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Estudiar contra corriente

En condiciones de semipresencialidad agravada y no sin pocos retos y preocupaciones, la Educación Superior encamina el nuevo período lectivo 2026-2027. Juventud Rebelde lo constata en dos provincias cubanas

Autores:

Odalis Riquenes Cutiño
Mónica Sardiña Molina

La joven santiaguera Lisbeth Castellanos nunca se imaginó a solo un mes del inicio de su vida como estudiante de Periodismo en la Universidad de Oriente (UO), en la Redacción del periódico provincial, bebiendo de la experiencia de profesionales consagrados.

Aún no conoce ni siquiera la teoría de ningún género periodístico, pero al estar en contacto con el Sierra Maestra, incentivada por sus tutores, se aventuró, incluso, a escribir su primera nota de prensa. Reside en el poblado costero de Siboney, y es cierto que la inserción en el órgano de prensa implica sumar jornadas de viajes, gastos y alternativas cada semana. Sin embargo, ella lo asume con disposición.

«Tengo clases los martes y los jueves, y aunque a veces participamos en actividades extradocentes, añoramos el contacto con el grupo. Los que viven en los municipios, reciben los contenidos y guías de estudio vía WhatsApp, y los demás lo hacen en los Centros Universitarios Municipales (CUM) o en los medios de allá, así que como estamos en primer año, prácticamente no nos conocemos.

«Los que residimos aquí en la ciudad vamos al aula dos veces a la semana, tenemos la docencia en la propia Facultad, podemos sentirnos universitarios. Este semestre recibimos las asignaturas del llamado tronco común y algunas de la especialidad; por eso veo como una gran oportunidad el vínculo con el periódico. Eso, creo, nos adelanta camino en nuestra formación como profesionales.

«Asistir hoy a la universidad entraña mucha voluntad porque todo es muy difícil. Mi familia y yo buscamos alternativas para sortear temas como el transporte, que es bastante fuerte; pues los ómnibus que llegan a mi localidad tienen un superprecio. Los muchachos de mi aula que viven en distintos repartos y zonas de la urbe, caminan hasta la Facultad muchísimas veces.

«A veces debatimos en el grupo sobre lo duro de los tiempos que nos han tocado y hasta el valor de estudiar una carrera universitaria en medio de tantas limitaciones; pero al menos yo, cuando recuerdo los desafíos que he superado, incluido el tránsito por el servicio militar, siempre digo que seguiré este camino hasta el final», relata.

Curso nuevo, nuevos escenarios

La historia de Lisbeth y los retos que libra en un curso al que el cerco energético y medidas recrudecidas de asfixia intentan amputarle el ardor de las dinámicas y procesos diseñados para la formación integral de los profesionales que necesita el país, es la de los muchos jóvenes que hoy se empeñan por su futuro desde las aulas universitarias.

Apagones de más de 20 horas e igual tiempo sin cobertura móvil ni conectividad, el crecimiento desmedido de los precios de transporte y la escasez de combustibles, incluso, para la cocción de los alimentos, condicionan un escenario de «semipresencialidad agravada», como reconocen muchos entrevistados.

Con el humor que nos caracteriza Lisbeth cuenta, cómo los profesores envían las guías de trabajo vía WhatsApp y muchos de sus compañeros las reciben quizá una semana después; y así las dudas o las respuestas a los temarios que deben enviar de vuelta hacia la sede central retornan con el consecuente desfasaje.

Tanto obstáculo, en cambio, no mella el empeño del claustro y directivos de la mambisa Universidad de Oriente —como el resto de los centros educativos de este nivel, donde, desde mediados de septiembre, el nuevo período lectivo se desarrolla en condiciones de semipresencialidad, y el peso de los procesos se ha desplazado hacia los ocho CUM, en sinergia con empresas y organismos de los territorios.

Un recorrido por los nueve municipios santiagueros de las autoridades universitarias, encabezadas por la rectora del Alma Máter oriental, Doctora en Ciencias Diana Sedal Yanes y el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, David Alejandro Medina, en intercambios con los alumnos del Curso Regular Diurno, nuevos ingresos y continuantes, encontró estudiantes enfocados en avanzar en la ruta de su formación.

Asimismo, se atendieron preocupaciones relacionadas con la matrícula, las infocomunicaciones, la participación en las organizaciones estudiantiles y juveniles, el pago del estipendio, el aseguramiento material… Particularmente, se enfatizó en la necesidad de seguir estrechando los vínculos con las instituciones y empresas de los municipios, en aras de que estas pongan aún más las potencialidades y preparación de sus profesionales en función del desarrollo de habilidades y competencias en los estudiantes.

Al centro

Los anhelos y empeños de los universitarios orientales tienen similar resonancia en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Aquí se combina la semipresencialidad con algunas etapas presenciales, una alternativa asimilada por los estudiantes, no sin pocas inquietudes. Lorena Castillo Amador, estudiante de Turismo, fue testigo del despliegue logístico para asegurar la permanencia de todo el primer año durante cuatro semanas en el campus de la universidad.

«Ha sido una buena experiencia. Al principio cuesta adaptarse, pero las clases presenciales me ayudaron a conocer a los profesores y compañeros, que son maravillosos. Aprendí muchísimo, a pesar de ser solo un mes en el aula y fue más fácil entender los temas estando allí», comentó.

Desde Santo Domingo, su municipio de residencia, espera continuar la formación a través del entorno virtual, aunque le preocupa la conexión a internet, porque a veces falla y la distancia también lo complica un poco; también apuesta por recibir el apoyo del centro universitario municipal y participar en tareas de impacto relacionadas con la carrera que eligió.

Keily de la Caridad Laudinot Quesada cursa el tercer año de Sicología, reside en Santa Clara y se muestra un poco escéptica con la continuidad de la docencia en el actual semestre.

«Para mí es casi imposible tener conexión en la casa cuando no hay corriente, pues viene por la madrugada, pero mi situación actual no me permite hacerlo a esa hora, porque me tocó empezar a trabajar para mantener un nivel de vida estable, y necesito descansar.

«La plataforma (Moodle) exige conexión para funcionar. Se me venció la cuenta, no he podido recuperarla ni matricularme en el aula virtual, por lo que ahora mismo estoy muy atrasada. Me parece una exigencia que está fuera de nuestras posibilidades de conectividad», asegura.

Al enterarse de la planificación de un bloque presencial a partir de enero, sintió alegría por volver a las aulas y rencontrarse con sus compañeros; pero le preocupa la concentración de los contenidos y exámenes y el poco tiempo que quedará para las prácticas y otras actividades.

Por su parte, Jheissy Teresa Ramos Rúa está a punto de graduarse de la propia carrera, y en estos momentos se encuentra viviendo en la capital provincial, «justamente por las condiciones semipresenciales de este semestre».

A su juicio, el actual curso académico resulta el más complejo por la proximidad del ejercicio de culminación de estudios: «Sin acceso a internet, se vuelve casi un acto de fe: uno puede tener las ideas, la voluntad y hasta el tema; pero sin acceder a las fuentes más recientes, contrastar con otros autores, consultar al tutor o recibir sus orientaciones a tiempo, la tesis se construye a ciegas».

Por ello, considera que los estudiantes de años terminales deberían tener más de cuatro semanas de presencialidad concentrada en el próximo semestre, a fin de realizar una culminación de estudios de calidad, con el requerido acompañamiento, acceso a recursos, intercambio con tutores y en un entorno que favorezca la investigación.

A pesar de la difícil situación, continúa en el grupo científico estudiantil del Centro de Bienestar Universitario, creado el curso anterior y que tiene un canal propio. «Este espacio me permite aplicar mis conocimientos y apoyar a la comunidad universitaria desde mi profesión, ofreciendo herramientas y recursos, incluso, a distancia y pese a los problemas de electricidad y conexión. El proyecto me ha ayudado a mantener el vínculo con la universidad y la motivación por mi carrera», afirmó.

En sus palabras va también el aliento de muchos que se empinan y crecen, a pesar de las adversidades, en pos de su formación como los futuros profesionales que el país necesita.

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