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Iván, el arquero

La medalla de bronce para Cuba en tiro con arco por equipos parecía perdida, hasta que un disparo cambió los aires de la competencia con Guatemala 

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Iván Emmanuel Pérez Bernal parece no tener nervios. Es alto, delgado, con una barba a la moda. A sus 27 años, este artemiseño ya es bronce en tiro con arco recurvo por equipos, pero con una particularidad: Santo Domingo 2026 es su segunda competencia internacional y el primer Juego Centroamericano y del Caribe en el que participa.

Es una buena noticia. Solo que llegar al triunfo fue con la ansiedad de la rabia. Horas antes, el equipo de Cuba había caído ante México. Hasta el último momento tuvieron el anhelo de ganar, pero no pudieron. El pase de factura llegó con la falta de fogueo internacional y las duras condiciones de entrenamiento bajo los apagones.

Aunque en el silencio de Iván y de sus otros dos compañeros —el veterano Hugo Franco Padrón y Javier Vega Valle— había algo. Eran ganas de desquitarse. No lo decían, pero se notaba.

El problema fue que comenzaron con mal paso frente a Guatemala. La primera ronda no fue buena. Los guatemaltecos sonreían y se veían relajados. En varios tiros, la puntuación los favorecía cómodamente. La pelea parecía ganada. Solo había que mantener el ritmo.

Entonces llegó la segunda ronda. Iván avanzó con tranquilidad. Separó las piernas. Con suavidad, se inclinó hacia arriba. Tensó el arco. Lentamente, lo puso en línea de tiro y a los pocos segundos se oyó un chasquido. «Nueve», se oyó en el campo. Casi en el centro de la diana. El aire del triunfo comenzó a cambiar.

***

Iván nunca buscó el tiro con arco. Más bien fue al revés. Comenzó a practicar el deporte por una captación en la primaria. Después lo dejó y a los 19 años retornó. Fue, entonces, en una competencia juvenil, cuando obtuvo medalla de plata. «Me di cuenta —dice— que podía dar para más».

Confiesa que lo que más le gusta de ese deporte es la precisión. «En apariencia es fácil —comenta—, pero exige que te conviertas en parte del arma. Cada estructura de tú cuerpo debe volverse un mecanismo del arco. Si una “pieza” no se mueve bien, el disparo ya no es efectivo».

***

Aquella tarde del 25 de julio, en el Campo del Este de Santo Domingo, Iván asegura que no estaba nervioso. Todos querían el resultado y eso, comenta, da ansiedad, pero no al punto de perder los nervios.

«Yo soy el que inicia los disparos —explica—. La serie anterior fue mala y empecé a corregir la mira hasta que entró la diana. Ahí sentí que volvíamos a ser nosotros. 

«¿Cómo me controlé? No pensé en el resultado. Simplemente, salí a repetir el entrenamiento. O sea, a concentrarme en cada paso». Y así salió el disparo. Y así llegó el bronce. Un bronce salido del coraje. Una medalla con colores de oro.

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