Nicolás Dorr, premio nacional de Teatro 2014, entre otras distinciones por su extensa obra. Autor: JAPE Publicado: 19/03/2026 | 06:17 pm
—Su obra está marcada por el humor, desde la alta comedia hasta el humor negro. ¿Por qué este lenguaje para comunicarse con el público?
—Me gusta hacer reír. Reír elimina la bilis y evita las úlceras. Ese es un texto precisamente de la obra Una casa colonial, pero, antes de hablar de mí, me gustaría precisar que el humor ha sido una constante en el teatro cubano desde los orígenes de la primera obra teatral cubana El príncipe jardinero o fingido Cloridano, escrita en 1730-33, la fecha exacta no se tiene. En la presencia de los criados ya está el elemento del choteo que nos caracteriza tanto. Siempre ha habido humor en el teatro cubano, para alegría y tranquilidad del público. Hemos tenido excelentes comediógrafos como Héctor Quintero, que realizó una labor imprescindible para el humorismo también.
«Pienso que ha habido cierto deslinde entre el humorismo y el teatro dramático, a lo que no le veo sentido porque ambas partes deben relacionarse y comunicarse. El teatro dramático y los humoristas tienen idéntico propósito en el sentido dramatúrgico. La gran diferencia es que el humorismo aborda la inmediatez, los asuntos políticos sociales del momento, no tanto así el drama teatral que gusta más de la trascendencia, de la permanencia en los temas. Creo que el abordaje de asuntos de plena actualidad es importante para generar cambios sociales de una realidad, por eso concedo gran importancia al humorismo. Si el humorismo se acercara al drama teatral, ganaría mucho más en concepción dramatúrgica y estructura.
«Me parece muy válido el Festival Nacional Aquelarre, en el que veo un propósito marcado de hacer del humorismo un espectáculo teatral con historias, con personajes. Esto ya lo hizo Virulo en una época determinada, cuando sacó el humorismo de la frivolidad del cabaré o del mundo nocturno para darle una dimensión artística y de elaboración.
«El humorismo debe tener en cuenta que el diálogo y el texto tienen que ser sugerentes, sutiles, refinados, sobre todo para no exacerbar ciertas vulgaridades. Cuando el humorismo establece relaciones irrespetuosas con el público o utiliza un humor grueso, que puede ser populista pero también chabacano, está haciendo una labor perjudicial para la comunicación con nuestro pueblo.
«Mi experiencia personal se debe a obras como Una casa colonial, Vivir en Santa Fe, Las pericas, El hombre más codiciado del mundo… con las que he hecho reír a carcajadas gracias a los actores, que a través de mis textos han logrado con mis textos esta reacción explosiva con el público. Siempre me he preocupado porque la gente ría con inteligencia. Que la gente ría con un sentido de respeto a sí mismo. Por eso pienso que es importante la labor que está haciendo el Centro Promotor del Humor en este sentido, escogiendo aquellos espectáculos que no vulgaricen la realidad cubana, que no vulgaricen el sentido del humor, porque el humor es algo muy hermoso, muy válido y muy necesario para la vida».
—En su obra Vivir en Santa Fe, aparece, ligada al humor, la presencia de la música original de la orquesta Los Van Van. ¿Qué importancia tiene para usted la relación entre estos dos géneros?
—Tuve el privilegio de que Juan Formell escribiera 13 números musicales para esta obra. La música es imprescindible para el cubano y para el arte escénico. La música libera tenciones en la historia teatral. Le da vida, dinamismo, y sobre todo le brinda espectacularidad, que es uno de los elementos claves del arte escénico. Es cierto que hemos perdido la fuerza de la tradición en el teatro musical, pero ya existen proyectos, intenciones de rescatar ese género tan gustado o al menos volver a traer la música al teatro.
(Fragmento de la entrevista realizada a Nicolás Dorr, en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).
