Filma con los ojos

El uso de las nuevas nuevas tecnologías en la sexualidad de la pareja puede ser una espada de doble filo

Autor:

Glenda Boza Ibarra

El instinto dicta el deber y la inteligencia da pretextos para eludirlo. Marcel Proust.

No quería hacerlo, pero no quedaba de otra. Su novio le había pedido una foto que guardaría en su teléfono para cuando no estuvieran juntos. Al principio dudó, pero luego se desnudó con vergüenza, como quien lo hace en público. Se relajó y comenzó a posar.

Luego de aquella tarde el celular comenzó a ser parte de la relación. Lo mismo la filmaba bailando provocativamente, haciéndole la felación o en pleno acto sexual. Ella se veía desnuda completamente, a él nunca se le descubrió el rostro.

Llegó a decir que si no era de esa forma él no podía excitarse, que nadie vería nunca ninguno de aquellos archivos, que los había encriptado, que los guardaba con contraseña… pero no hay secretos entre cielo y tierra en el mundo de la informática. Su celular cayó un día en manos habilidosas y la reputación de ella cayó también.

No pongas coto, quiero tu foto*

Historias como esta pueden ser comunes, y aunque tal vez estudios estadísticos no los refrenden, crece la tendencia a filmar la intimidad de las parejas, sobre todo jóvenes.

Un celular, una cámara y hasta la webcam de una computadora sirven a quienes desean descubrirse en pantalla, grabar para disfrutar luego o simplemente probar nuevas formas de incentivo sexual.

En Cuba, sin embargo, fenómenos ya generalizados en varios países como el sexting o sexteo (envío de imágenes y mensajes «calientes» a través de SMS) no tienen amplia repercusión.

Soy soberano de mis desiertos y pantanos*

La exposición femenina comienza por imágenes tan «aparentemente» inocentes como las fotos de 15. Alexei Hernández, fotógrafo de 34 años, comenta cómo muchas adolescentes quieren tirarse fotos semidesnudas, con apenas un poco de tela encima.

«A veces el mismo fotógrafo las propone; otras son ellas quienes vienen ya con la idea de cómo será. Igual pasa con las mujeres embarazadas que posan completamente desnudas (cuidando no revelar las partes más íntimas) para que se vea mejor la barriga».

En las relaciones íntimas de pareja ocurre a veces que la mujer decide acceder a tales exposiciones por la conducta coercitiva del otro, el chantaje emocional y el miedo a dejar de ser amadas. Es otra forma de ser violentadas, que se vuelve más dolorosa cuando las imágenes son vistas en público.

«A mí no me molesta», confiesa una joven universitaria que prefiere el anonimato. «Mi novio y yo nos hemos filmado y tirado fotos, pero siempre las borramos después para que no haya casualidades».

«Pues a mí eso no me gusta», dice la compañera de aula sentada a su izquierda. «Sé de imágenes que luego se riegan y entonces la muchachita no puede con la vergüenza».

Las víctimas de tal violación de la privacidad, sea o no de manera consciente, son casi siempre mujeres. Y muy pocos hombres deciden no divulgar ese material que cae en sus manos, sean conocidas o no.

«Mira, es aquella» o «Lo hizo porque quiso», son de los comentarios menos hirientes. La cruz de verse en la pantalla pública marca su reputación por muchos años.

«Yo no estaría con una mujer en esa situación», dice un muchacho que contradictoriamente ha experimentado tal fenómeno con su pareja. «Una cosa es conmigo, y otra que todo el mundo la vea».

La sicóloga y máster en Sexualidad Elia Marina Brito Hidalgo hace algunas salvedades al mirar este fenómeno: «Eso es erotismo, y todo lo que ocurra en aras de lograrlo, siempre y cuando la pareja esté de acuerdo y lo compartan, bienvenido sea. Es algo que la pareja construye, aprueba o desaprueba. No existe un paradigma de lo adecuado.

«No es malo que la pareja o que una persona disfrute de una película o de un material donde haya desnudos y relaciones sexuales, siempre y cuando no tenga otro fin que ese: la búsqueda de placer saludable».

«Incluso muchas parejas deciden acortar las distancias físicas y sexuales con estas nuevas tecnologías. En realidad, quienes deben ser cuestionados son los que violan tal privacidad e interrumpen una comunicación que debería ser personal», acota la especialista.

*Versos de la canción Ojeo, de Buena Fe.

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