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Alberto Corona, un actor todoterreno

El rostro de Alberto Corona se ha vuelto familiar en la televisión cubana, en la polémica telenovela cubana Ojo de Agua encarnó a uno de los personajes protagónicos: Rubén. A pesar de su reconocida trayectoria en la televisión, su viaje actoral comenzó hace aproximadamente veinte años en el teatro

Autor:

Jeiddy Martínez Armas

Alberto Corona se transmuta en cada actuación y lo hace con tanta fuerza y verdad que parece que ha vivido miles de vidas, ya sea en los sets de filmación o en distintos escenarios teatrales. Cambia de piel como un camaleón, podemos observar así que su pelo, su ropa, su voz y sus gestos parecen irreconocibles en las diferentes escenas. 

Su desempeño ha sido relevante en uno u otro medio, gracias a lo cual ha obtenido diversos reconocimientos, como el premio Adolfo Llauradó en televisión al mejor actor joven en el año 2015, por su personaje de Rogelio en la telenovela Latidos Compartidos. En el teatro su obra Favez, la cual dirige, ha alcanzado entre otros reconocimientos, el  Premio al mejor monólogo en el año 2024 en el Festival Internacional de Monólogos Casa Tanicho en México.

Conozcamos más en la siguiente entrevista exclusiva para el Juventud Rebelde sobre su reciente participación en la telenovela cubana Ojo de Agua donde dio vida al personaje de Rubén e igualmente acerca de sus inicios en la televisión. Sepamos además lo relacionado a su amplísima trayectoria de veinte años en el teatro de La Mayor de las Antillas, la cual le ha dado «tablas» para ser un actor todoterreno.

En la novela cubana anterior Ojo de Agua encarnaste a Rubén ¿Cómo construiste este personaje, te apropiaste de él y lo interpretaste en escena?

Lo primero que hice fue entenderlo con la mayor veracidad posible, en un contexto rural, de campo, que es donde él se manifiesta y vive. Y en ese proceso es que descubrí su esencia, lo que él tenía para dar que es muchísimo. Y sí, le puse mucho de mí, sobre mi experiencia en mi infancia de Bejucal, de todo ese mundo mágico en que yo habité, el cual me enseñó a apreciar el valor de la tierra, de un árbol, a cuidar a los animales. Asimismo mi vivencia como un hombre que desde nuestro teatro trabaja temas sociales y de género me ayudó inmensamente también a la hora de darle vida.

Y es precisamente que el alma del personaje de Rubén era pura y limpia, un hombre romántico, apasionado con unos sentimientos tremendos, muy familiar, que adora a su hijo, a su amada e idolatra a su madre. A la vez tiene muchos complejos y tabúes que tiene que vencer. Y eso es precisamente lo que hace extremadamente interesante a un personaje. Él no tiene que luchar con una sociedad que le rodea, sino que su guerra es con él mismo constantemente.

Entonces aparece Nadia, que es una mujer liberal, independiente y suficiente. Rubén se deslumbra con ella y la ama muchísimo pero a él le cuesta, porque ella representa exactamente lo contrario a lo que él aprendió de lo que es una mujer y por eso tiene grandísimas contradicciones consigo mismo. Al final de la telenovela Rubén logró traspasar estos obstáculos, tabúes y prejuicios que tenía y logró ser feliz con Nadia. Logró vencer ese machismo que era para él como una enfermedad y lo limitaba a ser feliz en todos los sentidos.

¿Estás satisfecho con tu interpretación en Ojo de Agua?

Alberto Corona siempre va a estar descontento porque perpetuamente hay algo que pudiera cambiar o transformar. Viendo la telenovela dices que podías haber hecho alguna cosa diferente en ese momento de la filmación. Además lo miras desde otra perspectiva y circunstancia y eso te da otra visión. Siempre me pasa igual, que quiero cambiar algo. 

¿Nos pudieras hablar sobre esos nexos profesionales y de amistad durante la filmación de Ojo de Agua? 

A Yaité Ruiz quien interpretó a Zuleika la conocía desde antes. Ella y yo hemos trabajado juntos en Mefisto Teatro cuando yo prácticamente empezaba y ella tenía un poquito más de experiencia en las tablas. A mí siempre me resultaba muy difícil hacer estas escenas con Yaité, porque la quiero, la admiro y la respeto muchísimo; es mi amiga de toda la vida. 

La relación con Yura López, quien interpretó a Nadia fue muy bonita también, porque es una actriz con una nobleza tremenda, quien se entregó y dio muchísimo. Nosotros tuvimos escenas muy complicadas en las que todo fluyó espectacularmente bien y conectamos desde el principio. Estoy muy contento con el proceso que viví con ella durante la filmación.

Sobre otro de los actores, Luis Ángeles, quien encarnó a mi hijo Adonis en la telenovela, pudiera decir que las cosas con él igualmente fueron espectacularmente buenas en las filmaciones porque llevamos nuestros personajes al límite, sobre todo en cuanto a nuestra relación familiar. Él es un actor explosivo y natural, consciente de lo que está haciendo.

Con mi padre en la telenovela, el actor Faustino Pérez, quien interpretó el personaje de Nelson, tuve también escenas fuertes durante la filmación. Era el padre el patrón a seguir por Rubén, una construcción machista con grandes contradicciones. Debido a eso lo enjuicia, lo censura, lo machaca. Asimismo el padre fue un ejemplo en los capítulos finales de la telenovela para la transformación de Rubén. Y con Faustino, todo lo anterior fluyó de una manera muy natural.

Para concluir este acápite quisiera hablar de la relación de Rubén con Berta, su madre, interpretada por la excelentísima actriz Mayra Mazorra, a quien respeto y admiro muchísimo. Una de las cosas que más me costó a mí fue hacer estas escenas con ella, las mismas fueron extremadamente complicadas porque él no acepta la decisión de ella de amar a otra mujer. Yo verdaderamente las disfruté desde el punto de vista de intensidad y de verdad escénica, pero a la vez las sufría muchísimo porque yo jamás le diría eso a quien me dio la vida. Rubén es muy crudo y fuerte, no busca las palabras amables ni intenta decirlo lo más bonito posible para no lastimar. Él lacera, hiere y machaca a su madre.

Es imprescindible para que el público interesado conozca más sobre tu amplia trayectoria volver al inicio de tu carrera artística ¿Cuándo y por qué decidiste que querías ser actor? 

Estudié técnico medio en Contabilidad, pero solo para complacer a mis padres. Realmente lo que siempre me gustó era todo lo que tuviera que ver con el arte en general. Continuamente estaba cantando, preparando actividades en la escuela que tuvieran que ver con eso, pero en aquel entonces yo ni pensaba que me iba a dedicar a la actuación. 

Creo que en el momento que decidí con conciencia que me iba a consagrar a esta profesión fue cuando conocí al actor Ramón Ramos en el grupo de teatro Mefisto, él me mostró por decirlo de alguna manera, la nobleza que tiene esta carrera. Esto ocurrió como en el 2006, más o menos, fecha en que empecé a ir a la escuela que él tenía, en su apartamento en Centro Habana. Allí aprendí la historia del teatro cubano y universal. Leíamos a Abelardo Estorino, recuerdo especialmente la obra teatral El robo del cochino. 

En la escuelita de Ramón Ramos también conocí a Stanislavski. Además dábamos clases de voz y dicción, además de expresión corporal. Yo le agradezco muchísimo a él. Falleció en la COVID-19 pero lo pienso y lo rememoro con intenso cariño, debido a que fue un excelente actor que le dio la vida al teatro cubano.

En el grupo de Teatro del Cuerpo Fusión fue tu debut en el arte escénico a través de la pantomima, luego en Mefisto Teatro, interpretaste un papel en la icónica obra El Diario de Ana Frank convirtiéndote así en profesional ¿Qué significó para ti en ese entonces poder entrar a los escenarios teatrales?

A lo largo de estos veinte años de carrera artística he tenido la suerte de conocer variados estilos de grupos de teatro. Verdaderamente es una bendición para un actor tener la posibilidad de saber las maneras que tienen otros colegas. En mis inicios recuerdo Teatro del Cuerpo Fusión, un lugar muy bonito en el cual aprendí precisamente el arte del cuerpo y Mefisto Teatro donde hice mi primera obra profesional que fue El Diario de Ana Frank, una experiencia que guardo en mi corazón.

El Diario de Ana Frank es un textazo maravilloso donde mi personaje entraba para ayudar a esa familia que estaba pasando por una circunstancia determinada. Verdaderamente resultó una experiencia muy particular. Se estrenó en el noveno piso del Teatro Nacional. Recuerdo que yo veía la escenografía y las luces que había creado Tony Díaz y decía: «madre mía, esto es a lo que yo me quiero dedicar».

En el teatro has formado parte de prestigiosos grupos como Hubert de Blanck, Argos Teatro, entre otros ¿Cuánto has aprendido y te has desarrollado en cada uno de ellos? ¿Qué personajes y obras teatrales te han aportado más a ti como actor y viven aún en tu memoria?

En el grupo de teatro Hubert the Blank trabajé muchísimo. Allí hice un gran repertorio, desde teatro clásico hasta contemporáneo y verdaderamente esto me dio bastante oficio, una enorme experiencia y «tablas», como se dice en este mundo teatral. 

Recuerdo que estaba ensayando tres obras de teatro a la vez y los fines de semana en función con otra. Hice Don Juan Tenorio, Tu ternura Molotov, también Ecos y murmullos de Comala, la última obra escrita y dirigida por Abelardo Estorino, donde yo interpretaba a Juan Preciado. Actué asimismo en Monseñor Bola, un homenaje al músico cubano Ignacio Villa «Bola de Nieve», escrita y dirigida por Héctor Quintero la cual fue una experiencia grandiosa. 

Después de estar en el Hubert the Blank pasé por Teatro El Círculo, donde protagonicé La Mandrágora con dirección de Pedro Ángel Vera. Luego fundamos la Compañía Teatral El túnel con Pancho García, mi gran maestro. Él es la persona que definitivamente me dio las claves fundamentales para entender el teatro que estoy haciendo y el que me gustaría hacer. 

Luego de El Túnel entré a Argos Teatro y trabajé con ese excelentísimo dramaturgo y director que es Carlos Celdrán, gran maestro a quien también le debo muchísimo. Le agradezco haberme enseñado el sentido del escenario e igualmente poder encontrar esa verdad absoluta sin imponer nada. 

El teatro es mi vida, me lo ha dado todo, Liliana y yo siempre lo decimos. A lo largo de mi carrera artística, que ya son veinte años me ha tocado interpretar disímiles personajes: Bulgákov, por ejemplo, el cual es precioso y que recuerdo con muchísimo cariño de la obra de teatro Cartas de amor a Stalin; Don Juan Tenorio; el Oscar de la obra Aire Frío, dirigida por Carlos Celdrán. Te puedo mencionar muchísimos otros pero te puedo afirmar que el personaje que más me ha aportado es el que está por hacerse.  

Particularmente recuerdo y siempre lo voy a mencionar a Yunier en la obra Kilómetro Cero, lo guardo en mi memoria con un enorme afecto. El público que me vio estar en su piel dirá: «¿ese personaje?» Porque es totalmente negativo y hace cosas horribles. Pero sí, es el que más rememoro por lo difícil de su psicología y lo complicado de entender. Y como yo tuve que interpretarlo me tocó defenderlo, comprenderlo, estudiarlo y analizarlo. Lo evoco con muchísimo amor porque fue además el personaje que encarné en la obra Kilómetro Cero, que dio inicio a la compañía con el mismo nombre, la cual mi esposa Liliana Lam y yo creamos. 

Has sido parte de varios grupos, pero sin dudas Kilómetro Cero te ha brindado múltiples gratificaciones 

Kilómetro Cero es mi casa, el hogar, ese espacio que Liliana y yo concebimos para llevar a las tablas nuestro sentir, razones y necesidades. Nos ha brindado la oportunidad de hacer un teatro que no sea solamente para divertir o pasar un momento agradable, sino igualmente para pensar, que reflexione, donde el espectador salga de la sala transformado y valorando lo que ha visto.

En Kilómetro Cero ha tenido mucha popularidad Favez, un monólogo teatral sobre la vida de la suiza Enriqueta Favez, primera mujer que ejerció la medicina en Cuba vestida de hombre, porque en aquella época no se le permitía a las féminas ejercer esta profesión en nuestro país ¿Qué ha representado y aportado esta obra teatral para ustedes? 

Favez por supuesto cambió mi carrera profesional totalmente, porque yo nunca pensé en ser director. De hecho, siempre le decía a Liliana que iba a dirigir mi primera obra de teatro cuando tuviera unos 40 años de trayectoria artística, ya que para ser director creo que se necesita mucha experiencia que todavía no tengo. Pero Liliana me impulsó muchísimo para que yo dirigiera el monólogo y nos pusimos a escribirlo. Valió mucho la pena porque nos ha dado tantísimas alegrías y premios internacionales. Además la importancia de Favez es contar una historia real que sucedió en el siglo XIX en Cuba. Tuvimos que investigar y trabajar arduamente en medio de la pandemia, qué bueno que nos los permitieron en aquella época de distanciamiento social; porque como somos pareja, en el teatro solamente estábamos nosotros dos y podíamos ensayar. 

Fue un proceso extremadamente intenso, hermoso y a la vez nos retaba constantemente.  Esta resultó ser la primera obra que dirigí y verdaderamente los resultados han sido maravillosos. Creo que es un espectáculo el cual estaremos haciendo a lo largo de nuestras vidas. Liliana siempre dice que aunque esté viejita seguirá siendo Favez.

Hace poco estuvimos en Panamá. Nos encontramos con un público latinoamericano lleno de costumbres machistas y un poco ortodoxas que no están acostumbrados a ver obras que traten temáticas como la de Favez. Ella además de ser la primera mujer que se vistió de hombre para ejercer la medicina en Cuba, también fue la primera fémina en nuestro país que se casa con otra mujer engañando a una sociedad, debido a que era la manera que tenía de ser feliz y poder vivir lo que sentía verdaderamente.

Entonces esta historia, para sorpresa nuestra en Panamá fue acogida muy bien. En un teatro lleno con un público de más de 500 personas todos se quedaron atentos y pensando. Había un silencio abrumador en la sala que te envolvía. Al final de la obra se levantaron y todos de pie aplaudieron por casi tres minutos, ovacionando la interpretación de Liliana Lam encima del escenario. Fue verdaderamente una experiencia muy bonita y donde nos quedaron muchísimos nuevos amigos y proyectos venideros que ojalá lleguen a buen puerto. 

Tu cara ya es familiar en las telenovelas cubanas. Hemos podido verte en algunas como por ejemplo Aquí Estamos, Latidos Compartidos, Entrega, Tan Lejos y tan cerca, Sábados de Gloria y ahora en Ojo de Agua ¿Más allá de la popularidad de estas realizaciones audiovisuales ¿Cuánto te han aportado a ti como actor? 

He tenido la suerte de hacer varias con excelentes personajes. Me siento afortunado de que los directores me llamen para trabajar en sus proyectos y sobre todo por lo muchísimo que cuesta hoy mismo entrar a la televisión cubana. Son ya como como seis de las que he formado parte y me han tocado personajes complicados e importantes dentro de la trama.

Recuerdo que cuando estaba en el grupo de teatro Hubert the Blanck decía que quería hacer una telenovela. Parece que el universo se alineó y pude. La primera en la que yo participé fue Aquí Estamos con un personaje secundario que tenía solo siete escenas. Luego vino Latidos Compartidos, la primera telenovela donde interpreté un papel importante dentro de la historia: Rogelio, a quien rememoro con muchísimo cariño porque me dio numerosas alegrías, incluso hasta un premio Adolfo Llauradó al mejor actor joven en el año 2015. Me siento muy afortunado de eso, la verdad. 

En Sábados de Gloria telenovela transmitida en años recientes, protagonizaste un trío amoroso, el cual se pudiera decir que tenía escenas atrevidas para la televisión cubana en ese entonces ¿Cuán necesario crees que resulta visibilizar en las pantallas nacionales este tipo de relaciones sentimentales de quienes a pesar de los prejuicios se aman? 

Este fue un proyecto que llegó a mí así de imprevisto y  verdaderamente desde que leí en el guion el personaje de Javier me di cuenta de que daría mucho de qué hablar y proporcionaría una gran polémica; precisamente por no tener prejuicios ni tabúes y por no poseer esas limitaciones que existen y perduran desgraciadamente en nuestra sociedad cubana actual y también en otros países.

¿Y yo me pregunto quién dicta lo que está correcto y lo que no? Es una pregunta que intento responderme. Y lo más cercano a esta respuesta es ser feliz, simplemente ser libre para ser dichoso en todos los sentidos. En esa búsqueda de la felicidad, el ser humano se encuentra con grandísimos obstáculos y uno de los más grandes o yo diría que el principal, es uno mismo. Y Javier, gracias a Dios no tenía eso. Javier amaba al ser humano sin importarle el sexo. Simplemente él era libre. 

Yo sabía que esa escena entre los tres iba a causar un revuelo tremendo. Como sucedió aquello fue algo revolucionario en la televisión cubana, así lo entiendo yo. Pero también existieron muchas personas que se detuvieron a pensar lo que quería decir este personaje y por qué lo traían al audiovisual. Y era precisamente eso, recalco, la idea de ser feliz y no juzgar a la ligera. Javier no le hace daño a nadie ¿Por qué enjuiciarlo? ¿Por qué censurarlo? Y así debería pensar una sociedad más libre. Porque nosotros mismos somos nuestros propios obstáculos, quienes nos ponemos esas barreras que impiden la felicidad.

¿Qué desafíos han sido puntos en común para ti en la filmación de todas las telenovelas cubanas de las que has formado parte?

Los procesos de producción en las telenovelas cubanas desgraciadamente son deprimentes, constantemente están afectando la creatividad y la ejecución del audiovisual. Eso es un aspecto importante que ojalá en futuros dramatizados de este tipo se pueda superar. Continuamente decimos los actores y lo he escuchado muchísimas veces, que cada vez que hacemos una novela las circunstancias a nivel de producción son peores. Y lo anterior lo he visto desde Aquí estamos a Latidos Compartidos, hasta llegar a Ojo de agua ─por mencionar algunas telenovelas en las que he participado─ porque hay carencia de todo y eso perjudica grandemente el producto audiovisual.

¿Planeas actuar otra vez en el cine? ¿Algún nuevo proyecto en este medio? 

Sobre la película que debe salir no puedo contar mucho, solo les voy a decir que es una historia impactante y que espero que les guste. 

En el cine sí hay varios nuevos proyectos como dando vueltas pero todavía no se ha concretado nada. En el momento en que se den, seguramente tú tendrás la primicia. 

¿Nos pudieras hablar sobre otros de tus proyectos actuales y futuros? 

Hemos estado de gira por España, con dos de nuestras obras: Intimidad y Favez. Igualmente te mencionaba la exitosa gira que tuvimos anteriormente por Panamá con Favez. Proyectos futuros tenemos muchísimos, por ejemplo hay una nueva obra de teatro escrita y dirigida por Liliana Lam la cual debemos estrenar a finales de este año 2026 en la que yo voy a hacer el actor. Así que bueno, ahí «nos mataremos». Y también poseemos varios sueños y planes los cuales esperemos que se den, por ejemplo a finales de este año haremos giras por Cienfuegos, Pinar del Río, Matanzas y Camagüey. Asimismo nos han pedido muchísimo retomar Kilómetro Cero y estamos valorando la posibilidad de hacer gira además con esta obra.

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