En el reestreno de Roberto Mancini al frente de la Selección italiana de futbol, la azurri cayó 2-0 ante Bélgica Autor: AFP/Getty Images Publicado: 28/09/2026 | 01:52 pm
Hay películas que uno ve una vez y no olvida. Y hay partidos de la selección italiana que uno ve una y otra vez, como si alguien hubiera puesto el mismo VHS en bucle y nadie se atreviera a sacarlo. Este viernes en el Estadio Olímpico, la Azzurra volvió a representar el mismo guion: dominio estéril, fragilidad defensiva en el momento menos pensado y una afición que abandona las gradas entre silbidos y gestos de resignación. El resultado, 0-2 ante Bélgica, no es una novedad. Es la enésima repetición de una película que Italia lleva años proyectando sin cambiar el final.
Roberto Mancini volvió al banquillo italiano con la promesa de un aire nuevo. Alineó a Alessandro Romano en el centro del campo, apostó por Pio Esposito y Moise Kean juntos en ataque, y en los primeros compases Italia pareció tener el control del balón. Pero el espejismo duró lo que un suspiro. Un balón perdido por Romano en el mediocampo derivó en un contragolpe letal, y Mika Godts, el extremo del PSG, se paseó por el área italiana como un turista por el Coliseo. Eludió a Coppola y a Mancini con una facilidad sonrojante y firmó su primer gol como internacional absoluto. Minuto 20. Y el Olímpico, que ya ha visto esta película demasiadas veces, empezó a murmurar.
El resto del primer tiempo fue un ejercicio de supervivencia. Donnarumma, el único italiano que parecía haber venido a jugar, salvó a su equipo de una goleada anticipada con una doble parada antológica a De Ketelaere y Raskin, y otra intervención de reflejos felinos ante un cabezazo de Godts. Bélgica, con De Bruyne como director de orquesta, movía el balón con una paciencia que Italia no encontraba. Los Azzurri, mientras tanto, se enredaban en pases laterales y centros sin destinatario. El único remate con peligro antes del descanso fue un disparo de Kean al lateral de la red tras una buena jugada de Cambiaghi. Poco, muy poco, para un equipo que se jugaba el orgullo en su reestreno oficial.
La segunda parte empezó con una Italia más decidida. Lammens, el portero del Manchester United, tuvo que emplearse a fondo para desviar un disparo de Kean con la pierna derecha y luego repeler un intento de Esposito. El Olímpico se ilusionó. Durante diez minutos, los de Mancini parecieron creer que la pizza, esta vez, sabría distinta. Pero entonces llegó el golpe definitivo. Dodi Lukébakio, que había entrado desde el banquillo apenas once minutos antes, condujo un contragolpe devastador, resistió el contacto de la defensa y fusiló a Donnarumma con un disparo raso al fondo de la red. 0-2. Y con él, el silencio.
Italia lo intentó hasta el final, pero sin fe. Calafiori estrelló un disparo fuera por poco, y Scalvini, en los estertores, se topó con el travesaño. Los pitos, que ya habían sonado al descanso, volvieron con más fuerza al pitido final. La afición italiana ha visto demasiadas veces esta película: la posesión estéril, el gol en contra en el momento más inoportuno, la reacción tardía y sin premio. Bélgica, en cambio, sumó sus primeros tres puntos con la autoridad de un equipo que, con Van Bommel en el banquillo, parece haber encontrado por fin un rumbo.
Mancini, el hombre que devolvió a Italia a la gloria en 2021, enfrenta ahora el reto más difícil de su carrera: convencer a un país de que esta vez la historia tendrá un final distinto. Pero el reloj avanza, los rivales no esperan, y el Olímpico ya ha dejado claro que la paciencia tiene un límite. La pizza de la marmota vuelve al menú del día. Y en Italia, mientras tanto, nadie sabe cuándo terminará la repetición.
