La película Sorda provoca profundas reflexiones en torno al amor frente al drama de la incomunicación Autor: Juventud Rebelde Publicado: 06/03/2026 | 01:46 pm
Coguionista de Arte 7 desde hace muchos años, no siempre he tenido ocasión de recomendar con tanto entusiasmo una película como lo hice con el drama filial y sicológico español, producido en 2025, Sorda, que sale al aire este domingo 8 de marzo por razones que serán obvias más adelante en este comentario. Por compromisos con el horario, y los requerimientos de un espectador que suele ver el filme en familia y precisa de solaz y esparcimiento, y en pocas ocasiones de un cine demasiado denso o conceptual, en Arte 7 no siempre se dispone de filmes de tan alta calidad y humanismo como esta, que clasifica a medias entre el didactismo del filme «con mensaje» y la emoción que suele caracterizar a las historias que relatan el triunfo de la voluntad.
De modo que el filme maneja el milagro de ser didáctico, útil, constructivo y, además, lograr la emotividad en su evidente propósito de ilustrar los vínculos posibles, y necesarios, entre el mundo de quienes no oyen y el de los oyentes. Ambos polos están representados por los protagonistas, una pareja donde ella es sorda y él no, y entonces van a tener una hija y el acontecimiento significa cambios que la película cuenta con detalles, y completa solvencia narrativa, a partir de elementos dramáticos tan cautivantes como la naturalidad, y la perfección de las interpretaciones, sobre todo a la hora de comunicarse a través del lenguaje de signos y la lectura de labios hasta el punto de que, a ratos, pareciera que estamos en presencia de un documental, o reportaje, más que delante de ficción pura, quintaesenciada.
Nadie vaya a creerse que este es el tipo de película dirigida solo a los que padecen los problemas incluidos en la trama. Porque los problemas de la pareja, cuando surgen, son los mismos que pudiera tener cualquier otro vínculo humano: dependencia excesiva o necesidades personales que impiden atender al otro, y aquí aparece otra de las virtudes de la película de Eva Libertad; logra minimizar la sordera en tanto impedimento para la comunicación, para la convivencia, para tener pareja y sostenerla. Y la minimización de lo que suele considerarse una minusvalía resulta creíble porque el argumento nunca rehúye la complejidad ni la tensión dramática cuando la protagonista se siente aislada y temerosa de no entender o de que no la entiendan.
Así, sin recetas que suelen ser inoperantes ni optimismo mentiroso y tranquilizante, Sorda encuentra el tono dramático propio, marcado por una sencillez narrativa espléndida, siempre apoyada en las virtudes no solo de la buena historia y la capacidad de los intérpretes. Porque antes de terminar el guion y comenzar el rodaje, la realizadora emprendió una larga fase de documentación y entrevistas a madres sordas, que compartieron sus experiencias durante el embarazo, el parto y la crianza, y toda esta investigación aportó matices a la puesta en escena a la hora de exponer las barreras de comunicación que impone la sociedad.
A estas alturas del comentario ya debe quedar claro que Eva Libertad y su equipo de talentosos colaboradores se negaron a un tratamiento superficial, y optimista a ultranza, del tema de la sordera como el que se muestra en la película norteamericana CODA, que además es para el colmo el remake simplificado de una película francesa graciosa, pero también ligerita, llamada La familia Belier, El filme español muestra, sin minimizarlos, los retos que deben enfrentar Héctor y Ángela. A similares problemas se enfrentó la actriz principal de la película, Miriam Garlo, que se quedó sorda a los siete años pero no fue hasta los 30 que aprendió a usar el lenguaje de señas y asumió a fondo su identidad como sorda, de modo que el filme se apoya en experiencias reales de la actriz principal, que es hermana de la directora.
Los miedos de ambas, la actriz y la directora, dieron lugar a un cortometraje de 2021 también llamado Sorda, pero luego ambas decidieron profundizar en sus experiencias y llevarlas al largometraje en cuestión, una ficción bien construida, y que mantiene, como casi todas las buenas ficciones, un deseo expreso de ofrecer un testimonio valioso sobre una realidad tangible, que se expone en tomas muy largas, y mediante un gran trabajo de sonido. Ambos recursos le trasladan al espectador la tensión dramática y la emoción vinculadas con este filme altamente recomendable para todos aquellos que confíen todavía en la capacidad reflexiva y humanista del mejor cine, sobre todo a la hora de oponerse a la marginación o exclusión de los seres humanos con determinados padecimientos.
Reconocida por la Academia española como una de las mejores propuestas nacionales del pasado año, cuando le otorgaron los premios Goya en las categorías de mejor dirección, para la novel Eva Libertad; actriz revelación a Miriam Garlo, y mejor actor de reparto para Álvaro Cervantes, Sorda también fue la gran triunfadora del Festival de Málaga, pues se alzó con la Biznaga de Oro a la mejor película, Miriam Garlo obtuvo el premio a la mejor interpretación femenina y Álvaro Cervantes el equivalente masculino.
De modo que no solo Arte 7, sino la televisión cubana en general, se honra con un título de tan alta calidad que tal vez puede inquietar y complacer a la mayor parte de los espectadores que accedan sin prejuicios, a ver una película hermosa y realista, que se acerca a un mundo, a un problema, que muchas veces puede pasar inadvertido.
