La fábrica de galletas de sal Yumurí ha vuelto a producir tras el cambio de matriz energética, al montar 256 paneles fotovoltaicos y lograr su independencia energética. Autor: Hugo García Publicado: 12/09/2026 | 12:33 pm
Matanzas.— Venancio Juan Miguel Fernández Águila tiene 95 años de edad. De lunes a viernes, sin reparos, se levanta sobre las cuatro de la madrugada en su poblado de Ceiba Mocha, a 17 kilómetros de la ciudad de Matanzas.
Esa rutina la ha mantenido increíblemente desde 1961, cuando empezó en la fábrica de galletas Yumurí, donde laboró hasta los 86 años, cuando se jubiló. Pero enseguida lo recontrataron de nuevo como mecánico.
«Estás máquinas se construyeron en 1937, funcionan por las innovaciones que yo le he hecho a las cadenas y a otras piezas,por eso estoy emocionado al ver que la fábrica reinicia sus producciones», dice con orgullo, mientras manifiesta que se siente fuerte para seguir.
«Yo conozco como nadie cada rodamiento, cada sonido de las máquinas, de la estera», asienta el longevo trabajador, que regresa cada día a su casa pasadas las cuatro de la tarde, como si fuera aquel jovencito que hace 65 años entró por la puerta de esa edificación, repleto de expectativas y sueños, que ha cumplido con creces en el modesto e imprescindible puesto de mecánico.
La reapertura de la fábrica de galletas Yumurí es una muestra de cuánto se puede hacer aún en medio del tenaz bloqueo, rompiendo esquemas, buscando iniciativas y aprovechando las facilidades de créditos de nuestras entidades bancarias.
Ante una crisis electroenergética aguda, el combinado Yumurí, perteneciente a la Unidad Empresarial de Base de Alimentos Matanzas, ha reiniciado la producción de las galletas de sal especialidades Yumurí, todo un reto en estos tiempos de criminal bloqueo estadounidense.

Con 95 años de edad y 65 como mecánico, Venancio Juan con su ingenio le ha devuelto la vitalidad a la fábrica de galletas cientos de veces. Foto: Del autor
Transición energética
Yovany Rivero González, administrador, explicó que es una inversión de la empresa estatal socialista para el ahorro de energía mediante el empleo de paneles solares, que generan energía para la fábrica de galleta.
«Garantizamos dos toneladas de producción diaria para el pueblo matancero, de tal manera que se ahorran 18 000 litros de petróleo mensuales», asevera.
Además garantiza empleo para 45 trabadores de manera permanente y a su vez incrementamos los surtidos a la población de un producto tan demandado y necesario como la galleta de sal, acotó Rivero González.
«Hasta ahora tenemos materia prima, que lleva una alta inversión, por lo que hay que obtener resultados productivos para volver a comprar las materias primas y tener utilidades, por eso nos apoyaremos en las micro, pequeñas y medianas empresas para la importación de materias primas», nos dice el administrador.
La máquina galletera sigue siendo la misma, sin embargo los dos hornos eléctricos son nuevos, con muchas prestaciones que permiten un cocinado en ocho minutos, con lo que se humaniza mucho el trabajo del hombre, pues antes el hornero tenía que estar frente al horno media hora y ahora es solo ocho minutos, con la oportunidad de un cocinado estable, al saber el tiempo, el cocinado y la temperatura estable.
«El envase es en bolsas de nailon de 500 y 1000 gramos, según los pedidos trataremos de establecer vinculación con algunos clientes para producir en divisas y sustituir importaciones, que es el objetivo fundamental de la fábrica de galletas de Matanzas», argumenta.
La fábrica no trabajaba desde el 26 de diciembre de 2025 y desde enero de este año empezaron las producciones alternativas, principalmente moldes de pizzas, puré de tomate, salsa yumurina, vinagre, vino, dulce de fruta bomba y croquetas.
Gilberto Silveira Ramírez, sobador, resumió el sentir de sus compañeros, que pensaban que por los problemas de electricidad estaba lejano el día de volver a producir galletas de sal. «Estamos felices», afirma este hombre que ha pasado por todos los puestos de trabajo, menos hornero.
«La calidad depende de muchos factores, desde que se empieza hasta que termina de cocinarse, lo principal es el tiempo de fermentación cuando se prepara la masa», detalla Silveira Ramírez.

Foto: Del autor
Inversiones bienvenidas
Julio Enríque González Guedes, especialista en inversiones en la UEB alimentos Matanzas perteneciente a la Empresa provincial de Alimentos, refiere que la idea del cambio de matriz energética nace por el tema de la reducción del diésel para que la fábrica trabajara: «Se pensó en montar hasta 256 paneles solares que tienen un banco de baterías con un total de 260 kw/h, y cuatro inversores de 50 kw», añade.
«Los paneles son de 630 kw/h cada uno, que dan una potencia de generación de 161 280 kw, con lo que se facilita la producción en el horario diurno», expone González Guedes.
La empresa Copextel fue la entidad que hizo el proyecto técnico y el Proyecto de Desarrollo Local Enerza Villa Clara, montó toda la tecnología con un contrato llave en mano, es decir, ellos pusieron todos los recursos y ejecutaron la obra.

Dos nuevos hornos eléctricos humanizan la labor. Foto: Del autor
Iván Castro Rodríguez, director provincial de la entidad, recalcó a este diario que es una inversión que da respuesta a las transformaciones económicas y sociales del país.
«Ya le hemos dado respuesta con el salario de los trabajadores, que era de un promedio de 3 200 pesos y hoy está en 12 000, que aún es insuficiente, pero vamos dando pasos según los resultados económicos que tenga la empresa», advirtió Castro Rodríguez.
«Hubo un grupo de procedimientos como proyectos que hizo Copextel, hicimos un expediente y se lo presentamos a Bandec, a la que le solicitamos un crédito de 290 millones de pesos a pagar en diez años. Luego de la certificación de la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía (Onure), la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT) nos rebaja los impuestos durante diez años y así vamos también recuperando la inversión.
Pretendemos, si se mantiene la materia prima, que ya tenemos contratos, garantizar que en menos de diez años podamos pagar la inversión», indicó el director de la empresa de alimentos.
La producción de galletas será para la población, el consumo social, los vulnerables, los SAF..., con una ficha de costo da 1 000 pesos el kilogramo, con un margen del 30 por ciento, subrayó Julio Rivera Betancourt, especialista de fiscalización y control de la empresa provincial de alimentos, quien aseguró que están garantizadas para este año la harina, aceite, levadura, azúcar, sal…
«Nuestra materia prima ya no es subsidiada, es por oferta y demanda, y hay que adquirirla cómo esté en el mercado, como dice las transformaciones», resumió Rivera Betancourt.
