Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Campesina y empoderada

Egrisel es una productora agropecuaria en Isla de la Juventud que desempeña un rol fundamental en los trabajos de la finca, junto a su esposo

Autor:

Roberto Díaz Martorell

LA REFORMA, Isla de la Juventud.— Detrás de los excelentes resultados del productor Genito Delgado Arias, uno de los más integrales y aportadores en Isla de la Juventud, destaca el tributo de las manos, pensamiento y empeño de Egrisel Borges Rodríguez, su esposa, amiga, compañera de trabajo, pero sobre todas las cosas, una mujer campesina moderna y empoderada.

Esta joven, ingeniera en Informática, hace siete años decidió juntar su camino al de Genito en la finca El Paraíso, donde su apoyo y dedicación son esenciales para el desarrollo y éxito de las labores agropecuarias, además de las relacionadas con la logística, el mantenimiento del hogar y atención a los trabajadores.

A 31 kilómetros de Nueva Gerona, donde reside la familia en un entorno rural que abarca unas 30 caballerías (400,6 hectáreas) y se gestiona, además de otros rubros, un coto porcino de capa oscura, cuya base genética aporta a la multiplicación de esos ejemplares criollos en el territorio, llegó este reportero para dialogar sobre la vida de la mujer en el escenario productivo actual.

Tras un exquisito café, nos sentamos la terraza de la casa, a conversar: «Me levanto todos los días a las seis de la mañana para preparar el desayuno, luego el almuerzo para doce o trece personas y la merienda, porque, además de las responsabilidades con la producción, una tiene que estar  detrás de todos esos detallitos, y los que laboran aquí consumen lo mismo que nosotros, por eso hay que hacerlo con la calidad que merecemos todos», dijo mientras se acomodaba en la butaca.

«Entonces empieza la limpieza de la casa —gesticula como si lo estuviera haciendo— del patio, los corrales y eso es un día normal. Mayormente yo me dedico a buscar todo lo que hace falta de afuera, hacer gestiones para los chips de combustible, toda la parte económica, conciliar la leche y las deudas todos los meses con las empresas ganadera, avícola y porcina, además de atender los pollos de ceba.

Además de atender el hogar y la logística de la finca, la pinera Egrisel participa en la ceba de pollos. Foto: Ana Esther Zulueta

Toma un sorbo de café y pone cara seria. «Puede parecer una labor dura, pero para mí es natural —sonríe—. He dirigido en otros lugares y tú sabes que los dirigentes siempre aprenden de todo un poquito. Sí pienso que para hacerlo bien se requiere capacitación, y muchas mujeres de campesinos lo necesitan para apoyar en todo lo que se hace en una finca, y hacerlo con calidad».

Toma aire, como espantando la incomodidad que le genera la entrevista y acota: «En mi caso, cada vez que voy a hacer un contrato —parte de mis responsabilidades— me llevo a la jurídica de la empresa, lo discutimos y luego vamos a firmarlos, porque hace mucha falta tener cultura jurídica, primero para que no nos engañen, y luego para que ambas partes cumplan lo pactado.

«La organización es vital. Cuando ordenas las tareas y el tiempo, no debe haber problemas, pero sí pienso que hace falta preparación. Muchas de las campesinas se dedican exclusivamente a la cocina, la casa y a atender a las personas. Yo me implico también en las labores de la finca, que al final es el beneficio de toda la familia.

«Al principio Genito se incomodaba un poco, porque era uno de esos guajiros que concebía a la mujer solo de la casa, pero se convenció y cogió el paso», dice mientras atiende un trabajador. 

Se sienta, y con rostro feliz comenta que «como pareja, hemos congeniado de maravilla y hasta ahora todo va funcionando bien. Los trabajadores me ven como una compañera más y me quieren… creo que es porque yo peleo menos que Genito», bromea.

Al preguntarle por la vida de la mujer cubana en el campo, alega sin pensar que «desde 1959, tenemos que agradecerle mucho a Fidel y a la Revolución, porque nos dio la oportunidad de ser libres e independientes, aunque todavía quedan algunos por ahí… —abre los ojos—, pero si la mujer no ocupa su lugar, nadie se lo da. Entonces hay que imponerse y demostrar lo que podemos hacer nosotras, no solo en la casa, sino también en el campo, en una oficina, dirigiendo…

«Llevamos juntos siete años y mis mayores satisfacciones son, en primer lugar la familia, luego el amor que nos tenemos y los logros que hemos tenido juntos, porque cuando tú le pones corazón y amor a todo las cosas salen bien.

«En el poco tiempo libre que me queda me dedico a leer un libro, me gusta mucho la lectura, sobre todo los temas de historia y escuchar música de Ricardo Arjona e instrumentales…», expresa con satisfacción.

Egrisel es de esas mujeres cubanas que garantizan con empeño, amor y sistematicidad, los intentos por lograr la soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible en las zonas rurales de Cuba, escenario donde el apoyo de la mujer campesina en los trabajos de la finca, es invaluable.

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