La La doctora Francisca López Civeira. Autor: Archivo de JR Publicado: 28/02/2026 | 10:59 pm
Al mencionar el siglo XX en Cuba, muchas miradas se dirigen hacia la profesora Francisca López Civeira (La Habana, 1943). Docente con una larga trayectoria en la Universidad de La Habana, Premio Nacional de Historia (2008) y de Ciencias Sociales y Humanísticas (2022), Paquita -como la llaman— acumula más de 250 artículos y ensayos en diversas publicaciones, junto a una amplia diversidad de libros.
Uno de los más recientes es La representación de los Estados Unidos en la República Plattista, un estudio donde analiza los resortes de la economía y la sociedad en la pasada centuria y que es la continuación de uno anterior, Visiones de los Estados Unidos en Cuba entre el paradigma, el imperio y la nación. A ellos se añaden otros, como La crisis de los partidos políticos burgueses en Cuba. 1925-1958 o Cuba entre 1899 y 1959. Seis décadas de historia.
Esos materiales, entre otros más, tienen en común la historia del país, donde Fidel emergió como una de las figuras decisivas. Al preguntar por los rasgos que convirtieron al Comandante en Jefe en el líder de la Revolución y en una figura de talla universal, la investigadora comienza por apuntar los primeros momentos de lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.
«Son muchos los factores que convierten a Fidel en un líder internacional -apunta-. Yo pienso que la atención sobre su persona comienza porque dirigió la lucha insurreccional y más con un programa político como La historia me absolverá. La divulgación de ese documento fue clandestina; pero tuvo un impacto en todos los que la leyeron.
«La creación de Radio Rebelde también jugó un papel. Las transmisiones se escuchaban fuera de Cuba y eso hacía que su figura se conociera. Era lógico, porque aquello era la lucha de un grupo de guerrilleros contra un dictador como Batista y que lo vencieron a pesar de que estaba apoyado por los Estados Unidos. Cuando él viajó a Venezuela, a los pocos días triunfo de la Revolución, en Caracas lo recibió una multitud. Eso indica que para el 1 de enero de 1959 Fidel ya era una personalidad con un nivel de reconocimiento a nivel internacional».
***
«Al principio no se sabía quién era Fidel —explica—. Desde 1958, los Estados Unidos están claros que no lo quieren; pero no ubican su ideología, no lo tienen definido, ahí están los documentos. Y no lo saben porque tienen informaciones muy diversas. Unos creen que es un liberal. Otros lo ven desde la óptica de un Robin Hood. Los cónsules, la gente que informa al gobierno norteamericano, aseguran que es comunista; pero realmente no lo pueden descifrar.
«Pero de algo sí están seguros y es que Fidel no es manipulable. Y eso empieza a crear una imagen de héroe, de líder, que empieza a expandirse y, por supuesto, choca con los enemigos, con los que están en contra de un cambio de sociedad».
***
La profesora López Civeira subraya que la trascendencia del liderazgo de Fidel es, en verdad, resultado de los ideales que defendió y a la manera en que lo hizo. Para ella, quedarse en el anecdotario de los primeros días de la Revolución implica el peligro de perder de vista el proceso que convirtió al dirigente cubano en un referente internacional.
«Yo creo -dice- que la obra de transformación planteada por Fidel es el elemento que más lo da a conocer y, al mismo tiempo, lo que más enemigos genera. Y no es por gusto. Desde muy temprano él empieza a hablar de la relación de Cuba con el mundo. En 1965 dice: debemos prepararnos para cumplir nuestros deberes con los demás pueblos. Él lo planteó con toda claridad y eso implicó que su figura se proyectara.
«Sin ese concepto de solidaridad humana, la Revolución en Cuba se hubiera quedado en las fronteras del país y de nuestros intereses nacionales. Hay un discurso importantísimo de 1979, en la ONU, que tuvo un impacto extraordinario.
«Allí dijo: “Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan”. Se habla con frecuencia, dijo, de los derechos humanos; pero hay que hablar de los derechos de la humanidad. Es decir, los derechos de los pueblos, de la atención a la salud, a la vida, a la dignidad humana.
«Después planteó: ¿para qué sirve entonces la civilización, la conciencia del hombre?; ¿para qué hablar de paz?, y asegura que habla en nombre de millones que mueren de hambre o enfermedades curables en el mundo; de 900 millones de analfabetos, de la explotación de los países pobres. Basta de palabras, dijo; hacen falta hechos.
«Es decir, el Comandante en Jefe resulta un líder que, de manera progresiva, alcanza una proyección internacional en la defensa del pueblo cubano, a donde pertenece; pero que, a su vez, proyecta esa defensa a nivel internacional».
***
El alcance de un ideario, no puede apartarse de las características personales de quien los promueve. En el caso de Fidel, precisa la doctora López Civeira, se aprecia a un dirigente con varios rasgos que acentuaban su liderazgo.
«Uno de ellos era su alta capacidad de comunicación -comenta-. Desde los primeros días del triunfo de la Revolución, exactamente cuando la Caravana de la Libertad, el pueblo se dio cuenta de la manera de relacionarse. Y una de las cosas que el pueblo se dio notó enseguida es que la comunicación suya, su vínculo con las personas, era dialogante, con una capacidad de interacción muy grande, muy carismático.
«Los que somos de la Universidad de La Habana y tenemos algunos años, siempre recordamos cómo Fidel iba a conversar. No era a un acto, se aparecía a conversar sin que lo esperaran. El rector se enteraba que él estaba allí por la gritería de la gente, que estábamos ahí en la Plaza Agramonte, que todavía se llamaba Plaza Cadenas. Y él hablaba, daba ideas, oía y a partir de esos intercambios hasta surgieron proyectos, como las Ediciones R».
Paquita añade que otras de sus características era el hecho de ser una persona muy informada y con una capacidad de análisis muy alta. Gracias a esas particularidades, sus discursos y Reflexiones constituyen una fuente extraordinaria para entender el mundo donde se desenvolvió.
«Hay que darse cuenta —explica— que Fidel actúa en el contexto de dos grandes bloques: el del campo socialista y el del mundo capitalista. ¿Y quién se encuentra entre ellos? Los Estados Unidos, como la gran potencia, aunque con una particularidad: la tenemos ahí cerca y es la que nos hace la guerra desde 1959.
«Él se enfrenta a todo esto; pero lo hace exigiendo por un mundo donde la humanidad pueda tener de verdad una vida decorosa, decente y que, además, se pueda preservar. Se conoce mucho su discurso en aquella reunión de la ONU en Brasil, cuando afirmó que una especie estaba a punto de desaparecer: la especie humana. Cuando lo dijo, el tema no se planteaba. Él hizo una alerta y muchos no lo entendieron. ¿Cómo es eso que la especie humana está a punto de desaparecer? Y él, en ese momento, ya avisaba del cambio climático».
«Pero no era solo lo que ocurría alrededor de los pueblos. Era, además, el nivel de conocimiento sobre los enemigos. Desde muy temprano, Fidel habló del Grupo Bildelberg. Alertó del papel que tenía; porque no son gobiernos, sino las figuras que mayor cantidad de dinero poseen en el mundo, los grandes poderes mundiales a partir de sus finanzas, un tema del cual no se habla».
***
«Con Fidel no es solo hablar, es también actuar -precisa la profesora—. Y aquí aparece otra cualidad de su liderazgo: la coherencia entre el pensamiento y su acción. Ahí está la gesta cubana por los pueblos del mundo. Primero fue la solidaridad con Argelia, pero después de aquella misión internacionalista, que fue más calladita, vino toda la solidaridad con África y América Latina.
«Ahora mismo, en enero, se cumplió un aniversario cerrado de la Conferencia Tricontinental, donde Fidel proyectó la ayuda a tres continentes: América Latina, África y Asia; porque en aquel momento estaba la guerra de Vietnam con toda su fuerza, y él siempre apoyó la lucha de numerosos movimientos internacionales. Aquello le dio una proyección muy grande».
***
«Reitero: son muchos los factores que inciden en que Fidel se convirtiera en un líder mundial. Es un conjunto de elementos combinados, que lo moldean y lo proyectan sobre la base de un programa de alcance mundial.
«Ahora, ¿cómo ser consecuente con esa ese legado? Creo que lo más importante es apropiarse de los principios, los conceptos, los programas y su forma de hacer. No se trata solo de decir: qué bueno es Fidel, seguimos a Fidel. No; se necesita incorporarlo a nuestro sentir, a nuestro pensar y a nuestro hacer. De lo contrario, no somos consecuentes.
«Cuando se dio la noticia del fallecimiento, una no sabía ni qué hacer en medio de aquel dolor, y me fui a la Universidad. Entonces yo vi cómo los jóvenes empezaron a crear. Allí estaban: cientos, miles de muchachos, que empezaron a escribir su nombre o el «Yo soy Fidel» en los brazos o en el rostro.
«Eso tiene que derivar en la acción real de incorporarlo. De decir: sí, yo soy Fidel, pero porque soy consecuente con el pensamiento y su modo de hacer. Los genios no se dan todos los días, y este pueblo ha tenido un privilegio tremendo. En menos de 100 años tuvo a Martí y al Comandante en Jefe. Y en el medio apareció Julio Antonio Mejía, que no hizo más porque lo mataron con 25 años; porque de lo contrario también hubiera sido un fenómeno. Eso no es nada común. Entonces, tenemos que ser consecuentes; pero asumiéndolo de verdad, apropiándonos de su pensamiento, de ese modo de actuar; para entonces dar realmente la continuidad que merece ese proyecto, ese programa y esa gran figura».
Pie de foto: Francisca López Civeira considera que la trascendencia de Fidel no se puede entender sin el proyecto de cambio social que él defendió.
