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Hay muchas formas de acercarse a un personaje

Primero, cantó y bailó. Luego, llegó la actuación, su lugar. «Simplemente, es una cosa que viene de adentro, que me mueve, y que sin eso no puedo estar», confiesa en diálogo con Juventud Rebelde la joven actriz Osmara López, protagonista del cortometraje Pequeña Kanka, e intérprete del polémico personaje de Xenia en la telenovela Regreso al corazón

Autor:

Rubén Ricardo Infante

Se adentró en el ámbito de la actuación casi sin darse cuenta, pero la joven actriz Osmara López ya ha recorrido un buen camino. Muchos la recordarán como protagonista del cortometraje Pequeña Kanka, dirigido por Consuelo Ramírez, el cual le valió los premios de actuación femenina.

Egresada de la Universidad de las Artes, recientemente interpretó a Xenia, un personaje polémico en la telenovela Regreso al corazón. También ha intervenido en otros dramatizados en la televisión y el teatro. Sobre su trabajo como joven actriz en el cine, el teatro y la televisión, versa este diálogo.

«Mi primera experiencia artística no fue en la actuación, básicamente. Empecé en un grupo que se llama El Hombrecito Verde, que hoy es el Grupo Artestudio Hombrecito Verde, dedicado a la realización de musicales. Entonces yo empecé en el canto», detalla en diálogo con Juventud Rebelde.

Así, Osmara primero cantó, luego bailó y después llegó a la actuación. «No fue que me motivé a actuar como tal, sino que eso fue llegando orgánicamente y me dije: mira, esto es un camino por el cual me puedo ir. Gracias a la insistencia de mis padres, pude entrar a las escuelas pertinentes, a la Escuela Nacional de Arte y a la Universidad de las Artes. No te voy a decir que yo soy actriz porque me gusta vivir muchas vidas, no. Simplemente, es una cosa que viene de adentro, que me mueve, y que sin eso no puedo estar».

Osmara López en el cortometraje Pequeña Kanka, dirigido por Consuelo Ramírez. Foto: Cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son las herramientas que utilizas para la preparación de los personajes?

—Hay muchas formas de acercarse a un personaje. Está la manera que muchos actores utilizan, que es válida: primero lo construyen desde afuera hacia adentro, coordinan cómo se mueve, cómo se viste, cómo habla, cómo suena… Pero yo, particularmente, prefiero hacerlo desde adentro hacia afuera. Porque cada actor tiene su forma de hacerlo, su librito.

«Que lo de adentro vaya condicionando lo de afuera, el cómo se viste, todo, todo lo externo. Primero, busco la manera en la que el personaje siente, los porqués, el porqué es así, sus circunstancias familiares, sociales, su relación con los demás, su relación consigo mismo; todos los problemas psicológicos que pueda tener, sus traumas, sus dolores, sus gustos, todo, y de ahí es que voy creando el personaje, voy diciendo: esto me funciona más por aquí, el personaje puede caminar de esta manera por esto, ya con una justificación.

«Cuando yo tengo eso construido, entonces me dejo llevar, porque siempre el otro actor te tiene algo preparado, algo nuevo, y tú, bueno, fluyes con eso, con lo que el otro actor te da. Si logras aguantar la sangre, me salvo».

—En el caso del cortometraje Pequeña Kanka, ¿cómo resultó la experiencia en el cine…

Pequeña Kanka fue un todo. Esa fue una primera experiencia que tuve en el cine y en los medios audiovisuales en general. La primera persona que confió en mí antes, incluso antes que yo, fue Consuelo. Y Kanka fue un reto brutal porque, en primer lugar, es una cultura diferente a la mía. Tuve que hablar el dialecto kwanyama, que no conocía para nada.

«Tuve que saber qué era lo que estaba pasando, aunque uno lo conoce de refilón, tuve que estudiar el contexto histórico, aunque la película no vaya de eso porque, básicamente, va de una historia de amor. Sin embargo, era imprescindible saber y conocer el momento en que tienen lugar los hechos, la trama…

«Como era lo primero que yo hacía, y venía del teatro, también tuve que interiorizar y proyectar cómo en mi condición de actriz cambiaba el chip para hacer cine, porque son lenguajes completamente diferentes.

«Entonces, fue una experiencia brutal, muy fuerte, aunque Kanka llevaba conmigo mucho tiempo. Cuando se logró hacer el corto, ya conocía el personaje desde hacía cuatro años. Habíamos trabajado indistintamente con Consuelo en determinadas cosas, por ejemplo, en el idioma, recibí muchas clases del kwanyama. Además, tenía mucha conexión con el otro actor, que es maravilloso, y visionar mucho cine para ver cómo yo podía adaptarme a ese medio, viniendo del teatro, que es completamente diferente».

Recibiste varios premios por este trabajo, ¿cuáles son las satisfacciones que estos te confieren?

—Sinceramente nunca esperé recibir premios por Kanka, pero ya que están, los agradezco mucho. ¿Qué te puedo decir? Es una satisfacción muy grande, porque es un reconocimiento a mi esfuerzo, a todo lo que he vivido.

«No se lo atribuyo solamente a Kanka, sino también a los demás personajes y trabajos, en todos los medios que he tenido la fortuna de estar, de vivir, porque todos ellos me han llevado a que Kanka tuviera ese resultado y vinieran los reconocimientos. Es como un premio que les doy a todos los personajes, a los que están y a los que vendrán».

Con su actuación en el cortometraje Pequeña Kanka, dirigido por Consuelo Ramírez, Osmara López ha obtenido premios de actuación. Foto: Cortesía de la entrevistada

¿El cine, la televisión y el teatro tienen códigos similares, pero lenguajes diferentes?

Es complicado, sobre todo, cuando tú saltas de un medio al otro y no pasas por el intermedio, porque considero que están en este orden, el teatro, la televisión y el cine, en cuanto a expresión. El teatro es un poco más grande porque el espectador está allá, y también aquí, muy cerca de uno, y los actores estamos de este lado, desde las tablas, y hay que expresar un poco más, hacerlo un poco más grande.

«En la televisión yo siento, en mi corta experiencia, que, por el tema de la audiencia, de los televidentes, que se busca un poco más el resultado, más la lágrima, más demostrar un poco, quizá, la emoción; y el cine es más contención, es esa pugna interna que tiene uno como actor, entre expresar obviamente y contener porque la cámara la tienes delante, el espectador te está mirando, se ve todo.

«Entonces, es esa pugna entre expresar y no expresar, entre contener y darlo todo. He ido bandeándome, gracias a los actores que he tenido al lado y a los directores que me han acompañado en el proceso; de qué manera no lo sé, pero lo he hecho, justo, creo, por eso que te estoy comentando, saber en qué grado está la manera de expresarse realmente».

¿Proyectos en los que trabajas actualmente?

—Estoy haciendo teatro con Nave Oficio de Isla que es mi casa, presentando una obra de Edward Doimil, que se llama Nuestro Pueblo, con Johan Ramos, que también la está dirigiendo, en conjunto con Osvaldo Doimeadiós. Y abierta a nuevos proyectos, ya sea en el cine, en la televisión.

 

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