Los trabajadores argentinos están en pie de lucha contra las medidas neoliberalesde Milei. Autor: AP Publicado: 28/02/2026 | 12:06 pm
El rechazo a reformas laborales que coincidentemente empiezan a aplicarse casi al unísono en tres naciones de América Latina, recuerda los tiempos duros en que estuvo en boga el modelo neoliberal, e invitan a preguntarse si también en el plano económico la región retorna a aquellos momentos de las décadas de 1980 y 1990.
La ninguna eficacia del modelo para resolver los problemas de la gente y, en algunos casos, ni siquiera para conseguir los números macroeconómicos perseguidos a cualquier precio, fueron los detonantes de los cambios contra los cuales asomó después lo que algunos identificaron como restauración conservadora: un viraje paulatino que ahora se profundiza con cariz francamente neoliberal, luego de elecciones presidenciales que han devuelto a la ultraderecha al poder.
Transformaciones peleadas y conseguidas por los movimientos populares y gremiales van en reversa, luego de dar paso a ejecutivos que restauraron el tejido social, devolvieron las capacidades robadas al Estado por los modos neoliberales y restablecieron derechos como los de los trabajadores, esos que ahora vuelven a estar en riesgo.
Precisamente, las reformas laborales que llevan paso adelantado en Argentina y pretenden imponerse también en Ecuador y Honduras remarcan, ahora de modo más generalizado, tiempos que creíamos pasados.
Aunque, según estudiosos, los programas neoliberales se aplican hoy con matices —se ha hablado de «nuevo neoliberalismo»—, lo cierto es que lo visto apunta a la misma depauperación social que esas medidas provocaron hace tres o cuatro décadas.
Algunos describen la restauración, más que como una continuidad del modelo, como una contraofensiva para revertir las conquistas sociales y laborales logradas en las décadas anteriores y completar las reformas de mercado.
Y los que serán —o ya son— afectados, empiezan a expresar rechazo a las medidas que se les van encima, pese a que la memoria de aquellos tiempos oscuros no alcanzara —o la vivencia resultara presa de la propaganda, según el caso— para evitar el retorno de los grupos tradicionales de poder, artífices de recetas supuestamente superadas en el tiempo.
El impacto de las redes sociales usadas para la manipulación y el proselitismo político y, más recientemente, de la Inteligencia Artificial, ha tenido mucho que ver con cambios de paradigma que han promovido la satanización del progresismo y aupado los programas de derecha.
Estudiosos consideran ambas herramientas del desarrollo tecnológico y comunicacional como el sistema nervioso central de la restauración neoliberal en América Latina, luego de facilitar la imposición —o la reimposición— de una racionalidad de mercado. Es que no se trata solo de economía, también va implícita una transformación cultural y comunicacional.
«El neoliberalismo introducido en la región en las décadas finales del siglo XX liquidó todo proyecto de economía social», valoraba antes de las elecciones de agosto pasado en su país, quizá como alerta, el historiador ecuatoriano Juan J. Paz y Miño Cepeda.
«Fue un retorno al capitalismo de “libre competencia”, con las consignas de reducir capacidades estatales, privatizar bienes y servicios públicos, suprimir impuestos, pero, sobre todo, flexibilizar las relaciones laborales, arrasando los derechos de los trabajadores», añadía, citando algo muy similar a lo que sobreviene hoy.
Precisamente, las llamadas reformas laborales constituyen parte consustancial de los «nuevos» programas neoliberales y va avanzando en Argentina.
Blandiendo la bandera del déficit cero, el ejecutivo de La Libertad Avanza que encabeza Javier Milei decretó un drástico ajuste fiscal que prosiguió con la reducción del Estado, mediante la eliminación de ministerios y de miles de puestos de trabajo, profundos recortes del gasto social y el retorno a las privatizaciones.
Esa política consiguió reducir los índices de inflación, pero ha provocado un deterioro en las condiciones de vida expresado en un nivel de pobreza que alcanzó el 55,5 por ciento a mediados del año pasado, el nivel más alto desde 2001, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.
Ello explica la creciente movilización social contra los ajustes que vuelve a verse en esa nación. Las más recientes, precisamente, contra la reforma laboral, aprobada finalmente en el Senado el viernes, y considerada por organizaciones sociales y sindicales como un «retroceso de cien años» pese a que se le llame Ley de modernización laboral.
La eliminación de protecciones contra los despidos sin causa, de las indemnizaciones y las limitaciones que se imponen al derecho a huelga son algunos de los señalamientos contra la norma.
Algo parecido ocurre en Ecuador, donde el gobierno de Daniel Noboa propone una ley que podría incrementar la jornada laboral hasta las 12 horas, y se advierte que provocará pérdida de plazas laborales y afectará el financiamiento del seguro social entre otros perjuicios, pese a que las autoridades anuncian lo contrario.
Líderes sindicales han anunciado una movilización nacional el próximo 13 de marzo contra esa y otras medidas del ejecutivo.
En igual sentido, salvando las especificidades nacionales, se observa el futuro inmediato en Honduras. El recién estrenado gobierno de Nasry Asfura ya inició el enflaquecimiento del Estado mediante la eliminación o la fusión de ministerios y programas de gobierno, tras lo cual observadores anuncian el despido masivo de empleados públicos.
Allí la legislación que afectará a la masa trabajadora no es exactamente una reforma laboral, pero igual irá sobre ella.
La Ley de reactivación económica y desarrollo humano establece que los órganos de la administración pública deberán tomar acciones contundentes en ingresos fiscales, gasto público, ordenamiento financiero y gestión administrativa, explicó la prensa local.
Las autoridades afirman que son medidas de excepción para sanear las finanzas públicas, y que habilitan al ejecutivo para lo que ya se está viendo: la reducción o fusión de entidades estatales, lo que lógicamente provocará pérdida de puestos laborales.
La ebullición contra esas y otras medidas ya es ostensible en Argentina y comienza a verse en Ecuador, con lo que se anuncia la posibilidad de otra etapa de reclamos y lucha social como la que hace pocas décadas desembocó en los cambios progresistas. Veremos si América Latina está protagonizando otra vuelta a la noria.
