Primera Secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, Meyvis Estévez Echevarría. Autor: Roberto Suárez Publicado: 02/04/2026 | 12:29 pm
Por estos días vienen a nuestras mentes momentos de regocijo, compromiso y batallar. Nuestra Unión de Jóvenes Comunistas y la Organización de Pioneros José Martí están próximas a celebrar sus aniversarios 64 y 65 de fundadas. Sin embargo, traigo en la voz el dolor que no se numera, el cansancio que no se mide y la dignidad que no se negocia, porque a todos nos ha tocado vivir la peor de las asfixias y una constante negación a desarrollarnos libremente por culpa del bloqueo genocida.
A pesar de ello, ninguno de los Gobiernos de Estados Unidos desde Kennedy hasta la fecha ha logrado arrancarnos la ternura ni rendirnos el alma. Lo que ese cerco nos hace lo llevamos en la médula encendida, en el coraje de cada niño, adolescente y joven que sueña, en el llanto brusco de cada madre y abuela que inventa de la nada, en la piel curtida de cada familia que sigue de pie no por costumbre, sino por heroica rebeldía.
Nosotros, los que representamos ese 80 por ciento de la población que solo ha conocido una Cuba sitiada, sabemos que esta no es una política abstracta. Es un látigo que pretende coartar nuestras aspiraciones más legítimas; es un muro de hierro que intenta impedir nuestro acceso a recursos, a tecnologías, a los intercambios culturales y formativos que son el oxígeno natural de la juventud.
Quieren que dejemos de crear, que nos conformemos, que emigremos, que nos rindamos. Pero se equivocan. Porque ese obstáculo que ponen en nuestro camino, esa fuerza que busca negarnos el futuro, ha tropezado con una realidad más grande que su odio: el amor, la resistencia, la entrega y las ganas de hacer de las nuevas generaciones.
Hablemos claro. Hablemos de lo que duele. Pensemos en un lugar sagrado como el Hospital Pediátrico William Soler. Allí, donde se lucha diariamente por salvar los pequeños corazones de nuestros niños, el bloqueo se ensaña con los más vulnerables. Las carencias de medicamentos y equipos para tratar las cardiopatías infantiles son la consecuencia directa de una política que no tiene escrúpulos.
Que nadie pretenda decirnos que esto no tiene costo humano. Porque 14 horas de bloqueo equivalen al monto para comprar la insulina que necesita cada cubano con diabetes. Porque dos horas equivalen a los fármacos que alivian las patologías de cardiología y neurología, y a los alimentos para nuestros niños con deficiencias genéticas. Porque 19 minutos equivalen al costo de las sillas de ruedas que necesitan escuelas de educación especial para que nuestros adolescentes con discapacidades motoras e intelectuales puedan estudiar, puedan ser incluidos, puedan ser felices. Diecinueve minutos de la política del imperio equivalen a la movilidad de un niño. ¿Acaso no es eso el más puro de los crímenes de lesa humanidad?
Y hablemos, por ejemplo, de la escuela especial René Vilches Rojas, en el capitalino municipio del Cerro. Allí estudian pioneros sordos e hipoacúsicos, niños para quienes oír es un acto de amor y ciencia. Pero el recrudecimiento del bloqueo impide adquirir las baterías para sus prótesis retroauriculares, mientras los equipos se vuelven obsoletos. Sufren la falta del combustible para el transporte escolar, y se limitan los gabinetes de Educación Auditiva. Y en medio de esa carencia, surge la grandeza de la Revolución: 22 de esos estudiantes han sido beneficiados con implantes cocleares garantizados por el Estado, a pesar del bloqueo, porque mientras ellos asfixian, nosotros salvamos.
El bloqueo energético ha elevado a 96 387 pacientes que esperan ser intervenidos quirúrgicamente. De ellos, 11 193 son niños. En el Instituto Finlay de Vacunas, orgullo de nuestra ciencia, el cerco imperialista ha dificultado más de 14 operaciones de compra para reactivos, materias primas e insumos.
En medio de este cerco criminal, aquí estamos, los pioneros y jovenes, a las puertas de otro 4 de abril, para demostrarle al imperio que esta es una generación que ha aprendido a resistir, a innovar y a crear en medio de la adversidad. En cada carencia, hemos forjado un músculo de rebeldía. En cada limitación, hemos inventado una solución.
Y en esta trinchera, nos acompaña un eterno joven rebelde: nuestro Fidel. Numerosas generaciones hemos continuado su obra, sorteando dificultades, asumiendo retos, sin dejar de sentir jamás la responsabilidad histórica que tenemos.
Comprendemos muy bien que la necedad del imperio es hoy mayor que nunca; que su odio aumenta a la par de nuestra entereza y que la estrategia de la actual administración estadounidense es aún más belicista y estrangulante. Sepan los que apuestan por un futuro de concesiones y entregas que de la juventud cubana solo podrán esperar continuidad y unidad en torno al Partido y a la Revolución. No crean posible que se adueñarán de esta Cuba inmensa. Aquí no hay cabida para los anexionistas de siempre ni para los mercenarios del momento.
Ustedes, imperialistas, fascistas, sionistas y todos sus lacayos, ignoran la historia de un pueblo que conoce el valor de la independencia conquistada con la sangre y el sacrificio de sus mejores hijos desde los días de la manigua redentora. Nosotros creemos, con profunda convicción, en el futuro libre y soberano de Cuba. Creemos en la continuidad de la obra que construimos con nuestras manos, con nuestra inteligencia y con nuestra fe infinita en la victoria.
Esta parada antimperialista Aquí, con Fidel, en el año de su centenario, significa continuidad, significa que jamás dejaremos morir sus ideas. Fidel es nuestro guía y, junto al pueblo combatiente, que prefiere «hundirse en el mar, antes de traicionar la gloria que se ha vivido», está su juventud.
Nosotros tenemos la misma estirpe de aquellos jóvenes que defendieron la soberanía hasta con las uñas en las arenas de Girón, donde le propinamos al imperialismo yanqui su primera gran derrota en América Latina.
Desde esta tribuna le ratificamos a Fidel, al General de Ejército Raúl Castro Ruz y al Partido, que no le fallaremos en la sagrada tarea que tenemos de cuidar por siempre la Revolución y la unidad más que a la niña de nuestros ojos. Nos sabemos dueños de un país que construimos y defendemos cada día.
Las motos, los triciclos, las bicicletas y hasta las patinetas que hoy han traído nuestros jóvenes no son simples vehículos: son la demostración sobre ruedas de que seguiremos firmes con la frente en alto ante quien pretenda asfixiarnos.
Que giren los pedales para decirle al mundo que nada, ni la más injusta de las sanciones, podrá impedir nuestros sueños, porque esta generación no se detiene, no se rinde ni claudica; porque por nuestra libertad… esa libertad que no es un negocio ni una concesión, sino el imperio de la juventud, como nos cantó el poeta: «Por esta libertad / bella como la vida / habrá que darlo todo / si fuere necesario / hasta la sombra / y nunca será suficiente».
????| Para compartir con todos la motivación esencial de la Parada Juvenil, Meyvis enunció: "Traigo en la voz el dolor que no se enumera, el cansancio que no se mide y la dignidad que no se negocia, porque a todos nos ha tocado vivir la peor de las asfixias". pic.twitter.com/2G2ew7H786
— Presidencia Cuba ???????? (@PresidenciaCuba) April 2, 2026
