30 de noviembre de 1956: Causas y azares en el camino de la libertad. Autor: Tomada de Twitter Publicado: 29/11/2025 | 10:51 pm
EL 30 de noviembre de 1956 la ciudad de Santiago de Cuba fue testigo de una acción que demostraba el compromiso de la juventud con la continuidad del proceso revolucionario cubano.
Ese día se produjo un alzamiento armado, coordinado con otras acciones en la antigua provincia de Oriente y en otras provincias del país, con el objetivo de apoyar el desembarco de los expedicionarios del yate Granma, que había zarpado del puerto de Tuxpan, en México, el 25 de noviembre.
Al frente de las acciones se encontraba el joven revolucionario Frank País García. En agosto de 1956, representando a las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en la zona oriental del país, se había reunido con Fidel Castro en México, donde elaboraron el plan del alzamiento. Frank regresó a ese país en octubre para, en su condición de jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento Revolucionario 26 de julio (MR-26-7), ultimar con Fidel los detalles de las acciones que debían apoyar el desembarco.
Al regresar a Cuba, comenzó de inmediato los preparativos para las acciones. Como parte del aseguramiento, orientó a la destacada revolucionaria Celia Sánchez la organización de destacamentos con campesinos de la zona comprendida entre Manzanillo, Niquero y Pilón, que estarían al tanto del desembarco para recibir a los 82 expedicionarios, acompañarlos y servirles de guía para que pudieran desembarcar sin ser descubiertos y trasladarse a las montañas de la Sierra Maestra.
La fecha del alzamiento estaba condicionada al aviso que, desde México, anunciaría la partida de la expedición. El desembarco debía producirse cinco días después.
Cuando se recibió el telegrama en clave, “Obra pedida agotada. Editorial Divulgación”, Frank precisó los últimos detalles y cursó la orden de acuartelamiento de los combatientes para realizar la acción el 30 de noviembre. También se lo comunicó a Celia, para que garantizara el apoyo a los expedicionarios.
Apoyo al desembarco.
Ajustados todos los planes, al amanecer del 30 de noviembre los grupos de jóvenes revolucionarios partieron desde distintos puntos de la ciudad para cumplir las acciones encomendadas.
Ante la insuficiencia del armamento reunido, Frank decidió concentrar las fuerzas en una operación de envergadura en Santiago de Cuba; simultáneamente se producirían otras acciones en Puerto Padre, Ermita, Tunas, Manzanillo, Camagüey, Cienfuegos, Santa Clara y Pinar del Río, entre otras.
En Santiago, las fuerzas revolucionarias se dividieron de la siguiente forma: un grupo, dirigido por Pepito Tey y Otto Parellada, asaltaría la Jefatura de la Policía Nacional; otro grupo tomaría el local de la Policía Marítima y un tercer grupo atacaría el Cuartel Moncada para neutralizar las tropas acantonadas allí. Este grupo dispararía con un mortero a la guarnición militar a las siete de la mañana, señalando el inicio de las acciones.
Otros grupos rescatarían a revolucionarios presos en la Cárcel Provincial de Boniato, y ocuparían armas y parque en la armería Marcé, en Santiago.
El pueblo santiaguero vio por primera vez a los jóvenes combatientes con el glorioso uniforme verde olivo y el brazalete rojo y negro con las siglas MR-26-7 inscritas en él y que los identificaba como miembros del Movimiento 26 de Julio.
El color negro simbolizaba el dolor que sufría la Patria al verse oprimida, el rojo representaba la sangre derramada por el pueblo para lograr la definitiva liberación; el número 26 en blanco, era el símbolo de los puros ideales y de la honradez de los miembros de la organización revolucionaria y recordaba a los caídos en el asalto al cuartel Moncada, en 1953.
El disparo con el mortero al Cuartel Moncada no se produjo al ser detenidos horas antes los líderes de esta acción. El grupo que debía tomar la Jefatura de Policía no logró su objetivo; allí cayeron heroicamente Tony Alomá, Pepito Tey y Otto Parellada. La Policía Marítima fue tomada, así como la armería Marcé; donde fueron ocupadas armas y municiones, cumpliéndose el plan concebido.
Durante varias horas los revolucionarios dominaron distintos puntos de la ciudad, pero hacia el final de la tarde era inevitable el inicio de la represión por parte del ejército batistiano. Ante esta situación, Frank ordenó la retirada, para evitar que las tropas enviadas por Fulgencio Batista asesinaran a otros compañeros.
Como se esperaba, el ejército batistiano centró toda su represión en Santiago, realizando operaciones de persecución y cacería de miembros del Movimiento y colaboradores. No obstante, muchos pobladores les dieron protección, curaron a los heridos y les alertaron sobre los movimientos de las fuerzas enemigas. Comenzaba a forjarse la poderosa maquinaria de la lucha clandestina, de la cual Frank País fue el alma.
El plan de apoyo organizado por Celia funcionó perfectamente, los destacamentos de campesinos permanecieron movilizados y alertas por varios días, en espera de la llegada del Granma; pero el retraso de este determinó que se desactivara ese dispositivo, para evitar llamar la atención y ser víctimas de la represión que se desató en Oriente.
Aunque no coincidió con el desembarco del yate Granma, el alzamiento armado del 30 de noviembre de 1956 demostró la decisión de continuar la lucha, así como la fortaleza y el prestigio del Movimiento 26 de Julio, representante de la vanguardia de la juventud revolucionaria cubana en aquellos momentos.
Santiago de Cuba fue testigo de la disposición de los jóvenes que habían empeñado su palabra en el compromiso de no terminar el año 1956, sin ser libres o mártires.
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