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Abisaday podrá contar su historia

La atención a la materna grave es una de las prioridades del Programa de Atención Materno Infantil, que exhibe resultados satisfactorios sostenidos en Pinar del Río, provincia que cerró el 2025 con la más baja tasa de mortalidad infantil del país y no registró muertes maternas directas

Autor:

Dorelys Canivell Canal

PINAR DEL RÍO.— Hay guardias que parecen rutinarias, casi previsibles, pero hay otras que, en cuestión de minutos, obligan a activar todas las estructuras diseñadas para salvar a una materna. 

En el hospital Abel Santamaría, de la capital vueltabajera, una jornada aparentemente tranquila cambió su rumbo cuando una gestante comenzó a convulsionar en la sala de Ginecobstetricia el pasado mes de marzo.

La paciente había ingresado días antes con signos de hipertensión gestacional, bajo diagnóstico de preeclampsia, confirmó la doctora Lisandra González Hernández, jefa de Servicios Médicos Obstétricos en esta institución de Salud.

Las complicaciones vinieron después. La eclampsia comprometía directamente la vida de la madre y de su bebé.

En las urgencias no hay espacio para las dudas. En segundos, se activa un engranaje que no depende de una sola especialidad, sino de muchas: intensivistas, ginecólogos, anestesiólogos, hematólogos, cirujanos. No importan los horarios, ni si son días libres o de posguardia. 

La joven doctora Amanda de la Caridad Arencibia Piloto, especialista de Primer Grado en Medicina Intensiva y Emergencia de Adultos, explicó que ese día la paciente dejó de convulsionar y fue medicada ante las cifras elevadas de la tensión arterial.

La decisión más difícil 

Como se establece en los protocolos, la gestante Mailín Castañeda Hernández fue trasladada a los servicios de Cuidados Intensivos, donde continuó con manejos multidisciplinarios.

«Empezamos a discutir la situación de la paciente como un caso de preeclampsia severa, agravado por eclampsia y síndrome de HELLP, dos de las complicaciones más temidas de esta enfermedad, pues se afectan varios órganos simultáneamente, lo que implica un altísimo riesgo vital. Por ello, se impone la interrupción del embarazo», explica la doctora.

Apenas 33 semanas de gestación tenía Mailín, de ahí la complejidad de la decisión de terminar o no el embarazo. «Por consenso, se hizo una cesárea transperitoneal, que transcurrió sin inconvenientes, siempre previendo todo lo que pudiera pasar en el transoperatorio y anticipándonos a ello». 

La intervención transcurrió sin complicaciones aparentes. Durante las primeras 12 horas la evolución era favorable, pero en medicina la estabilidad inicial no siempre garantiza el desenlace.

Transcurrido ese tiempo la paciente hizo un hemoperitoneo, por lo que hubo que reintervenirla y hacerle histerectomía subtotal.

Explica Arencibia Piloto, que tenía alrededor de mil mililitros de sangre en cavidad y que la paciente entró al salón antes de presentar signos de shock

«Se pudo compensar y se hizo una cirugía de control de daño que incluyó empaquetamiento con compresas para contener la hemorragia. Fue para la sala en una situación un poco más delicada para tener después una segunda intervención, en aras de retirar ese empaquetamiento por el sangrado que presentó». 

La evolución fue favorable. Los desvelos de todo un equipo médico, de otros profesionales de la Salud y de los administrativos no era en vano.  

El día 18 regresó al salón, se le extrajeron las compresas que se habían dejado inicialmente para retener el sangrado y se hizo el cierre total de la cavidad. 

Dejó de ser reportada como grave y se trasladó a los servicios perinatales, sitio en el que Juventud Rebelde la encontró preparándose para dar de mamar a su pequeña, quien permanecía en ese momento aún en Neonatología.

Un equipo que no mide el tiempo 

Detrás de cada decisión hubo algo más que conocimiento técnico: hubo presencia constante. Así piden que se refleje, las doctoras y la propia paciente.

La atención a la materna grave no entiende de horarios ni de descansos. Todo se discute en colectivo. «Ninguna decisión es unipersonal, se colegia porque no siempre pensamos igual; llegan puntos tensos con divergencia de opiniones y al final sabemos cómo confrontarlas, cómo ponernos de acuerdo, cómo buscar la mejor solución para la paciente.

«Para la materna grave, por lo general, los recursos están asegurados, reconoce la joven, y el equipo administrativo se encarga de buscar lo que pidamos; se localizan donde estén, inclusive, se han traído desde otras provincias».

Dos hechos, dos batallas 

Mientras Mailín se recuperaba de las intervenciones quirúrgicas, su bebé permanecía en los cuidados neonatales, en los que debía permanecer hasta alcanzar los 3 000 gramos de peso. Nació pretérmino, pero con unas ganas tremendas de abrazar la vida.

El 15 de marzo, Mailín Castañeda Hernández, sicóloga de profesión y madre de una niña de nueve años, tuvo, con 33 semanas de embarazo, a su segunda hija, Abisaday.

Las fuerzas que solo una madre conoce la llevaron los días posteriores, aún convaleciente, a dar el pecho a la pequeña. «Quiero dar gracias a Dios por tener esta oportunidad, porque les dio la capacidad y la inteligencia a los médicos. Sin ellos hoy no estaríamos aquí.

«Quiero agradecer a este hospital, y no tengo palabras para ello, por todo lo que han hecho por nosotras y lo que continúan haciendo. Porque en cada lugar, en cada sala, ahí ha estado la mano médica, la atención y su protección», dice Mailín con la voz entrecortada y casi rehuyendo de la entrevista.

Pero sabe ser agradecida: «En el único momento de lucidez que tuve en medio de la gravedad, abrí los ojos y vi alrededor de mi cama a muchísimas personas. Muchas cosas no las sé, estaba inconsciente, pero la atención recibida no la voy a olvidar nunca. Estuvieron siempre a mi lado».

Habla de su familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los hermanos de religión, otras gestantes que conoció en los días de ingreso, las auxiliares de la sala. Uno se va apegando a ellos, dice, porque te acompañan, te sostienen. Qué es sino la medicina, más que un acto profundamente humano de resistencia y de amor.

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