso a las máquinas.

Los DNS o Nombres de Dominio son una secuencia numérica que identifica a los equipos de cómputo y servidores enlazados, y sin estos sería casi imposible garantizar la conectividad entre sí y a nivel mundial.

Aunque la red pirata creadora de este engendro fue desarticulada desde el 11 de noviembre del año pasado en una operación internacional denominada Ghost Click (Clic Fantasma), la cual involucró al FBI y distintas empresas privadas y organizaciones que colaboraron, todavía los efectos de su acción no se han podido resolver adecuadamente.

Cálculos de diversas fuentes indican que el DNSChanger alteró los datos de navegación de unas cuatro millones de computadoras en más de cien países, y que si bien gran parte se han logrado regresar a la normalidad, muchas aún continúan infestadas.

El peligro de este software nocivo radica en que el troyano no solo modifica la configuración DNS del equipo infectado para cambiar los servidores legítimos por otros manipulados, sino que accede al router o enrutador de navegación al cual esté conectado y cambia hasta los servidores, con lo cual toda computadora que navegue a través de ellos también resulta comprometida.

Como la función básica de este programa maligno es redirigir la navegación de las máquinas zombis a través de servidores espurios, no solo hace que se abran sitios espurios sin quererlo el usuario, sino que se ponga en peligro la confidencialidad de su información y por ende la seguridad de cualquier entidad.

De ahí la preocupación de empresas y hasta Gobiernos de todo el mundo, que colaboraron con la operación Clic Fantasma para detectar y detener a los creadores de DNSChanger.

Lo que sí sorprendió a muchos es que el FBI y el Departamento de Justicia de Estados Unidos fueran los que decidieran como fecha tope para apagar las computadoras infestadas el 9 de julio, demostrando así, para el que todavía lo dude, quién manda realmente en Internet.

La hora cero

Desde que se descubrieron las redes espurias creadas desde 2007, hasta la captura de los autores del DNSChanger, se creó un grupo de trabajo con el fin de iniciar una serie de medidas de mitigación y desinfección, el cual está integrado por el FBI y el ISC o Consorcio de Sistemas de Internet, según sus siglas en inglés.

Estos tomaron el control de los servidores DNS ilegítimos, sustituyéndolos por otros completamente limpios y funcionales, de forma que los usuarios infectados con este malware pudieran seguir accediendo a los servicios en línea sin problema.

Aunque el apagón cibernético estaba previsto inicialmente para el 8 de marzo, la presión de los usuarios individuales, compañías proveedoras de servicios, empresas y múltiples entidades obligó a que las autoridades de Estados Unidos decidieran aplazar la medida por 120 días.

Pero la hora cero llegará de cualquier forma el 9 de julio, y desde ese día las «víctimas» de DNSChanger, lo sepan o no, quedarán desconectadas de la red de redes.

Muchas han sido las críticas a las autoridades norteamericanas por el manejo de esta crisis virtual, pues si bien a la postre sus intenciones son buenas, la manera de ejecutarlas deja mucho que desear, supeditando a una decisión de la justicia norteamericana el funcionamiento de la web mundial.

DNSChanger ha vuelto, quizá sin quererlo, a reavivar el debate sobre la gobernanza de Internet y la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses sobre la autopista mundial de la información.

Al estar ubicadas en territorio norteño empresas de gran control sobre esta plataforma como Google, Yahoo, Facebook, Twitter y Hotmail, entre muchas otras, o grandes proveedores de tecnología como Microsoft, Apple Computer, Hewlett Packard o IBM, por solo citar algunos ejemplos, en la práctica están sujetas a las decisiones judiciales e incluso gubernamentales estadounidenses.

Algo similar sucede con la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), la cual se fundó en 1998 como asociación sin ánimo de lucro y que, según expresa en su sitio web (http://www.icann.org), reúne a «personas de todo el mundo cuyo objetivo es asegurar que Internet sea segura, estable e interoperativa».

Aunque ellos aseguran que «ICANN no controla el contenido de Internet, no puede detener el correo basura y no gestiona los accesos a Internet», sí reconocen que «gracias a su función de coordinación del sistema de nombres de la red de redes, tiene una gran importancia en la expansión y evolución de Internet».

Tan es así, que de vetar la asignación de los nombres de dominio o DNS a algún país, no solo lo dejarían virtualmente fuera de la web, sino aislado del mundo entero, dada la importancia que tiene actualmente este mecanismo de comunicación internacional.

Esto no ha sucedido nunca, y casi todo el mundo reconoce que sería una inmensa locura hacerlo. Pero por muy descabellado que parezca, de ocurrírsele a algún dignatario norteamericano el ICANN tendría que acatar la ley del país donde radica, pues ningún acuerdo mundial garantiza su inmunidad o supremacía sobre estas, por más que todos reconozcan que sus funciones son supranacionales.

Las malas «buenas intenciones»

No son pocos los que creen que al hablar del uso por parte de Estados Unidos de su poderío mundial sobre las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, especialmente Internet, se trata de una exageración o cuando menos de una hipótesis que nunca ha llegado a concretarse.

Bastarían unos pocos ejemplos, entre estos el caso de Cuba, para evidenciar que es una cruda realidad, a tal punto que impidió a esta Isla conectarse a la red mundial hasta 1994, y aún hoy sigue sin tener acceso directo a las grandes redes de cables de fibra óptica que cruzan a pocas millas de sus costas.

También ha propiciado el encarecimiento excesivo de las compras tecnológicas, por las multas que imponen los fabricantes ante el temor a las sanciones norteamericanas; y hace a los usuarios de computación de Cuba más vulnerables a los programas malignos, porque tienen que acceder a muchas copias espurias de programas, al no poder adquirir los softwares originales.

Se concrete o no las desconexión mundial de miles de computadoras el próximo 9 de julio, y tras las aparentes «buenas intenciones» del FBI y del Departamento de Justicia, lo cierto es que se trata de una demostración más del poderío que unos pocos ejercen sobre una herramienta mundial, que debería ser, como dice la máxima martiana: «Con todos y para el bien de todos».

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