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La espera bloqueada que cuesta vidas

El sistema de Salud cubano resiste con recursos limitados y prioriza lo urgente sobre lo necesario para atenuar el negativo y sensible impacto de la política estadounidense contra nuestro país. Salvar vidas es una prioridad

Autor:

Yuniel Labacena Romero

La restricción energética y la escasez de recursos derivadas del bloqueo han impactado gravemente la capacidad operativa de los hospitales. Actualmente, la lista de espera quirúrgica en el país alcanza la cifra de 100 000 pacientes, de los cuales 12 000 son niños.

Así consta en el informe de Cuba sobre las afectaciones por el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a la Mayor de las Antillas hace más de seis décadas, y cuyos perjuicios se estiman en 8 083 millones de dólares entre el 1ro. de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026.

Como ha dicho el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, «es una cifra récord, por encima del récord del año pasado». Y no debemos olvidar que «detrás de cada cifra hay un rostro humano. Detrás de cada medida de bloqueo hay una tragedia o un drama familiar».

Otros datos ilustran esa certeza: con el actual cerco energético, las cifras mencionadas de espera quirúrgica se incrementan, porque el sistema nacional de Salud se ve obligado a postergar cirugías no urgentes para priorizar las oncológicas y otras que definen la vida.

De igual forma, se ha dificultado la atención de 2 888 pacientes que dependen de tratamientos de hemodiálisis, servicios que demandan una estabilidad energética que en estos momentos es muy difícil de garantizar, como reseña
la Isla en el informe que la Asamblea General de las Naciones Unidas considerará nuevamente en su agenda, los días 27 y 28 de octubre próximo.

Otra evidencia del carácter genocida del bloqueo está en el número de personas que mueren por cáncer en el país, lo cual ha aumentado significativamente, y que supera ya las 70 por día. Aunque los índices de supervivencia siguen siendo superiores a los de países de ingresos medios y bajos, e incluso, a las metas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos han disminuido en los últimos años. En el caso de los niños y jóvenes, la supervivencia cayó de un 85 a un 65 por ciento. La tendencia coincide con los momentos más duros del cerco estadounidense.

Vale recordar que esta dramática situación ha llamado la atención del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien declaró: «La situación en Cuba es profundamente preocupante, en tanto el país se esfuerza por mantener la prestación de servicios de salud en un momento de inmensa turbulencia», al subrayar que la escasez de energía «ha estado afectando la Salud».

Esta realidad evidencia que se trata de un cerco que se ejerce sobre la posibilidad de recibir un tratamiento, de acceder a una máquina que sostiene la vida o de someterse a una cirugía a tiempo. Mientras el sistema de Salud cubano resiste con recursos limitados y prioriza lo urgente sobre lo necesario, existe una pregunta en el tintero: ¿cuántas vidas más deberán esperar o perderse? Ojalá no sea ninguna. 

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