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Verdades e hipocresías se escuchan en la ONU

Un recuento de algunos discursos que pronuncian jefes de Estado en el Segmento de Alto Nivel de la 78va. Asamblea General muestra un mundo dividido, lleno de problemas y necesitado de acciones más que de palabras

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Juventud Rebelde

NACIONES UNIDAS, septiembre 19.— Bajo el lema «Reconstruir la confianza y reactivar la solidaridad mundial»: acelerar las acciones dentro de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia la consecución de la paz, la prosperidad, el progreso y la sostenibilidad para todos, inició en su sede en Nueva York el debate de la 78va.  Asamblea General de la ONU, cuyo presidente es el diplomático de Trinidad y Tobago Dennis Francis.

Como es tradición, los cuatro primeros discursos fueron pronunciados por António Guterres, secretario general del organismo mundial; el propio Francis, titular de esta Asamblea; y los presidentes Luis Inácio Lula da Silva (Brasil) y Joseph Biden (Estados Unidos) como país anfitrión.

Luego vendría una lista de varias decenas de oradores, la que se hará interminable durante los seis días que dure el Segmento de Alto Nivel, en los cuales veremos imágenes disímiles de un mundo que vive una de las peores crisis de su historia.

Unas verídicas —terribles y también de esperanzas— y otras teñidas con los colores de la hipocresía como práctica política.

Guterres dijo que cuando los desafíos globales aumentan y parecemos incapaces de unirnos para responder, crecen las tensiones y presionan la paz
—indisolublemente ligada al desarrollo sostenible— y la seguridad mundial, mientras se acrecientan las divisiones geopolíticas y la desigualdad entre los Estados y dentro de los Estados definen este tiempo donde hay países que se ven obligados a elegir entre servir a sus pueblos o pagar sus deudas.

Urgió a una reforma global como alternativa a la fragmentación, una renovación de las instituciones multilaterales, reformar el Consejo de Seguridad, rediseñar la arquitectura financiera internacional para que sea red de seguridad global para los países en desarrollo.

Como retratos de la situación describió nuevas proliferaciones: armas nucleares, golpes de Estado en África, la violencia y las pandillas delincuenciales, los desastres naturales provocados por el cambio climático… También habló de la necesidad de ayuda humanitaria en países como Haití y Afganistán; del derramamiento de sangre en la Palestina ocupada que aleja la posibilidad de la existencia de los dos Estados, Israel y Palestina, entre otros de los múltiples problemas acuciantes.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, durante su intervención, dijo que su país se ha rencontrado con el multilateralismo y que ha vuelto el universalismo en su política exterior. Agregó que regresaba a esa tribuna con «inquebrantable confianza en la humanidad».

Refiriéndose a situaciones concretas que marcan al orbe, dijo: «La desigualdad debe inspirar indignación. Indignación con el hambre, la pobreza, la guerra, la falta de respeto al ser humano», e instó a la ONU a cumplir su papel  de constructora de un mundo más justo, solidario y fraterno, porque hay 735 millones de seres humanos que «dormirán esta noche sin saber si tendrán algo de comer mañana», y si no se actúa en los 17 Objetivos de Desarrollo, la Agenda 2030 puede convertirse en su mayor fracaso.

Denunció, además, el bloqueo económico y financiero impuesto a Cuba y el intento de clasificarla como Estado patrocinador del terrorismo.

Como era de suponer, el presidente de Estados Unidos, Joseph Biden, utilizó el foro mundial para presentarse como el hacedor de todos los bienes y buenas prácticas del planeta, el modelo a seguir. Pidió apoyo internacional para Ucrania a quien le han endosado un cheque en blanco para financiar el conflicto bélico, y llamó a que la ONU se enfrente a Rusia. Fijó también posición frente a China, a la que acusó de intimidar a su país.

Contundente fue Gustavo Petro, presidente de Colombia, tras el discurso del estadounidense, y aunque no mencionó el nombre oficial del anfitrión lo describió sin máscaras. Propuso a la ONU auspiciar dos conferencias para buscar una salida pacífica a las guerras de Ucrania y Rusia y de Israel y Palestina. «Se olvidaron que las mismas razones que se expresan para defender a Zelenski son las mismas razones con las que se debería defender Palestina. Ambas y solo ambas, acabarían la hipocresía como práctica política», expresó el dignatario colombiano.

«Nos hemos dedicado a la guerra. Nos han convocado a la
guerra. A Latinoamérica la han llamado para entregar máquinas de guerra, hombres para ir a los campos de combate. Se olvidaron de que a nuestros países los invadieron varias veces los mismos que hoy hablan de luchar contra invasiones», expresó Petro, quien afirmó que se olvidaron que, por petróleo, invadieron a Irak, a Libia y a Siria, cuando para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible había que cesar todas las guerras, «pero ayudaron a prender una porque al poder mundial le convenía en su “Juego de Tronos”, en los juegos del hambre», enfatizó.

Gustavo Petro consideró que Cuba es un país injustamente bloqueado, y aseguró que, además, un presidente de su país —al que no mencionó, pero se trata de Iván Duque— sugirió que incluyera a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo «solo porque había ayudado a hacer la paz en Colombia».

«Es una consecuencia criminal que no puede mantenerse porque su base no es más que la mentira». Advirtió que el Gobierno de los Estados Unidos debe comenzar a cerrar y
cicatrizar las heridas abiertas en la historia con América Latina.

Luis Arce Catacora, presidente de Bolivia, como otros de sus antecesores, rechazó la aplicación de medidas coercitivas unilaterales y puso como ejemplo el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.

Tal asedio ha significado restricciones a la adquisición de alimentos y medicinas y es contra el Derecho Internacional, apuntó. 

El Presidente de Bolivia también rechazó la inclusión de Cuba en la espuria lista estadounidense de países supuestamente promotores del terrorismo, y recordó que ello significa más medidas restrictivas contra el pueblo cubano.

Denunció que el sistema capitalista supone prácticas que hace tiempo debieron estar superadas, y apuntó que muchos de los pronunciamientos de la Asamblea General han sido desoídos.

Es preciso cambiar el sistema capitalista, que profundiza las formas de explotación de las mayorías, dijo más adelante.  Mientras, el sur global se levanta de forma pacífica y constructiva a través de iniciativas de cooperación.

Nos encontramos frente a la precarización de la economía por conflictos bélicos, diagnosticó también. La paz y la seguridad están en riesgo ante la falta de voluntad de la comunidad internacional para hallar soluciones que privilegian el diálogo.

Arce llamó a un nuevo orden en el que primen la solidaridad y la complementariedad por encima del egoísmo y la mezquindad, con la convicción de que el nuevo mundo mejor es posible y necesario.

Por su parte, Alberto Fernández, presidente de Argentina, mencionó el papel negativo de los hegemonismos en las relaciones internacionales y dijo que la única manera de buscar el desarrollo con justicia social es actuar solidariamente y cooperar en la búsqueda del bienestar colectivo. Denunció el peso de la deuda sobre los países en desarrollo y cuestionó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos acreedores. Cuando se ahorcan a los pueblos con mecanismos de endeudamiento es imposible impulsar el desarrollo con justicia social, aseguró.

También denunció el bloqueo a Cuba y su inclusión en la lista de países que promueven el terrorismo.

En tanto, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, abogó por estrechar los nexos con América Latina y transformarlos en una alianza.

Como muchos, Erdogan se pronunció por una profunda y verdadera reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que vaya más allá de las posibilidades que poseen sus cinco miembros permanentes, así como por reforzar la cooperación internacional.

También recordó que las guerras solo dejan perdedores, y los arreglos de paz, ganadores, en alusión a la búsqueda de salidas consensuadas a los conflictos bélicos.

Entre los oradores de la sesión vespertina, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, consideró que mientras nos enfrentamos a otros conflictos en varias partes del mundo, también en el continente africano debemos invertir en prevención y consolidación de la paz, por lo que apoyó el llamado del Secretario General de la ONU en la Nueva Agenda para la Paz.

Afirmó que se debía trabajar por la paz en el Medio Oriente y mientras los territorios palestinos estuvieran ocupados, sus derechos ignorados y su dignidad negada, esa paz sería elusiva.

Sudáfrica continuará llamando al cese del embargo económico contra Cuba, que causa daños enormes a la economía de ese país y a sus pueblos; y a levantar las sanciones contra Zimbabwe.

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