Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Boquerón

La llegada al Parque Nacional El Boquerón, que es otro de los apelativos con que es conocido este accidente geográfico, sucede entre vendedores ambulantes y una larga fila de vehículos aparcados

Autor:

Enio Echezábal Acosta

A 11 minutos de San Salvador yace uno de los lugares más fabulosos del país cuscatleca. El volcán que comparte nombre con la capital del país, también conocido por los locales como Quetaltepeque, palabra náhuatl que significa «cerro de aves/quetzales», se yergue a lo largo de los municipios de San Juan Opico, Colón y Santa Tecla, todos ubicados en el departamento de La Libertad.

Foto: Abel Rojas Barallobre

La subida en auto hasta la cima de la montaña sucede entre inclinadas pendientes, curvas sumamente cerradas y los naturles cambios en la presión y la temperatura, fenómenos que llevan a los turistas a sentir un poco de pesadez en los oídos y un frío hasta entonces insospechado a los 600 metros sobre el nivel del mar en donde se ubica la capital del país y sus alrededores.

Foto: Abel Rojas Barallobre

Durante la escalada se perciben algunos retazos de la ahora lejana ciudad, escondidos entre la tupida vegetación circundante. A la par de la cortina verde que recubre el macizo rocoso, también van apareciendo un montón de casas, restaurantes, hoteles, parques temáticos y otros negocios que invitan al viajero a probar la cocina tradicional mientras admiran el hormigueo vital que sucede varios kilómetros debajo de ellos.

Foto: Abel Rojas Barallobre

La llegada al Parque Nacional El Boquerón, que es otro de los apelativos con que es conocido este accidente geográfico, sucede entre vendedores ambulantes y una larga fila de vehículos aparcados. Nada más llegar, los 15 grados de temperatura dejan claro que estamos muy alto, aproximadamente a 1800 metros sobre el nivel del mar, una cifra que, según un estudio realizado en 2017 por expertos de diferentes partes del mundo, hace cientos de miles de años puede haber sido de hasta 1000 metros más.

Foto: Abel Rojas Barallobre

El trayecto a lo largo de los miradores que permiten observar el cráter del volcán dura alrededor de 45 minutos. Aunque la mayoría de las personas podría completarlo sin demasiada agitación, es justo decir que las largas escalinatas construidas con madera y tierra pueden ser agotadoras en ciertos puntos. Así todo, la llegada al borde del abismo y la belleza del panorama anulan cualquier cansancio.

Foto: Abel Rojas Barallobre

Una de las imágenes más curiosas que marcan el día es la de un chucho aguacatero, o sea, un perrito callejero que, con pose de filósofo, contempla la inmensidad que tiene delante como quien busca hallar el sentido de la vida.

 

Foto: Abel Rojas Barallobre

La última erupción volcánica del Quezaltepeque sucedió en 1917. Entonces la laguna que existía en el cráter se evaporó y pasado este tiempo la masiva oquedad ha sido cubierta casi al completo por un verde que lo hace lucir en paz. Hoy, la gran mayoría cree que este gigante dormido no volverá a despertar jamás. Sin embargo, con la naturaleza, por bella que sea, nunca se puede estar del todo seguro.

 

Foto: Abel Rojas Barallobre

 

 

Foto: Abel Rojas Barallobre

 

 

 

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.