José Mourinho afronta el regreso del fútbol de clubes con la necesidad de cambiar el rostro de un equipo que no encuentra su alma. Autor: Tomada de ESPN Publicado: 10/10/2026 | 07:34 am
Valdebebas huele a vendaval. No es una metáfora: es el aroma espeso que dejan las tormentas cuando aún no han terminado de descargar. El Real Madrid regresa este sábado al Bernabéu después de tres semanas de silencio incómodo, de preguntas sin respuesta y de heridas que no terminan de cicatrizar. Y lo hace con la sensación de que el parón FIFA, lejos de servir como bálsamo, ha removido aún más las aguas de un equipo que navega sin brújula desde aquel 2-1 en el Metropolitano.
Las dudas tras el derbi no son nuevas, pero se han multiplicado con el paso de los días. Mourinho fue señalado por su planteamiento en el Metropolitano. El Madrid va cuarto en LaLiga, a seis puntos del Barcelona, y la sensación generalizada es que el equipo no tiene una identidad reconocible. Los blancos han encajado goles en siete de los ocho partidos oficiales disputados esta temporada, y solo ante el Málaga lograron dejar la portería en cero. Una estadística que, en palabras del propio Mourinho, hace imposible ganar Liga o Champions. Pero el problema no es solo defensivo: la falta de conexión entre Mbappé, Vinícius y Bellingham sigue siendo un rompecabezas sin resolver.
Y por si el panorama no fuera lo suficientemente sombrío, el parón ha dejado un reguero de bajas que ha puesto patas arriba la planificación de Mourinho. La defensa, ya de por sí frágil, es ahora un solar. Rüdiger es el único central disponible: Asencio sigue recuperándose de una operación, Militão continúa en la enfermería, Huijsen cumple sanción tras su expulsión en el derbi y Konaté llegó justo al límite. El portugués tendrá que recurrir a Tchouaméni como central de emergencia o echar mano de la cantera para formar una zaga que dé garantías ante un Villarreal que, aunque irregular, siempre es peligroso. En el centro del campo, la situación es algo más halagüeña: Valverde, que sufrió un esguince de grado 3 en el tobillo durante el derbi, ha acelerado su recuperación de forma casi milagrosa y podría estar disponible. Su presencia, junto a la de un Mbappé que también apunta a titular tras superar su hiperextensión de rodilla, sería un bálsamo para un equipo necesitado de buenas noticias.
Pero si hay un nombre que ha centrado todas las miradas durante el parón, ese es el de Kylian Mbappé. El francés, que abandonó la concentración de Francia tras lesionarse ante Turquía, protagonizó una polémica que ha caldeado el ambiente en Valdebebas. Mientras se recuperaba, publicó un vídeo en sus redes sociales montando en bicicleta, unas imágenes que no sentaron nada bien en el club y que le valieron un serio llamado de atención de Mourinho. A esto se suma su controvertida actitud tras el derbi, donde habló más de sus botas y de su Balón de Oro que de la derrota del equipo, lo que ha generado un profundo malestar entre la afición. El Bernabéu, que ya ha demostrado en otras ocasiones que no perdona lo que considera falta de compromiso, tiene cuentas pendientes con Mbappé. Y este sábado, ante el Villarreal, puede ser el día en que el francés descubra que el silencio de las gradas puede ser tan ensordecedor como el de los pitos.
El problema es que el tiempo para las reflexiones se ha terminado. A partir de este sábado, el Real Madrid afronta un maratón de partidos que puede definir su temporada. Tras recibir al Villarreal, los de Mourinho visitarán al Roma en Champions League, recibirán al Sevilla y al RB Leipzig en el Bernabéu, y luego encadenarán una serie de desplazamientos que incluye el Clásico en casa del Barcelona, la visita al Racing de Santander, el viaje a Atenas para medir al AEK y la complicada salida a Mestalla para enfrentar al Valencia, que siempre compite aún y en tiempos de crisis. Es un calendario diseñado para probar la resistencia física y mental de cualquier plantilla, y el Madrid llega a él con la enfermería a rebosar y el ánimo de la afición en entredicho.
El año pasado, sin ir más lejos, el equipo afrontó una secuencia similar de partidos a domicilio y el resultado fue un desastre: solo dos victorias en seis salidas, y el liderato que tenían en LaLiga se esfumó hasta convertirse en una desventaja de un punto respecto al Barcelona. La historia, dicen, tiende a repetirse, y en el club nadie se atreve a descartar que este octubre y noviembre se conviertan en una pesadilla recurrente.
Mourinho tiene la misión de evitarlo, pero para eso necesita algo más que recuperaciones milagrosas y ruedas de prensa grandilocuentes. Necesita que su equipo juegue como un bloque, que Mbappé se comporte como un líder y no como una estrella, y que la defensa deje de ser un coladero. El Bernabéu, mientras tanto, espera. Añora a su equipo, sí, pero también teme lo que pueda encontrar cuando este regrese.
