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Vita Kará o la universalidad de la raíz

Inmerso en la grabación de un fonograma que, con certeza, verá la luz pronto, el joven Gabo Cárdenas reafirma su sentir de hacer su arte en Cuba y potenciar la pluralidad cultural desde la defensa de su identidad

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Nacido en Cienfuegos, en La Juanita, Gabo Cárdenas llegó a la Universidad de La Habana a estudiar Historia del Arte. Quizá pocos conocen de su origen, de sus primeras inquietudes creativas o de lo que lo define como hombre, joven, cubano, negro, artista y queer. Hoy su marca en la música y el arte en general es Vita Kará, y es el reflejo de un gran empeño por mostrar la pluralidad de estéticas y el respeto a su esencia que es, en definitiva, como un gran ajiaco.

«Vivía en Alamar en esa época y ya en ese momento confluía en mí una gran mezcla cultural, que unido a todo lo aprendido y vivido después, ha dado al traste con lo que es hoy la música que defiendo, desde que tuve la inquietud de dedicarme a ella en los tiempos de la pandemia de la Covid 19. Quise explorar otros caminos, más allá de las artes visuales, y fundé Siete caminos, donde coexistían músicos, fotógrafos, tatuadores, emprendedores de distintas ramas y me inspiré para explorar sonoridades.

Aquella primera versión de lo que hoy conocemos como Vita Kará fue revelando las ansias creativas de Gabo Cárdenas, quien confiesa que siempre anheló que sonara como la música de Benny Moré. Por eso creó una pequeña jazz band junto a Saúl Verde, arreglista de Pachito Alonso, gracias a la cantante Maira del Pino, y comenzó a andar este sendero sin poseer formación académica musical. Fusiona jazz, blues, soul, afrobeat, funk y géneros de la música cubana.

«Mi entorno familiar fue siempre muy musical, siempre cantábamos y escuchábamos buena música. Ciertamente todos los que me acompañaron en mi sueño eran profesionales y yo, hurgando en mi propia musicalidad y logrando una afinación digna, encontré en ellos una gran familia. Yo ponía mi idea, mi esencia, mi manera de interpretar y ellos, egresados del Instituto Superior de Arte y de la Escuela Nacional de Arte, le daban forma magistral. Hemos crecido mucho a través de las discusiones, y lo agradezco».

Si bien lo estudiado del ámbito artístico en su carrera universitaria y su período laboral en Factoría Habana contribuyó a la formación general que hoy posee Gabo Cárdenas, él destaca las experiencias adquiridas al vivir un tiempo en Francia, en Roma y en Alemania, durante una pasantía de seis meses en Múnich, en la Galería Andreas Binder.

«La vida en Europa, las visiones creativas que allí se comparten, la mirada que se tiene sobre el Caribe, el aprendizaje al participar en curadurías de exposiciones, conversar con artistas de la plástica de ese contexto y el deseo de querer desterrar algunos mitos relacionados con Cuba, me hicieron comprender que llevar el arte cubano a esas latitudes podía ser un buen comienzo, y para eso creé una galería que funcionó un tiempo, Cárdenas Contemporáneo, cosa que después se tradujo un poco en Siete Caminos.

«Me ha motivado siempre trabajar con artistas jóvenes, abrir caminos, trabajar desde lo alternativo, y defender el buen arte. Y como ese anhelo ha persistido, Siete Caminos evolucionó hasta mi proyecto, Vita Kará, que es un laboratorio para crear experiencias colectivas».

—No solo ha sido la música sino también la imagen, el diseño...

Hacer música está bien y gratifica, se viva o no de ella. Sin embargo, los artistas podemos trabajar más allá, sobre todo porque la imagen personal forma parte de ese personaje, de esa marca que le ofreces al público. Por eso hacemos música, pero también proyectamos identidad, y manejamos conceptos visuales. Vita Kará también organiza eventos y desarrolla una línea de moda que ha servido en algunas ocasiones para la imagen de otros artistas.

«Un artista no solo vende su obra sino también su discurso visual, su performance y creo que en nuestro país aún no estamos listos para ese tipo de “provocación”. Lo primero es no tener miedo, respetar al público desde cada detalle, desde la sensibilidad y la empatía, y por supuesto, respetarme a mí mismo.

«El arte, de manera general, es una propuesta, y no tiene por qué gustarles a todas las personas lo mismo. Yo hago lo que quiero y lo disfruto, creo espacios y contenidos para que todos se sientan bien, y agradezco a quienes me siguen y apoyan, e incluso a los que no lo hacen, porque la homogeneidad sería muy aburrida.

«Entonces puedo vestir de rosado, de verde y rojo, con mi sombrero que me distingue, con lentejuelas o no, porque hablamos de colores simplemente…El resto lo pone cada cual.

«Eso sí, lo genuino asusta, a veces, y estoy preparado para ello. Al principio yo experimenté con telas y colores para mi propio vestuario, luego comencé a vestir a los demás músicos y después, cada concierto, cada presentación ha sido el pretexto para crear nuevas líneas textiles, siempre defendiendo el mestizaje cultural, la cubanía y nuestras raíces.

«Entonces, Vita Kará es una marca, una experiencia, un laboratorio que está abierto a apoyar y a darle la mano a varios artistas, como sucedió recientemente con el proyecto Música es Mujer, el Festival Guardarraya, los muchachos de Habanazz, Emy Abreu y la agrupación Cubana Brass, entre otros. Confío mucho en que en la unión está el avance».

Nominado por tercera vez en el Festival Cuerda Vida en la categoría Música Alternativa y luego de obtener dos premios el año pasado en ese evento, Gabo Cárdenas se alegra del reconocimiento de su trabajo en este programa televisivo y en el certamen competitivo, pues se respeta y se visibiliza su trabajo, tanto musical como de identidad cultural.

Inmerso en la grabación de un fonograma que, con certeza, verá la luz pronto, el joven reafirma su sentir de hacer su arte en Cuba y potenciar la diversidad cultural.

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