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Marlyn Pérez: La cuenta sigue abierta

En la discusión del oro en los 53 kilogramos del taekwondo centrocaribeño, la cubana cayó ante una contrincante que hizo valer un factor que pesa mucho: la experiencia

Autor:

Juventud Rebelde

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Marlyn Pérez cayó combatiendo y sin miedo. La muchacha, delgada, de nariz afilada, subió al colchón a darlo y todo. Y lo hizo con autenticidad. Un primer gesto fue la señal clara de sus intenciones: un grito largo con los brazos abiertos, luego de que el entrenador la abrazara y la pusiera en dirección a la zona de combate.

Después vino un duelo, donde en su primer momento ambas luchadoras se midieron con el mismo cuidado que unos duelistas de espadas. Tanto Marlyn como su oponente, la mexicana Nadia Ferreira, se amagaban con cuidado antes de lanzar el golpe. En este caso, los golpes eran rápidos, luego de unas pausas breves. No era la lluvia de patadas. Los ataques se detenían con las piernas, se quedaban observándose, dando saltos en el lugar, con la guardia de los brazos a la altura del pecho. Las piernas o se quedaban a centímetros del punto de golpe en fracciones de segundo, o se desviaban a mitad de camino para dar paso al ataque en otra dirección.

En este caso, lo que más hacían ambas era buscar el golpe definitivo de una sola estacada. Eran dos gladiadoras midiendo el nivel de cada una, bajo una de las presiones más grandes que pueda existir: la del tiempo de combate, el de la mirada de los árbitros y las ovaciones del público.

Es difícil aguantar, y los golpes rompieron la contención. De los ataques firmes y medidos se pasó a una intensidad más grande, donde a veces era difícil discernir quien llevaba la ventaja.

La primera ronda parecía pareja. Bastaba mirar a los entrenadores. El mexicano sonreía, pese a que la suya había recibido varios toques en el pecho y la patada de la cubana había amenazado el mentón de su discípula.

Foto: Mónica RF/JIT

Con la segunda parte, el balance se puso a favor de la cubana, que llevó el combate a un cuerpo a cuerpo donde las extremidades de la mexicana casi no podían actuar. El oro parecía brillar para Marlyn.

Hasta que llegó el momento final. Marlyn tenía varias opciones. Una de ellas: dar largo, moverse para que el tiempo pasara; pero ello implicaba no perder de vista ni por un minuto a la mexicana. Ese fue su error. No fue la fuerza. Fue la astucia. El fogueo. El ver el flanco abierto y lanzarse. El taekwondo, en ocasiones, más bien parece un combate de florete y no tanto un duelo de sables.

Porque justo en el momento que se terminaba una deliberación, justo cuando el árbitro dio la señal, ahí, en ese momento, Nadia Ferreira se lanzó a fondo con una patada relámpago que marcó por encima del pecho de la cubana. No era un golpe de fuerza. Era una estocada, hija de la experiencia, del oficio. México podía sonreír.

«Me confié al final y perdí —dijo la jovencita, con una vergüenza a flor de piel—. Quise darle a mi pueblo el oro y no pude. Que me disculpen, pero que sepan que di lo mejor de mí. De las derrotas se aprende y Marly no se rinde. El camino sigue. Y aquí digo que la medalla de oro vendrá en algún momento. Esa cuenta sigue abierta».


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