Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Cuando Santiago se levantó de verde olivo

A 69 años del histórico alzamiento del 30 de Noviembre de 1956, los contornos de aquella acción continúan inspirando un pais 

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

 

SANTIAGO DE CUBA. - Cuentan que en la aparente quietud de la noche del 29 de Noviembre de 1956, tras los balcones y balaustres del Santiago insurrecto, el sueño cedió lugar a la vigilia y la impaciencia.

Por las aguas del Caribe, el yate Granma con su valiosa carga,  había puesto proa a la libertad, y aunque la noticia no era del dominio público, la oriental urbe, convocada por un joven maestro de hablar pausado y madurez anticipada, al frente de un grupo de muchachos entrenados en sigilo, se preparaba para levantarse en armas y con ello desencadenar una insurrección nacional que derrocara a la dictadura.

La orden, colegiada en México con el jefe  del Movimiento, el abogado Fidel Castro, era esperar el desembarco para iniciar el alzamiento, pero Frank País, el líder de la clandestinidad,  confiaba en el fervor y la entrega del Santiago insurgente, devenido por aquellos días en un entorno en total subversión, dispuesto a convertirse en epicentro de un nuevo estallido que llevara al derrocamiento de la tiranía.

Por eso, poco después de las 7.00 de la mañana  del viernes 30 de Noviembre, según lo convenido, la urbe santiaguera, vestida por  primera vez de verde olivo, se inundó de disparos en apoyo a la llegada del yate que avanzaba con rumbo fijo a cumplir la promesa de Fidel: «En 1956 seremos libres o mártires».

Aquel despertar de ardores y metralla dio a conocer al mundo el valor y la capacidad organizativa de  Frank País,  que supo encauzar las ansias de casi niños como él y marcó el debut de la entrega de un territorio que hasta hoy sigue siendo puntal de las batallas cubanas.

Al atraer sobre Santiago la atención del enemigo, el apoyo insurreccional haría más fácil  el arribo a las costas cubanas de la embarcación comandada por Fidel. Así se lo había explicado Frank a los jefes de grupo del  Movimiento desde mediados de mes.

El tronar de la libertad

En Santiago, se intentaría cercar el Moncada, para neutralizar las tropas acantonadas allí y acopiar armas.  Para esto último se atacaría la Policía Marítima y la Nacional  y se asaltaría una ferretería en la Plaza Dolores. Ese era el plan cuidadosamente preparado, pero las ansias de aquel amanecer llegaron hasta los hoteles, la catedral, las calles, los edificios...

Atrás quedaban arduas jornadas de prácticas de tiro en las fincas Cerca de Piedra, propiedad de Luis Felipe Rosell y El Cañón, de Luis Manuel Otero; las reuniones con los jefes de células, el ir y venir en sigilo para asegurar armas y municiones, el ruido de las máquinas de coser confeccionando uniformes y brazaletes nunca antes vistos, el alistamiento de botiquines y casas de primeros auxilios y hasta algún  testamento apresurado  a la espera del amanecer: "Por si algo sucedía”.

Tampoco faltaron los contratiempos, las detenciones, los fallos de algunos planes. La acción inicial en el Moncada no pudo consumarse al ser hechos prisioneros Lester Rodríguez y Josué País, los encargados de disparar  el mortero. A pesar del inconveniente,  las inmediaciones de la  fortaleza se poblaron de vehículos y otros obstáculos y los revolucionarios se parapetaron en el Instituto de Segunda Enseñanza, cuyos alrededores serían testigos del tiroteo más largo del día.

Minutos después de las 7.00 de la mañana, el comando que realizaría el asalto  a la ferretería cumplía su misión.  Durante dos horas el edificio de la Policía Marítima, en la actual avenida Jesús Menéndez, fue tomado por los revolucionarios  que ocuparon armas, avituallamientos y se retiraron. Más de 60 presos escaparon de la  cárcel de Boniato y muchos se incorporaron a la lucha.

 Así, aquel último viernes de noviembre de 1957, consecuentes con la palabra empeñada, unos 400 jóvenes se empinaron  sobre sus miedos abrazados por su ciudad, cómplice, solidaria, que se arriesgó por el sueño.

Arrojo en El Intendente

La acción más difícil y trascendente del dia resultó la toma de la sede de la Policía Nacional,  en la Loma del Intendente. Quien evoque los sucesos de aquella jornada tendrá siempre que revivir el brazo verde olivo y el fusil empuñado desde la ventana del auto que comandaba rumbo a la acción, de José Tey Saint-Blancard, para todos Pepito Tey, el entrañable líder estudiantil santiaguero que con entusiasmo memorable encabezaba el grupo.

«Se arriesgó mucho, quizá porque siendo el jefe sintió que tenía el deber de cubrir con su cuerpo a los demás», relataría la heroína Vilma Espín, al hablar del amigo, que tal vez presintiendo el final, contó Vilma, la noche anterior se despidió de los compañeros y hasta pidió que le pusieran una rosa blanca si ocurría lo peor.

Y así fue. Pepito fue todo ímpetu intentando entrar a la Estación. La Escalinata de Padre Pico, la calle Santa Rita,  supieron de su arrojo,  hasta que un balazo en la frente lo silenció a dos dias de su cumpleaños 24. Junto a él cayó  en los primeros descansos de la Escalinata, Antonio Alomá Serrano, Tony, fiestero y martiano convencido y quien no debió haber estado allí: las Normas del Movimiento le exoneraban de participar ya que su esposa estaba embarazada de siete meses de la hija que no llegó a conocer.

También aquel amanecer ofrendó su vida en El Intendente Otto Parellada, Ottón para sus compañeros, imprescindible aquel día lanzando cócteles molotov desde la Escuela de Artes Plásticas al fondo de la Estación. Inquieto por no saber de la suerte de sus compañeros, se levantaba constantemente hasta que un impacto de calibre 30 en la sien cegó su vida.

Una balacera violenta fue la respuesta de sus hombres ante su caída. Pedazos de tela, sacos de yute, y varios cócteles molotov harían el resto sobre el techo de la Estación que empezó a arder...

Después de las diez de la mañana, las acciones de aquel 30 de Noviembre  fueron decreciendo en Santiago. Al mediodía la tiranía recibió refuerzos  y multiplicó su superioridad en hombres y armas.  Desde su Estado Mayor, Frank País  ordenó la retirada.  Luego supieron que ese día  no ocurrió el esperado desembarco.

Despertar de Cuba toda

Aquel amanecer verde olivo jamás se borró de la memoria de sus protagonistas. Santiago fue puño visible de un empeño que se multiplicó en Oriente y con más o menos fuerza, según la estrategia diseñada por Fidel, movió la conciencia de toda Cuba.

Investigaciones históricas recientes hablan de cócteles molotov, consignas en las paredes, carreteras obstruidas, puntillas y alcayatas en las vías y sabotajes diversos en numerosas localidades y provincias cubanas.

El plan, que trascendía el apoyo al desembarco e intentaba conseguir la insurrección nacional, acompañada de la huelga general que derrocara el tirano, no pudo materializarse por falta de condiciones y pertrechos en más de un sitio. Pero la rebeldía de una juventud comprometida con su tiempo y la capacidad organizativa del 26 de Julio, llevó  a puerto seguro la promesa de Fidelde reiniciar la lucha antes de que concluyera el año 1956.

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