Es posible la amistad tras la ruptura de una relación amorosa

Si se mantienen el respeto y algunos intereses comunes puede recuperarse la vieja amistad que unió para el amor a una pareja El sufrimiento puede aumentar el deterioro de la salud El atractivo físico en la autoevaluación del sujeto como pareja potencial

Autor:

Mayte María Jiménez

Pasar de una relación de pareja a una amistad es algo sencillo según la opinión de varias personas. Otras lo consideran muy difícil, e incluso imposible.

Para los sexólogos, aunque el trance no es tan fácil ni tan rápido, es algo que puede suceder, de acuerdo a las bases sobre las que se construyó la relación, y las causas que llevaron a la ruptura.

El proceso de separación abarca una problemática bastante amplia, desde aspectos económicos o familiares hasta personales, y en especial emocionales.

Cuando un individuo rompe con su pareja, en su organismo se disparan una serie de emociones displacenteras que hacen más difícil la recuperación de su vida normal y dificultan la capacidad de asimilar cambios referentes a los sentimientos que le despierta el otro sujeto.

Pero ello no significa que sea imposible. En algunos casos pueden reconstruirse las bases de la amistad que una vez los unió, siempre que mantengan el respeto y algunos intereses comunes.

Por otra parte, si la relación estuvo rodeada por un ambiente de confianza y la decisión final fue de mutuo acuerdo, libre de rencores, es posible recuperar la vieja amistad. Si, además, en esa relación se procrearon hijos, es importante evitar la tensión entre estos, sus padres y otros familiares.

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Muchos lectores escriben desesperados a nuestra página, contándonos el malestar que sienten a partir de una ruptura con su «media naranja».

Dicen vivir acosados por una sensación de ahogo, incertidumbre o frustración que los encierra en un círculo vicioso y les impide seguir adelante.

Según los psicólogos, estas crisis de ansiedad son reacciones comunes de nuestro organismo ante las decepciones o pérdidas irremediables, que llegan incluso a desencadenar actitudes caóticas, de las que tal vez después nos arrepentimos.

La tristeza que produce el duelo de perder algo que queríamos, casi siempre viene acompañada de la ira, un mecanismo natural de defensa para «salir airosos de la situación», o centrar la culpabilidad en la otra persona.

«Aunque ya no es tu pareja, la sigues viendo como tal, y no logras el rompimiento psicológico-emocional». Así describe el psicoterapeuta mexicano Juan Antonio Barrera esta situación inicial de desarraigo.

Cuando esta primera etapa se supera, ya no hay compromiso alguno y no se sienten tan observados por la ex pareja, puede llegarse a un clima de confianza reposada, en el que incluso se conversa de temas que antes era imposible tocar.

Claro que esta amistad debe darse de mutuo acuerdo. La sinceridad y el respeto son primordiales para que se logre. Si solo uno quiere rescatar las buenas relaciones y la otra persona rechaza el trato, entonces es un autoengaño, precisa Barrera.

Para superar el trance es importante reflexionar: ¿por qué se separaron? Tal análisis brinda la oportunidad de crecer, recapacitar y, si aún es posible, resolver las fracturas encontradas en la relación.

A partir de esta posición se puede actuar de distinta manera, ya sea con la misma persona o con otra. Ser precavidos y observadores de nuestros errores es el camino para evitar el círculo vicioso que describen los lectores.

No obstante, no hay que perder de vista que tal actitud puede convertirse en un arma de doble filo, alertan los expertos. La solución está en aprender a aceptar los errores, analizar qué sucedió y no buscar un culpable.

El consejo que dan los terapeutas es enriquecer la vida con actividades placenteras, hacer aquello que siempre se quiso hacer, y se pospuso por la pareja o compartir con las viejas amistades, para recordar mejores etapas.

Mente positiva, y tiempo al tiempo: así se evitan pensamientos destructivos y sentimientos de culpa, que pueden llevar a la autodestrucción.

La rabia incontrolable no es el mejor camino para dar punto final a una relación, sea o no salvada por la amistad.

VALE LA PENA

Cuando se decide mantener una relación de amistad con la antigua pareja es porque aún quedan intereses compartidos, entre ellos los hijos, algún vínculo económico o amigos en común.

Pasar de pareja a amigos, requiere de un tiempo prudencial. Casi siempre es el que más sufre quien demora más en aceptar el fracaso y eliminar el rencor por el otro.

Es imposible establecer una charla amigable cuando todavía afloran reproches por la separación. Aun así, hay ciertos temas que por lo general se esquivan, por ejemplo, aquellos relacionados con nuevas relaciones afectivas de ambos.

Cuando, además, la ruptura involucra a hijos menores, es necesario mantener una relación de civilizada cordialidad después de la separación, y mucho mejor si es de amistad.

Así se hace más llevadera la toma de decisiones entre ambos ante problemas comunes, a pesar de no estar juntos. Si hace falta, se puede acudir a un mediador, ya sea un terapeuta o un representante legal, pero intentando por todos los medios que la tensión no afecte a la familia.

Si no se tienen hijos, la decisión de ser amigos o desaparecer directamente de la vida del otro queda a libre elección de cada cual. Ambos pueden iniciar una nueva vida sin necesidad de volverse a ver, pero si no obstante deciden mantener una amistad, esta suele ser más sincera que la de aquellas parejas que lo hacen por necesidad.

El respeto, la escucha y la tolerancia se deberán imponer al odio y al rencor, porque donde existió amor, quedan rastros de confianza, cariño y admiración, que, al fin y al cabo, son más que unas tibias cenizas.

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