Vinicius Jr. celebra con la grada principal del Santiago Bernabéu su segundo gol contra el Atlético de Madrid. Autor: Tomada de ESPN Publicado: 23/03/2026 | 04:54 pm
En otro episodio de uno de los derbis más calientes de toda Europa, Real Madrid y Atlético de Madrid se medían por la supremacía de la capital española. En su espalda cargaban la intensidad de una semana de UEFA Champions League, y en el lugar de los hechos el poder latino se impuso, al tiempo que un marcador de 3-2 favorable a los merengues sentenciaron un partidazo.
En una noche con mucho toque latino, Fede Valverde puso la garra charrúa, Nahuel Molina la elegancia del tango argentino, y Vinicius la samba que desató la locura en la casa blanca.
El partido arrancó con un Madrid volcánico que no tardó en anunciar sus intenciones. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando Vinicius se inventó una carrera que obligó a estirarse a Juan Musso, el arquero argentino que suplía al omnipresente Oblak. Y antes de que el reloj marcara los diez minutos, Valverde, con una cabalgada que evocó aquel gol ante el Manchester City, estrelló un disparo en el poste.
El Atlético, fiel a su naturaleza de superviviente, respondió con un mano a mano de Marcos Llorente que Lunin, otro suplente de lujo bajo palos, resolvió con la sangre fría de un especialista. Pero la más clara de la primera mitad la tuvo Vinicius en el minuto 20: dos remates consecutivos desde el corazón del área pequeña, dos veces salvados por Giuliano Simeone, el hijo del Cholo que se multiplicó como un ángel de la guarda sobre la línea de gol. Fue entonces cuando el derbi, que parecía inclinarse del lado blanco, dio un volantazo.
Lookman, el nigeriano que llegó en enero a aportar electricidad al ataque rojiblanco, apareció en el minuto 33 para escribir el primer acto de la noche. Una jugada de manual: Ruggeri por la izquierda, el tacón exquisito de Giuliano y el ex del Atalanta solo ante Lunin para hacer el 0-1. La Catedral blanca, que había rugido durante media hora, se sumió en un silencio incómodo. El Madrid se marchó al descanso con la sensación de haber merecido más y, sobre todo, con la certeza de que el Atlético le había devuelto el golpe con la precisión de un cirujano.
Pero los derbis tienen la costumbre de rescribirse en instantes, y la segunda mitad fue un vendaval de emociones. Arbeloa movió el banquillo, y el Madrid salió con la determinación del que sabe que no hay margen para el error.
Brahim Díaz encaró a Hancko dentro del área, y el eslovaco, en un exceso de confianza, le hizo la zancadilla. Penalti claro. Vinicius, que había fallado uno ante el City, tomó carrera y fusiló a Musso para poner el 1-1.
El Bernabéu, que había vuelto a rugir, aún no se había sentado cuando ocurrió lo siguiente: un error garrafal de Giménez, recién ingresado para reforzar la zaga colchonera, permitió que Valverde le robara el balón en la frontal y, con la frialdad del depredador, batiera al portero argentino con un disparo de exterior. En tres minutos, el Madrid había remontado un partido que se le había atragantado. La garra charrúa de Valverde, ese uruguayo que parece tener el motor siempre encendido, había vuelto a decidir.
Pero el Atlético de Simeone no es un equipo que se rinda con facilidad. Cuando el Madrid ya se veía con el triunfo en el bolsillo, apareció Nahuel Molina para escribir el verso argentino de la noche. El lateral derecho, que había salido desde el banquillo, recibió el balón en la frontal, enganchó un derechazo desde casi treinta metros y lo coló en la escuadra izquierda de Lunin con una violencia que dejó helado al Bernabéu. Fue un gol de antología, de esos que merecen ganar cualquier partido, un zapatazo que entró como un misil teledirigido. El 2-2 devolvía la esperanza a los visitantes y abría una nueva ventana en un derbi que ya se había convertido en una montaña rusa de emociones.
Faltaba el broche final, y el encargado de ponerlo fue el brasileño que tiene la samba en las venas. En el minuto 72, Trent Alexander-Arnold condujo el balón desde su propio campo y se lo dejó a Vinicius en la frontal. El 7, escorado sobre la izquierda, recortó hacia dentro, encontró el hueco y sacó un disparo con efecto que se coló por el palo largo, imposible para Musso. Era el 3-2, el segundo gol del brasileño, los primeros tantos de Vinicius al Atlético en Liga tras 12 derbis sin marcar. El Bernabéu, que había pasado por todos los estados de ánimo en 90 minutos, estalló en una ovación que sonó a declaración de principios: este Madrid, aunque cojea en la tabla, sigue vivo.
Pero la noche aún tenía un último giro de guion. En el minuto 77, Valverde, el héroe de la remontada, saltó sobre Álex Baena en una entrada dura, quizá imprudente, con la carga de una historia que viene de lejos: aquel incidente en el aparcamiento del Bernabéu en 2023, cuando el uruguayo golpeó al español tras un partido. El árbitro Munuera Montero no dudó: roja directa.
El Madrid, con diez hombres, se encomendó al corazón y al oficio para defender la renta. Y en el 81, Julián Álvarez, la araña que tanto daño ha hecho esta temporada, recibió en la frontal y soltó un derechazo que se estrelló en el poste, a centímetros del empate que hubiera sido definitivo, pero insuficiente.
Con este triunfo, el Real Madrid se mantiene a cuatro puntos del Barcelona, líder de LaLiga, y sigue soñando con la remontada.
El Atlético, en cambio, pierde la tercera plaza en favor del Villarreal y se marcha con la miel en los labios, con el consuelo de haber firmado un partido memorable y el orgullo de haber plantado cara hasta el final.
En una noche donde el fútbol latino se vistió de gala, el derbi dejó una lección clara: cuando Vinicius baila, Valverde corre y Molina dispara, el espectáculo está garantizado. Y en el Santiago Bernabéu, los derbis se escriben con mayúsculas, con samba, con tango y con esa garra uruguaya que nunca se rinde.
